Mi dueño

SIMONA

«Duele» duele enamorarte de un imposible y verlo todos los días y lo peor es que ese amor imposible sea tu jefe, es cliché que la secretaria se enamore de su superior pero es un sentimiento que no pude evitar desde el primer día en que lo vi.

Durante el tiempo que he trabajado para Adam soy una mujer totalmente invisible, no lleno el prospecto o soy el tipo de hembra con las cuales esta acostumbrado a salir, modelos, empresarias, actrices y hasta reporteras son el prototipo de mujeres con las que se relaciona y yo, pues yo, soy su secretaria.

Siento que ese hombre va a matarme, no pude resistirme a sus besos y a sus caricias, había soñado por mucho tiempo una caricia de ese hombre y por fin mi sueño si hizo realidad, es un ogro conmigo, la forma de tratarme no es la mejor pero realmente estoy enamorada de él, no sé cómo paso, pero mi cuerpo alma y mente le pertenecen a Adam.

Ayer después de la pregunta que me hizo si era virgen, llegue llorando a casa, vivo con Romina mi mejor amiga, y me aconsejo que cambiara un poco mi forma de vestir y peinarme ya que según ella me veo como una típica sabelotodo virginal.

Al parecer el cambio le ha gustado al jefe, aunque trató de disimularlo, pude notar su mirada en mí, quiero que esta vez me mire, que me vea solo a mí y mi cambio tiene ese propósito.

Lo que paso hace poco en la zona de descanso fue una locura, por primera vez un hombre llegaba a tocarme en mi parte más íntima y se sintió genial, increíble, no duro mucho, pero creo que mi cuerpo tiene memoria y todavía siento sus dedos en mí.

El señor Leonardo después de salir de la oficina del jefe se acercó a mí, yo no podía ni mirarlo a los ojos la vergüenza era mucha y el parecía notar eso en mí.

—Tranquila Simona, no tienes por qué avergonzarte es normal eso.

—Lo siento señor Leonardo por encontrarme en esa situación, de verdad le pido disculpas.

—Nada de eso mujer, ya te lo dije es normal, además pienso que tú eres la indicada.

 Eso logra sorprenderme y levanto mi mirada, el señor Leonardo es lindo sus ojos azules y su cabellera dorada hacen muy buena combinación.

—¿A qué se refiere señor?

—Ya lo sabrás solo te digo, tú tienes el poder de cambiar a eso energúmeno que tienes por jefe y ve que te necesita, — ahora me queda claro a que se refería, seré capaz de cambiar la actitud de Adam, 

Me encuentro en el paradero de bus con el contrato que mi jefe acaba de darme,  cuando una camioneta negra se estaciona frente a mí, no puedo ver quien es la persona, y mi sorpresa es grande, cuando bajan el espejo, y unos ojos grandes azules oscuros me están escrutando de arriba a abajo, mi cuerpo no responde y solo puedo quedarme ahí , parada sin moverme, inerte.

—Simona sube —me dice mi jefe Adam, va en el puesto del copiloto, y su amigo Leonardo es quien maneja.

—No, no creo que sea correcto señor— le digo con temor, porque sé que a este hombre le enerva que lo contradigan.

—Es una orden Simona no volveré a repetir sube — es severo al pronunciar esas palabras da miedo, pero no sé qué es lo que me detiene, porque no obedecerle la necesidad de contradecirlo es más fuerte.

—Lo siento señor, no lo haré — en el fondo la risa de Leonardo no se hace esperar, y el enojo en Adam es evidente.

Lo siguiente es que ese hombre baja del auto, yo retrocedo, pero me toma del brazo fuertemente y me pega a él, se acerca a mi oído para decir.

—Sube maldita sea, no me contradigas— qué más puedo hacer, le obedezco y subo a la parte de atrás del auto y el hace lo mismo, sentándose a mi lado

—Hola Simona —me saluda Leonardo 

—Hola señor Leonardo — le respondo

—Dame tu dirección te llevaremos.

Doy un largo suspiro y miro a mi derecha donde se encuentra mi jefe, no me mira, su mirada está perdida en algún punto en la calle. Me quedo embelesada mirando su perfil, es el tan varonil y sexy y las preguntas surgen dejándome menos que nada ante las mujeres que suele dormir, ¿como un hombre como él se fija en alguien tan común como yo? ¿porque me escogería para ser su esposa?

