Mi vida pasada fue una larga y lenta agonía.
Terminó en una tarde lluviosa, en la sala de un hospital público que olía a desinfectante y desesperanza, yo tenía cuarenta y cinco años, pero mi cuerpo se sentía como si tuviera ochenta, los años de trabajo duro, de noches sin dormir y de una tristeza que nunca se fue del todo, me habían consumido por completo.
Ricardo estaba allí, a los pies de mi cama, su antes apuesto rostro ahora estaba surcado por las arrugas de la derrota, su exitosa carrera de médico se había derrumbado por un escándalo de negligencia y su matrimonio con la mujer rica por la que me abandonó, había terminado en un divorcio amargo que lo dejó casi en la ruina.
"Sofía" , me suplicó, con los ojos llorosos, "perdóname, por favor, he sido un tonto, siempre fuiste tú, siempre" .
Lo miré, sin sentir nada, ni odio, ni amor, solo un vacío inmenso, nuestro hijo, Mateo, el motor de mi vida, ya era un hombre, un buen hombre que había logrado salir adelante a pesar de no tener un padre, lo había criado sola, con el sudor de mi frente y las lágrimas que derramaba en silencio por las noches.
Una de mis primas, que trabajaba como enfermera en ese mismo hospital, se acercó a mí después de que Ricardo se fue, con la cabeza gacha.
"Prima" , me dijo en voz baja, "hay algo que nunca te conté, el día que perdiste al bebé, el día que Ricardo te dejó en el hospital, escuché a su madre hablar por teléfono, se reía, decía que por fin se habían deshecho del 'problemita' para que su hijo pudiera casarse con Isabella, la heredera" .
La verdad me golpeó, no como un relámpago, sino como un veneno lento que finalmente llegaba al corazón, yo siempre había pensado que Ricardo me había abandonado por cobardía, presionado por su familia, pero saber que lo hicieron con crueldad, celebrando mi desgracia, fue la última pieza que rompió lo poco que quedaba de mi alma.
Él no solo me había abandonado, había planeado mi destrucción, su amor nunca fue real, solo fue una parada conveniente en su camino hacia la cima.
Cerré los ojos, el monitor cardíaco a mi lado comenzó a sonar con una alarma insistente, sentí que mi cuerpo se volvía ligero, un último pensamiento cruzó mi mente.
Si pudiera volver atrás… si tan solo tuviera una oportunidad de hacerlo diferente.
Y entonces, todo se volvió negro.
Cuando abrí los ojos de nuevo, la luz del sol me cegó, estaba en una cama de hospital, pero no era la misma habitación sombría y desgastada de antes, esta era más limpia, más nueva, me dolía el abdomen, un dolor agudo y familiar.
Miré mis manos, no eran las manos de una mujer de cuarenta y cinco años, cansadas y con las venas marcadas, eran mis manos de cuando tenía diecinueve años, suaves y jóvenes.
Un calendario en la pared confirmó mi sospecha, era la fecha exacta, el día en que Ricardo me había traído al hospital por un fuerte dolor abdominal, el día en que el médico me confirmó que estaba embarazada, el día en que mi mundo comenzó a desmoronarse.
Había vuelto, de alguna manera incomprensible, había vuelto al principio de mi tragedia.
Pero esta vez era diferente, ya no era la Sofía ingenua y soñadora que creía en promesas de amor eterno, era la Sofía que había vivido una vida de dolor y traición, y que conocía el final de la historia.
Me senté en la cama, a pesar del dolor, una determinación fría se apoderó de mí.
Esta vez, no iba a permitir que me destruyeran.
Esta vez, yo iba a escribir mi propio final.
Lo primero que hice fue arrancarme la vía intravenosa del brazo, el pequeño pinchazo no fue nada comparado con el dolor que ya conocía, me vestí con la ropa que estaba en una silla junto a la cama y busqué mi bolso, dentro estaba mi viejo teléfono celular, el que no tenía pantalla táctil, y un poco de dinero.
Tenía que irme de aquí antes de que Ricardo volviera con su cara de falso arrepentimiento y sus mentiras ensayadas, antes de que su familia clasista pudiera empezar a mover sus hilos.
Esta vez, yo tenía el control.
Y mi primera decisión fue proteger a mi hijo, protegerlo del padre que lo abandonaría y de la familia que lo despreciaría.
Esta vez, Mateo y yo estaríamos solos desde el principio, pero seríamos libres.





