En el bar, las luces de la discoteca parpadeaban al ritmo de la música, iluminando a todos los hombres y mujeres que estaban allí. La música sonaba a todo volumen.
Sobre la mesa había más de veinte botellas de vino, al lado de varias que ya estaban vacías.
Y en el sofá estaban dos mujeres jóvenes hablando, un poco coloradas, cada una con una botella de vino en la mano.
"¡Deberías dejar a Adrien! ¡Divórciate de él! ¿O acaso no puedes vivir sin él?". La mujer que estaba hablando tenía un hermoso cabello corto, que bajo la luz destellaba tonos rojizos. Y mientras con una mano sostenía a Loretta, con la otra agitaba la botella de vino.
Loretta miró a su amiga y le dijo: "¿Barbara, acaso soy insignificante?".
Entonces, Barbara dejó la botella a un lado y agarró el rostro de Loretta entre sus manos. La miró fijamente, a pesar de que estaba un poco borracha. Y, después de un parpadeo, le dijo muy seriamente: "No es tu culpa. Es culpa de Adrien. Tiene mal gusto. Y si no me crees, ve tú misma a la pista de baile en este preciso momento. ¡Estoy segura de que todos los hombres se van a derretir por ti!".
Para demostrar que estaba en lo cierto, Barbara tomó a Loretta y la llevó a la pista de baile.
Apenas aparecieron en la pista, se convirtieron en el centro de atención de todo el lugar. Los hombres no podían dejar de mirarlas, tanto así que empezaron a chiflar.
"¿Qué opinas? ¿Me crees ahora? Loretta, por favor, mira tu rostro y tu figura. Sin duda eres una belleza, hasta las mujeres te tienen envidia. Y, además, estoy segura de que Adrien está loco", dijo Barbara, mientras arqueaba las cejas y miraba a todos los hombres que las rodeaban.
En el segundo piso, los ojos fríos y penetrantes de un hombre por un momento reconocieron a una figura familiar en la pista de baile.
Fue tanta la atención de su mirada, que Esteban Jiang, el asistente de Adrien, no pudo evitar soltar un pequeño grito cuando vio a quien estaba observando.
"Señor, ¿quiere que la invitemos aquí?".
Mientras, el hombre jugaba con la copa de vino que tenía en la mano, sus ojos oscuros seguían mirando fríamente a Loretta y sus delgados labios apenas se movieron cuando dijo, "No".
Esteban, pálido ante la mirada de enojo en el rostro de Adrien, se tragó lo que iba a decir. Y se limitó a mirar preocupado hacia la pista de baile.
'¡Oh Dios mío! ¡Estoy seguro de que esta vez algo malo va a pasar!', pensó él.
Y, aunque a Loretta le daba vueltas un poco la cabeza por la borrachera, también estaba emocionada.
Tal vez había estado deprimida durante demasiado tiempo.
Todo el esfuerzo que había hecho durante los últimos dos años había sido en vano, no había podido ser una buena esposa para Adrien.
Loretta, al caer en cuenta de lo que pasaba por su mente, sacudió un poco su cabeza para disipar sus pensamientos. Después, comenzó a bailar con Barbara.
Tal vez, solo por esa noche, no debería pensar demasiado. Y definitivamente debería dejar de pensar en Adrien.
Con el baile, su mundo se transformaba, no había familia Li, ni matrimonio, ni Adrien, ni Loretta, ni Penny.
Y la gente se acercaba sobre su cuerpo, cada vez un poco más.
Pero cuando Loretta notó a los hombres que se acercaban, los miró furiosa ante las miradas pervertidas en sus rostros.
De repente, alguien la agarró por la muñeca, y ella, al encontrarse de frente con unos ojos tan oscuros y profundos como el océano, no pudo sino lanzar un pequeño grito de sorpresa. Y mientras su corazón temblaba, murmuró, "Adrien".
El hombre, con la misma mirada fría, la sacó de la multitud y de la pista de baile.





