No juegues conmigo

Me encuentro en la casa donde me alojaré desde hoy. Y por lo visto, son unas excelentes

vacaciones las que me esperan.

Adoro la propiedad al verla. Ubicada en una zona montañosa con abundante vegetación y

llena de flores hermosas hacen que resulte exclusivo. El lugar ideal para hospedarse.

La casa es enorme, de concepto abierto. Y, sin embargo, extraño mi pequeño hogar. De

donde vengo no tenemos baños tan grandes y lujosos. Ahora, a punto de meterme al

jacuzzi, nunca he estado en uno. Comodidades de la vida de ciudad.

Tomo asiento y me uno a la rueda, fumamos hasta quedar chinos. Mientras Yuraima coloca

un cenicero limpio. Los tres conversamos como buenos amigos.

Mi visita tiene un fin en particular, enseñarle español nativo al hijo de ella. A pesar de

nuestra pobreza, en casa me enviaron a la escuela y siempre destaqué entre las mejores

alumnas. Tengo experiencia dando clases a los niños del pueblo. Solo que es la primera vez

fuera y todo se me hace nuevo, para mí también es un aprendizaje.

Mateo no demora en pasar la novedad a Hernán, el amigo de mi padre. Informando que

hemos llegado bien. Y se aparta para conversar sin ser escuchado. Al parecer es un

empleado fiel, a no ser que se trate de faldas. Dudo que lo que pasó entre nosotros se atreva

a contarlo. Y, por cierto, qué rico fue. Me estrené muy bien.

No son muchos los que viven en la casa, aunque parece un pequeño hotel. Solo Yuraima, su

esposo y uno de los hijos. El mayor estudia en Australia. Y a todos les entusiasma la

noticia.

Pasaron dos días desde mi llegada y me preparo para las clases. Peino mi largo cabello, ya

estoy vestida con el uniforme de trabajo. La falda de tela cruda, fresca y la camisa manga

corta a juego. Me parece un poco transparente, pero me sienta realmente bien. Me hace

lucir sumamente atractiva y eso me gusta.

Ya todo está listo. La mesa, flores y el refrigerio. Michael se acerca, colocando su bolso del

hombre araña en una de las sillas. Con mucho cuidado saca el cuaderno y la cartuchera para

dejarlo sobre la mesa. De manera ceremonial, extrae el sacapuntas y el lápiz del

compartimiento con cierre. Así como su libro de texto y me mira muy serio.

—¡Comienza la clase! —dije sonriente. Y el niño me muestra su sonrisa y sus bellos ojos

brillantes.

—Mi nombre es Mila, ¿tú?, ¿cómo te llamas?, si se puede saber.

Tomo el puesto en la cabecera de la mesa y él está a mi lado derecho.

—Ese es el lugar de mi papá —me dice.

—¿Crees que se enoje conmigo? Nadie me lo dijo, me levanto para moverme a otro sitio.

Una voz masculina interrumpe la conversación.

—No me molesta Mila, soy Hans. El padre de Michael no te levantes, no es necesario.

Me sonrojo al verle. Es un hombre muy guapo y joven, mucho más interesante que Mateo y

menor que ella. Lo miro de arriba abajo y sonrío, sin dejar de ocultar que me agrada.

Seguro que este lindo señor es el punto débil de ella.

—Encantada de conocerle, gracias por recibirme en su casa.

—¿Cómo te la llevas con Mila?, hijo. Es muy fea, ¿no ves? —dice, picando el ojo.

—Bien, papá. Es muy bonita, más que la otra. No es fea, para nada.

Reímos con las ocurrencias del niño. Me parecen encantadores.

—En un rato haremos una videollamada. Cuando termines con la clase, te cambias y te

pones muy bonita. Te estoy haciendo el contacto con una gente importante en España que

te van a ayudar. Ya Hernán me contó tus planes a futuro.

En este momento llega la esposa y me quedo callada, soy muy prudente en esos casos. Las

mujeres somos celosas. En especial, las mayores. No quiero ser motivo de disgusto entre

ellos. Necesito que comience a confiar en mí desde este momento.

Con humildad, Michael toma cada consejo y se comporta muy bien durante nuestra primera

clase. En silencio, me retiro a mi habitación a ponerme linda. Sin sospechar de qué se trata.

La reunión programada se pospuso por una hora. Pasado este lapso de tiempo, Hans entra a

buscarme y lo sigo a su oficina. Estoy nerviosa, siempre me pasa cuando tengo que hacer

algo nuevo. Una entrevista nunca hice. Lo que más me pone insegura es su cambio de

actitud y la mirada de desprecio cuando entré. Lo primero que me dijo fue que me traerá

ropa nueva y que bote todo lo que tengo. Me hizo sentir humillada, otra estuviera feliz. Yo

no soy poca cosa, no me gusta que me hablen así.

Comienza la reunión, en cámara pude ver a un señor mayor, gordo y de mirada penetrante,

de nombre Roberto. Cada uno habla, mientras yo estoy en silencio. No me mencionan en lo

absoluto. Otra vez, me siento como una desgraciada.

Hasta ahora, lo único bueno que me ha pasado es Mateo.

De pronto, veo que se despiden y cortan la comunicación. Yo vengo de un pueblo y no

entiendo mucho ¿Será eso? Me quedé extrañada.

—¿Qué ha pasado? —le pregunto a Hans.

—Nada, Mila.

Durante la tarde, todo es alegría y felicidad. Nos bañamos en la piscina y tomamos algo de

sol jugando con la pelota inflable. Mateo comparte, muy serio, como si no pasa nada y me

gusta que sea así. Muero de vergüenza si alguien se entera.

Mi cabeza, no para de pensar, y me viene un pensamiento ¿Le habrá gustado? Soy

inexperta por miedo, no por falta de ganas ¿Se lo hará a todas las que trae? Quisiera saber

qué pasa por su cabeza, sin parecer cursi ni nada.

Ya sé que fue algo imprevisto, un hola y chao. Lo que sucede es que me ha quedado una

espinita pues, como ganas de repetir. Claro, sin enganche.

Nos cruzamos miradas, sonrisas y buenas vibraciones. En realidad, es perfecto. Lo

aprovecho mucho.

Una de las mujeres me molesta con su mala cara. Sin motivo alguno. Algo se mueve dentro

de mí y no es nada bueno, ¿qué será?

Oculto lo que siento, en ese momento donde todo es perfección. No quiero verme como una

verdadera bruja.

No le doy la oportunidad de arruinar esta noche maravillosa.

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