¡¿Mi sumisa exesposa es una jefa secreta?!

Emily hizo una pausa para recuperarse y encendió la computadora. Con rápidas pulsaciones, navegó a través del sistema de vigilancia y borró meticulosamente cada rastro de su presencia.

Había venido con un pasado misterioso, así que desaparecería de la misma forma.

"¡Señor, la señorita Green se fue!".

A la mañana siguiente, Braiden recibió la noticia y regresó a la mansión desde el hospital.

Al entrar a la habitación, sintió el familiar y refrescante aroma de rosas, una fragancia propia de Emily.

Rara vez había entrado al dormitorio principal, un espacio que ella se había esforzado en personalizar. A diferencia del resto de la casa, esa habitación irradiaba calidez y comodidad. Tenía unas sábanas de color amarillo brillante y una apariencia ordenada que era esencialmente suya.

En lugar de sumergirse en el ambiente, el hombre se dirigió hacia el velador.

Ahí encontró los papeles del divorcio, ya firmados por Emily, así como el cheque intacto por diez millones de dólares que había preparado para ella.

De repente, un delicado sello en forma de rosa llamó su atención. Tenía su nombre elegantemente escrito en su base. Los pétalos de una rosa blanca habían sido tallados con tanta precisión que parecían cobrar vida, una prueba de la habilidad del artesano. No pudo evitar tocarlo y maravillarse ante la sensación del jade de alta calidad. Su superficie se sentía fresca, clara y relajante contra su piel. El jade tenía excepcionales vetas rojas que se acumulaban en su base, imitando la floración de una rosa roja iluminada por el sol. Era tan encantador como hermoso.

Braiden conocía la afición de su exesposa por las rosas. Tenía un jardín entero de ellas en el patio, pero nunca se le había ocurrido regalarle una sola.

Debajo del sello, había una carta. Él la agarró y la desdobló para revelar un mensaje escrito con elegante letra. "Feliz tercer aniversario, Braiden. Adiós".

Las palabras lo impactaron, sobre todo cuando vio el calendario al lado de la cama. De hecho, ese día era su aniversario de matrimonio. Habían pasado tres años demasiado rápido.

Agarrando la exquisita pieza de jade, se perdió en sus pensamientos, preguntándose cómo Emily había conseguido un regalo tan costoso.

A pesar de que le daba una generosa suma mensual, ella rara vez utilizaba ese dinero. Sus necesidades básicas de alimentación y vestimenta estaban bien cubiertas, por lo que no tenía muchos gastos.

Mientras escuchaba el informe de su asistente, una mirada contemplativa atravesó su rostro. "Averigua adónde fue", ordenó en voz baja. "Quiero que estés atento a sus actividades. Si todo esto es el plan de un rival, tráela de vuelta".

¿De verdad Emily era una huérfana del campo?

***

Tres días después, en el Edificio Crest de la ciudad de Merden, la sede del Grupo Morris estaba llena de actividad.

Los empleados corrían mientras los superiores se reunían en vestíbulo, esperando ansiosamente la llegada de su nuevo director ejecutivo.

Apenas dos días atrás, el Grupo Morris había estado al borde de la bancarrota tras una dramática caída del mercado de valores, pero se vio inesperadamente rescatado. Una persona misteriosa intervino para comprar la empresa a un precio muy alto, asegurando que los empleados conservaran sus puestos de trabajo. Pero ahora estos se sentían inquietos.

"¿Quién puede ser nuestro nuevo director ejecutivo? ¿Es hombre o mujer? ¿Saben cuáles son sus antecedentes?", preguntó uno.

"Ni siquiera los altos mandos saben algo del nuevo director ejecutivo. Todo es muy misterioso. Espero que un apuesto director ejecutivo venga a rescatarnos".

"Imagínate si termináramos con una jefa", comentó otro.

"Seamos realistas, ¿cuáles son las probabilidades? En ese caso, pueden desear que la hija muerta de la familia Morris regrese".

De repente, alguien exclamó: "¡Ha llegado el nuevo director ejecutivo! ¡Cállense!".

El vestíbulo se llenó de anticipación mientras todos observaban la entrada. Un elegante Rolls-Royce negro se detuvo y el vicepresidente avanzó para abrir la puerta.

Fue entonces cuando salió una mujer.

Sus tacones negros tocaron primero el suelo, para después revelar un cabello corto cuidadosamente peinado y un impecable traje blanco. Tenía un buen porte y su refinado maquillaje acentuaba sus llamativos rasgos.

Los altos ejecutivos, que habían dedicado casi una década al Grupo Morris, pudieron reconocer su rostro a la perfección. Todos jadearon con incredulidad. "S-señorita Morris...".

En la entrada, Emily los saludó con una sonrisa y sus labios rojos se abrieron para responder: "Hola, hace mucho que no los veo".

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