Isabela miró el papel en el suelo. Su rostro pasó del enojo a la sorpresa, y luego al pánico. Adrián, a su lado, dejó de jadear y me miró con puro odio.
"Mateo, yo... puedo explicarlo", balbuceó Isabela, recogiendo el documento.
"No quiero explicaciones", dije, volviendo a mi maleta. "Ya entendí todo."
"¡No, no entiendes nada!", su voz se quebró, pero no era por tristeza, era por desesperación. "No es lo que parece."
Se acercó, intentando tomar mi brazo. Me aparté como si su contacto quemara.
"Adrián... a Adrián le diagnosticaron una enfermedad terminal", dijo, con la voz cargada de un falso dramatismo. "Es un cáncer de páncreas, muy raro. Los médicos le dieron solo unos meses de vida."
La miré, incrédulo.
"Su último deseo... su único deseo era casarse conmigo. Solo lo hice por compasión, Mateo. Para darle un poco de paz en sus últimos días. ¿Cómo podría negarme?"
Adrián, el "moribundo", agachó la cabeza, sollozando suavemente. Era una actuación patética.
"Te lo ruego, Mateo, ten empatía", continuó Isabela, sus ojos suplicantes. "En cuanto él... en cuanto todo termine, nos casaremos. Te lo juro. Solo es cuestión de tiempo."
Una risa amarga escapó de mis labios. No podía creer el nivel de su descaro.
"¿Empatía?", repetí, sintiendo el asco subir por mi garganta. "Ustedes dos me dan asco."
Cerré la maleta con un golpe seco.
La cara de Isabela se transformó. La máscara de compasión se cayó, revelando una furia fría y controladora.
"No te atrevas a irte", siseó. "Pídele una disculpa a Adrián. Está muriendo, por el amor de Dios."
"Que se vaya al infierno", respondí, tomando mi maleta y caminando hacia la puerta.
"¡Mateo!", gritó, su voz llena de veneno. "¡No te atrevas a darme la espalda! ¿A dónde crees que vas a ir?"
Me detuve en el umbral, sin mirarla.
"¡Sin mí, no eres nadie! ¡Solo un campesino con suerte que saqué de la nada! ¡Nunca triunfarás solo! ¡Te arrepentirás de esto!"
No respondí. Salí de la lujosa hacienda y empecé a caminar por el largo camino de tierra, dejando atrás los gritos y las mentiras. Regresaba a casa, a mi verdadero hogar en un pequeño pueblo de Oaxaca.





