Mi Secreto, Tu Desprecio, Nuestro Fin

Sus palabras me golpearon como una bofetada. El grupo de amigos de Sofía y Ricardo se giró para mirarme, sus rostros llenos de una curiosidad burlona. Era como si un animal de zoológico se hubiera escapado de su jaula.

"¿Este es tu maridito, Sofi?", preguntó la misma amiga chillona, mirándome de arriba abajo con desprecio. "Vaya, se ve... normalito".

"Déjalo, Cynthia", intervino Ricardo, acercándose a nosotros. Puso una mano protectora en el hombro de Sofía, un gesto que me hizo apretar los puños hasta que los nudillos se me pusieron blancos.

Me miró con una sonrisa condescendiente.

"Armando, ¿verdad? Un placer. Soy Ricardo Guzmán. Creo que no nos han presentado formalmente, aunque he oído mucho de ti". Su tono insinuaba que todo lo que había oído era malo. "No sabía que lugares como este estuvieran en tu... presupuesto".

"No estoy aquí por placer", respondí, mi voz sonaba más áspera de lo que pretendía. Mi mirada estaba fija en Sofía. Quería una explicación. Necesitaba una.

Ella desvió la vista, incapaz de sostenerme la mirada.

"Ricardo, por favor...", susurró ella.

"Tranquila, mi amor", dijo él, ignorándola. "Solo estoy conociendo al hombre de la casa. Dime, Armando, ¿a qué te dedicas exactamente? Sofía dice que eres 'coder'. ¿Eso es como arreglar computadoras o algo así?".

La risa del grupo fue como sal en la herida.

Mi mente era un caos. La llamada de Montemayor... su oferta de "compañía especial"... ¿Podría ser? ¿Podría ser que Sofía, mi esposa, fuera la "compañía" que Montemayor había arreglado, sin saber que era para su propio marido? ¿Había venido aquí a venderse, a humillarse por un trato, por dinero? La idea era tan monstruosa, tan dolorosa, que me robó el aliento.

Miré a Sofía, buscando una negación en sus ojos, una señal de que todo era un terrible malentendido. Pero solo encontré una mezcla de pánico y culpa.

Ya no podía más. El dolor era demasiado grande. La humillación, insoportable.

"Se acabó, Sofía", dije, con una voz que no reconocí como la mía. Sonaba muerta, vacía. "Mañana a primera hora, mi abogado te contactará. Quiero el divorcio".

Di media vuelta para irme. No podía pasar un segundo más en ese lugar. Cada respiro era veneno.

"¡Espera!".

Sofía me agarró del brazo, su agarre sorprendentemente fuerte. Sus ojos, ahora sí, estaban llenos de lágrimas.

"No te puedes ir así. ¿Qué es todo esto? ¿Por qué me seguiste? ¡No tienes derecho a espiarme!".

Su acusación me dejó atónito. ¿Ella me acusaba a mí?

"¿Espiarte?", repliqué, riendo sin humor. "Por favor, Sofía. No te creas tan importante. Tengo asuntos mucho más serios que seguirte por clubes nocturnos".

"¿Ah, sí? ¿Qué asuntos? ¿Qué asunto tan importante podría tener un simple programador en el club más exclusivo de la ciudad?", se burló Ricardo, interponiéndose entre nosotros.

"Tengo una reunión", dije entre dientes, tratando de controlar la rabia que amenazaba con desbordarse. "Con el señor Montemayor".

El nombre flotó en el aire por un segundo, y luego, estallaron en carcajadas. Una risa cruel, unánime, que resonó en todo el reservado.

"¿Montemayor?", repitió Ricardo, secándose una lágrima falsa. "¡Ay, por Dios! ¿Tú? ¿Reunirte con el gran Montemayor? Amigo, ni en tus sueños más locos. El señor Montemayor no se reúne con... gente como tú".

Miré a Sofía. Su rostro era un poema de decepción. La última chispa de esperanza que tenía se extinguió. Ella también creía que yo era un mentiroso. Un pobre diablo que inventaba historias para justificar su presencia en un lugar al que no pertenecía.

"Armando...", susurró, y su voz se quebró. "No hagas esto. No mientas así. Solo... vete a casa, por favor".

Seguir leyendo
Lee la novela completa en Moboreader
UDesbloquear todos los capítulos
Abrir el sitio web oficial
Capítulos
Personalizar

También te puede gustar

Logo
Tu guía para los mejores dramas cortos en línea. Avances de episodios gratuitos, información completa del elenco y enlaces a plataformas oficiales, todo en un solo lugar.
©2026 PinesDramas. Todos los derechos reservados.