—Es que no escuchaste lo que dijo leo responde deja de mirarme como boba —Joder este hombre es peor que una mujer en su mes, sus palabras me sacan de mi letargo y me sonrojo, mi rostro se hizo tomate.

—Eh si claro, balbuceó

—Tranquila Simona —me dice leo—no la trates así patán— le dice  a mi jefe.

—Maneja— responde el.

Le indico mi dirección y creo que no conoce esa parte de la ciudad.

—Tendrás que guiarme un poco, no conozco esos lares de acuerdo— me dice Leonardo.

—Está bien, no hay problema.

Todo se hace silencio por unos minutos, hasta que Leo enciende la radio y pone música bajito, miro de nuevo a mi jefe pero nada, sigue ahí imperturbable, frio sin ninguna expresión, decido dejar de mirarlo, total creo que su atención no la tendré nunca como lo deseo y miro por mi ventana, en el transporte público no se puede apreciar las calles, normalmente me toca de pie. 

El auto se detiene en el cambio de semáforo y veo a una pareja de enamorados besándose en plena esquina, la pasión y el amor se le nota a flor de piel y yo aquí desando una caricia de mi jefe.

Los latidos de mi corazón se aceleran cuando la piel de mi pierna descubierta por la abertura de mi falda  esta siento tocada por unas manos suaves y grandes , bajo mi mirada hacia la zona donde estoy sintiendo el toque y no se como ponerme al ver que es la mano de mi jefe.

Quien más podría ser si no Adam, mi futuro y quizás esposo, dejo que me acaricie, su toque se siente bien, su mano calidad me estremece completa y miro a su rostro y sigue con la mirada hacia el vidrio de su ventana.

 Mis instintos se despiertan junto con mi imaginación ya que su mano va más allá y creo saber a dónde quiere llegar, me debato en dejarlo seguir o detenerlo, me da vergüenza con Leonardo, de pronto puede vernos, está a punto de llegar a mi monte de venus y la vergüenza le gana a las ganas.

—No te atrevas a negarme esto, te castigare por lo de hace rato — Miro a Leonardo, pero parece no haber escuchado lo que me dijo mi jefe, está concentrado en manejar y cantar. 

Suelto el agarre que le he impuesto a su mano y lo dejo hacer. No sé porque, pero me domina con tan solo hablarme, ademas de besarme el lóbulo de mi oreja encendiéndome las mejillas.

Tengo que confesar es que no soy así yo tengo carácter, nunca he dejado que los hombres se acerquen tanto a mí pero con Adam es diferente, su sola presencia causa estragos en mi ser.

Su mano empuja mi pierna y me abro dándole mayor acceso a mi vagina, toca por encima de mis bragas de encaje negro y muerdo mis labios conteniendo los jadeos que se atoran en mi garganta con tal de no levantar sospechas en Leornardo.

Corre la tela y aprieto mis manos en pujo con el ardor que toma mi clítoris con cada toque sueve de su dedo al presionar tengo mi mirada hacia la calle, no puedo ni mirarlo, solo paso saliva con dificultad mientras que por el rabillo del ojo noto que el mira hacia Leonardo  que está concentrado en manejar, no sé si se hace pero no parece darse cuenta lo que pasa entre Adam y yo en la parte trasera de su auto.

—Que mojada estas Simona.

Dice en mi oído tan bajito y sexy provocando un rio en mi entrepierna, mientras el continua con sus dedos en mi clítoris, dándole masajes en círculos, de arriba abajo, presiona y tantea mi entrada poniéndome nerviosa.

Dios es un experto, esto nunca lo había sentido, siento mi rostro arder, aprieto mi bolso fuertemente porque hay algo que se está formando en mi vientre que nunca había sentido, cierro mis ojos disfrutando de la rica sensación que Adam me está dando con sus dedos, 

—Ahora ayúdame Simona que ruta tomo— las palabras de Leonardo hacen que abra mis ojos abruptamente y sujete el brazo de Adam, el miedo de ser descubiertos me embarga.

—Responde es que no escuchas— dice de nuevo mi jefe, de nuevo con esa voz áspera y creo que este hombre es un maldito, como puede decir eso, tiene su mano en mi vagina, como quiere que emita alguna palabra con él entre mis piernas.

—¿Estas bien Simona?— dice Leonardo mirando por el retrovisor ---estas roja me dice 

—Si, si, estoy bien solo sigue derecho —tomo aire en mis pulmones, Adam ha acelerado los movimientos de sus dedos y no me permite pensar.

—¿Y después?

