El viaje de vuelta a casa en el Mercedes de Mateo fue un tormento silencioso.
El cuero olía a un perfume que no era el mío.
Me senté en el asiento del copiloto. Estaba movido. Reclinado de una forma que yo nunca usaba.
Del espejo retrovisor colgaba un ambientador barato con olor a pino.
Una marca territorial. Vulgar. Evidente.
Era la firma de Isabela.
Apreté los puños, mis uñas se clavaron en las palmas de mis manos.
La rabia era un veneno frío que me recorría las venas.
Estaba a punto de hablar, de desatar el infierno que llevaba dentro.
Justo en ese momento, el teléfono de Mateo sonó.
La pantalla se iluminó con el nombre "Isabela" .
Él contestó al instante.
"¿Qué pasó? Tranquila, respira" .
Su voz, que para mí era un arma, para ella era un bálsamo.
Del otro lado, solo se oían sollozos.
Mateo me miró, su rostro era una máscara de preocupación fingida y reproche real.
"Tengo que ir. Está muy mal" .
"¿Ir a dónde, Mateo? Son las dos de la mañana" .
"A su departamento. Está sola, asustada. Lo de esta noche la destrozó" .
Me reí. Una risa seca, sin alegría.
"¿Lo que la destrozó fue mi generosidad o que la expusiera como tu amante?" .
Mateo frunció el ceño.
"Sos demasiado dura, Sofía. Siempre lo fuiste. No entendés la fragilidad de una chica de pueblo. Vos tenés todo, ella no tiene a nadie" .
Esa fue la frase.
La que rompió el último hilo que nos unía.
Él no me veía a mí. Veía a la heredera Valmonte, a la mujer de hierro que no necesitaba nada.
Y en ella veía a la damisela en apuros que le permitía ser su salvador.
"Bajate del auto, Mateo" .
"¿Qué?" .
"Que te bajes. Andá a consolar a tu empleada frágil. Yo me voy a casa" .
Él dudó un segundo, luego su rostro se endureció.
"Bien. Como quieras" .
Abrió la puerta y se bajó sin mirar atrás.
Lo vi alejarse por la calle solitaria, su silueta desapareciendo en la noche para correr hacia otra mujer.
Me dejó sola, en medio de la nada, con un ambientador de pino apestando el auto.
No lloré.
Saqué mi teléfono y marqué un número.
Valentina, mi mejor amiga y la abogada más temida de Buenos Aires, contestó al primer tono.
"Valen" .
Mi voz sonó extrañamente calmada.
"Prepara los papeles del divorcio. Se acabó" .





