Me llamo Guadalupe Reyes, pero todos en esta casa me dicen Lupe.
Esta noche, los señores Mendoza, mis padres adoptivos, organizaron una fiesta enorme en su casa de Las Lomas.
La señora Mendoza dice que es para celebrar un nuevo contrato de su empresa, pero yo sé que es otra excusa para lucirme como su hija perfecta.
Llevo un vestido azul que seguro costó más que todo lo que tenía antes de llegar aquí, me siento como un maniquí caro.
La señora Mendoza me ajusta un mechón de pelo.
"Lupe, querida, sonríe. La familia Vargas está por llegar. Recuerda lo que practicamos."
Asiento con la cabeza, mostrando mi mejor sonrisa de "dama de sociedad".
Por dentro, solo pienso en los bocadillos.
Ya me comí cinco canapés de salmón y estoy planeando mi ruta para llegar a los mini tacos de cochinita pibil sin que nadie me vea.
El sistema en mi cabeza, la voz que me ha guiado desde que llegué a esta familia, me da una advertencia.
[Misión principal: Mantener la imagen de "Hija Perfecta de los Mendoza". Recompensa por éxito: fondos ilimitados para gastos. Penalización por fracaso: reducción del 90% de los fondos.]
Mi sonrisa se tensa un poco.
El dinero es la única razón por la que aguanto todo esto.
De repente, la música se detiene y las puertas principales se abren.
Una chica entra como si fuera la dueña del lugar, con un vestido brillante y un teléfono en la mano, grabando todo para sus redes sociales.
Es guapa, pero su mirada es dura.
La señora Mendoza se queda sin aliento a mi lado. El señor Mendoza deja caer su copa de vino.
"Sofía," susurra la señora Mendoza.
La chica sonríe, una sonrisa falsa y practicada.
"Hola, mamá. Papá. ¿No se alegran de ver a su verdadera hija?"
El ambiente se congela.
Así que esta es Sofía Mendoza, la hija biológica que creían perdida.
Mi existencia en esta casa acaba de complicarse.
Sofía se acerca, su mirada me recorre de arriba a abajo con desprecio.
"Y tú debes ser el reemplazo," dice, su voz gotea veneno. "He oído mucho de ti, la huérfana con suerte."
Intento mantener la compostura, la sonrisa pegada en mi cara.
"Es un placer conocerte, Sofía," digo con la voz más dulce que puedo fingir.
[Alerta de sistema: La antagonista principal ha aparecido. Nivel de dificultad de la misión aumentado.]
"El placer es todo mío," responde ella, y su sonrisa se ensancha. "Ya veremos cuánto duras aquí."
Ella pasa a mi lado, rozando mi brazo a propósito.
Por un segundo, mi don se activa.
La clarividencia táctil.
Veo una imagen borrosa: ella, de niña, siendo alejada de esta casa por una mujer desconocida. Siento su ira, su resentimiento, su ambición de recuperarlo todo.
Me aparto instintivamente.
Ella se detiene y me mira, sorprendida por mi reacción.
"¿Qué pasa? ¿Te asusté?"
Niego con la cabeza.
Mi mente, sin embargo, está en otro lado.
Qué uñas tan largas, seguro se le atora la comida ahí. Los mini tacos de cochinita están en la mesa de allá. Si me muevo ahora, quizás pueda tomar tres antes de que se los acaben.
La señora Mendoza interviene, tomando a Sofía del brazo.
"Sofía, por favor. Hay invitados. Lupe es parte de esta familia ahora."
"Claro, 'parte de la familia'," repite Sofía, con un tono burlón.
Pero la señora Mendoza me mira a mí, y en sus ojos veo una pizca de alivio. Mi calma, mi fachada perfecta, es lo que ella prefiere en este momento de caos.
La fiesta acaba de empezar, y ya quiero que termine para poder ir a ver mi serie con un tazón de palomitas.
Pero sé que a partir de hoy, mi vida tranquila de lujos y comida gratis está en peligro.





