Momento Indicado

Después de un largo y exhausto día de trabajo estoy agotada solo quiero descansar, no oír nada de problemas, excusas, criticas ni muchos menos de las travesuras de Marcelo.

Se ha vuelto popular entre madres, enfermeras y doctoras no es que antes no lo fuera, pero ahora se ha vuelto más llamativo por decirlo así y no estoy de humor.

Estoy deseando llegar a casa, un buen baño, comida y dormir.

-¡Aush! - grito cuando siento un golpe por la espalda y veo uno de los enfermeros correr ni se detiene a pedir disculpa, le gritaría, pero si corre es porque debe haber una emergencia, no es la primera vez que uno se tropieza. Para colmo mis cosas caen al piso.

- Diría que te pasa por torpe, perosé que no lo eres.- escucho que me dice justamente la persona que menos quiero ver.

- No fastidie Marcelo, estoy cansada para aguantar tus estupideces ahora.

- Que mal genio, solo te ayudaba a recoger tu desastre en pleno pasillo de la emergencia.

- Pues parado ahí solamente hablando no creo que ayudes mucho - le digo - ¿quieres ayudar?, recoge las cosas y me las das. - noto un silencio de varios segundo que no es típico de él así que levantó la mirada y lo veo recogiendo mis cosas, cuando quiere puede ser un caballero.

-Aquí tienes, tu maquillaje como siempre no puede faltar y tú...- veo que muestra mis tampones, se los quito con rapidez y la vergüenza antes de que diga algo estúpido.- ¿esa marca no te da alergia?. Si mal no recuerdo la usaste una vez y tuviste hasta que ir al médico por la dermatitis que te causo.

Lo miró asombrada no creí que se acordara de eso y de nada en realidad.

- ¿Por qué me miras así?. ¿Te sorprende que lo recuerde?. - me pregunta.

- La verdad si, no pensé que alguien como tú se fijara en esos detalles. Gracias por recogerlos.

- Para que veas aún te puedo sorprender además como lo olvidaría si estuvimos en abstinencia como un mes hasta que te recuperarás. - ahí está el mismo de siempre solo pensando en sexo.

- Querrás decir que yo estaba en abstinencia porque tú muy bien te satisfacía.

- No vamos a discutir eso en pleno pasillo, paso hace mucho deberías olvidarlo. - como si fuera fácil olvidar que el hombre que amas te fue infiel.

- Hay cosas que uno debe tener presente para no volver a cometer los mismos errores, tú me enseñaste mucho de eso. - le digo mientras termino de guardar mis cosas.

- No quiero pelear Daina cada vez que estamos cerca terminamos en discusiones sin sentido. - escucho decirle mientas salgo del hospital.

- ¿Quién empieza con su estupidez para terminar discutiendo?.

-¡Buenas noches, doctor!- escucho decir a una de las enfermeras que iba entrando al hospital muy linda ella para que negarlo y el muy descarado como siempre no pierde oportunidad.

- Buenas noches, belleza, feliz guardia - le guiñé un ojo y esta sonríe con descaro y yo hirviendo de rabia.

- Sería mejor si se quedara.-le responde la muy zorra.

-Lo haría muy tentadora la oferta, pero debo descansar.- le dice el sínico, me molesta darme cuenta de que su actitud me enfurece. Se voltea y me mira, vaya ya noto que estoy aquí y se despide de su zorra.

-¿Vez a lo que me refiero?. Errores que uno aprende, antes lo hubiera visto normal ahora sé que te acostaste con ella; enseñanzas. - le doy la espalda y sigo caminando.

- ¿A esa conclusión llegaste solo por ese intercambio educado de palabras?. ¿No estás paranoica?.

- ¿Me equivocó?.- me volteó y lo miró a ver si me lo niega y juro que quiero escuchar un sí de su boca, quiero saber que me equivoco, pero esquiva la mirada y ya sé su respuesta, siento como algo en mí duele y no sé el porqué.

-Vez que no me equivoco, te conozco no pierdes oportunidad. - sigo caminando.

- ¡Daina! - me grita.

- ¿Qué quieres Marcelo?, quiero irme a casa.

- Yo te llevo.- lo miró con ironía - vamos, tu misma has dicho estás cansada, post guardia, con ese montón de bolsos y cosas para tomar tren o autobús, no me cuesta nada acercarte a casa.

- ¿En qué mundo te hizo pensar que aceptaría ir contigo algún lado?, tu mismo lo dices discutimos solo 5 minutos cerca; nos mataremos de aquí a mi casa.

- Podemos hacer una excepción, trabajamos juntos, compartimos las mismas amistades y no está bien discutir a cada momento, el pasado es pasado no es lo que hemos dicho.

- ¿Crees que discuto por lo que paso en el pasado?. -afirma- Marcelo, eso quedo olvidado hace mucho, ya no me afecta, dejo de importarme hace mucho, tú puedes hacer con tu vida lo que quieras.

Lo que discuto es tu manera de ver las cosas tan relajadas y sencillas y no tener límites para hacer tus cosas.

- Y tu vez las cosas siempre tan complicadas y rectas, siempre fue así. ¿Por qué no solamente te relajas en ciertas ocasiones?, verás como no te estresas; necesitas es un buen...

Se queda callado, pero sé lo que piensa, su mente solo va hacia un lugar - Para todo hay momentos Marcelo, el trabajo es responsabilidad, concentración y estrés aunque no nos guste y para desestresarme no necesito hacerlo en el trabajo; como dije hay momentos y uno debe saber donde y con quien.

- ¿Y es que tienes con quien?.- pregunta y no de una manera muy agradable o tal vez son ideas mías.

-Eso no te lo voy a responder porque no es asunto tuyo, es más ni sé porque estamos hablando de esto.

-Porque tú te fuiste por ese tema. Mira, es tarde y las calles están oscuras para irte por ahí sola, no es un sitio muy seguro aunque la mayoría de la comunidad nos conozca así que dejemos las diferencia y déjame llevarte a casa.

Es cierto, es muy tarde, estoy cansada y nada más quiero llegar a casa, pero estar al lado de Marcelo mi mente solo colapsa.

- Está bien, pero con una condición, no hablemos es más no hagas ningún sonido haremos de cuenta que vamos solos así nos aseguramos de llegar vivos a mi edificio.

- Me parece, boca callada...- sonríe como si hubiera ganado un trofeo, no lo soporto con esa prepotencia y soberbia de siempre conseguir lo que quiere.

- Ya vamos y quita esa sonrisa de tonto si no quieres que te la quiete.

-Eso depende de como me la quites porque si es con un beso...- lo miró con ganas de matarlo y él lo sabe así que se calla, alzas sus manos en derrota y luego hace como si cerrara sus labios.

- Callado no digo nada.

Caminamos hasta su camioneta, toda lujosa, brillante cuando me habré la puerta huele a hombre, rico, como él y ya mi cuerpo responde a los recuerdos y a su hombría. Que estrés, no debí aceptar tenerlo tan cerca.

Se sube y nos ponemos en movimiento creo que es lo más cerca que hemos estado desde que bailamos en la boda de Lucia y porque ella nos obligó literalmente.

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