—S s si , después a la derecha en el semáforo, y sigues derecho dos cuadras luego doblas a la izquierda — por fin logro decir pero con gran esfuerzo, olvidándome del glorioso movimiento de dedos de Adam

—Bien —dice Leonardo y vuelve a concentrarse en la canción. 

Siento que algo grande se acerca, Adam sigue con su mirada perdida, como puede hacerme esto y estar tan fresco, como si no pasara nada, mientras que yo estoy muriendo a fuego lento.

Recuesto la cabeza en el espaldar del sillón cerrando mis ojos y  me dejo llevar, creo que mi orgasmo se aproxima y cuando siento que lo tengo a punto, Adam se detiene.

«Maldición» abro mis ojos y lo miro confundida, ¿porque lo hizo? ¿porque se detuvo no entiendo? en mi mente se forma muchos interrogantes, por fin quita su mirada de la ventana, y me da la atención merecida al sacar su mano de mí intimidad, lleva sus dedos a la boca causando estragos en mi sexo.

Lo miro con alucinación por esa acción, saca sus dedos de su boca y muerde su labio y me guiña el ojos matándome lentamente, ahora sí que estoy jodida.

—Hemos llegado —dice Leonardo.

—¿Vives aquí? — dice Adam con un poco de desagrado es entendible ya que mi barrio es común y es una zona un poco peligrosa y marginada por la sociedad.

—Si, así es — mi voz suena un poco enojada, ya que no me gusto la forma tan despectiva como se refirió a mi casa.

Se baja para permitirme la salida antes de salir le agradezco al señor Leonardo

— Gracias por traerme señor Leonardo— Le digo sinceramente y le dedico una sonrisa.

—De nada cuídate— me responde.

Salgo y mi jefe esta recostado a un lado del auto. Su mirada se posa en mis ojos y eso hace que baje la mirada, es fuerte como me mira no soy capaz de sostenérsela.

—Gracias señor por el aventón— Se acerca a mí me toma de la cintura fuertemente y me pega a él para decirme.

—Que rico sabes Simona, no espero la hora que seas mi esposa para probarte completamente.

Abre la puerta del copiloto y se sube al auto, dejándome así con toda esa maraña en mi cuerpo, es muy malo, por hacerme esto.

—Ve a casa Simona— me dice después de subirse, él tiene un gran problema, quiere que uno haga las cosas exactamente y cuando él las diga.

Con la cara sonrojada doy vuelta y me dirijo a mi casa, me muero por mirar, pero no siento el motor del carro así que creo que ellos están esperando a que ingrese, ingreso la llave y obligo a mi cuerpo a voltear y mirarlo por última vez este día. Pero toda mi alegría se desvanece cuando noto que ni siquiera está mirándome, el enojo llena mi sistema, así que ingreso y cierro la puerta duramente.

Llego y tiro mis pertenencias al mueble más cercano, Romina no ha llegado así que voy a la cocina a preparar algo de comida, tenemos la regla de quien llegue primero hace la cena así que esta vez me tocó a mí. 

Me he dado una ducha, estoy saliendo del baño con mi toalla tapando mi cuerpo cuando aparece romina y se acuesta en mi cama.

—Romi hola .

—¿Que tal tu día, noto el cambio? cuéntamelo todo. —Me ataca romina con preguntas, su curiosidad es grande además de que sabe mis sentimientos hacia mi jefe.

—Cálmate, deja el chisme Romina — Le digo esto haciéndola sufrir.

—Ya no hagas esto ven cuéntame — palmea la cama para que me siente a su lado.

—Pues noto mi cambio, aunque su fría personalidad no le permite mostrar ese tipo de emociones, pero creo que le gusto 

—Y que más solo paso eso.

—Nos besamos.

Cubro mi rostro con ambas manos sonrojada.

—Nooooo te lo creo — dice romina gritando y saltando, se me tira encima y me abraza.

—¿Besa rico? — me pregunta después de alejarse de mí y tomando de nuevo la posición en la cama.

—Como un dios.

—¿Como sabes que así besa un Dios?

—Porque lo bese a el.

Termino de contarle, además de lo que paso en la zona de descanso y lo que paso en el auto, dejando la propuesta para lo ulitmo, la cara de Romina es de asombro con cada palabra de mi parte y se que su amor por mi es grande que se alegra por mis avances después de consolarme varias noches después de llegar destrozada de la oficina.

—Romi, me propuso matrimonio.

Su rostro es un poema que reacciona después de unos segundo donde me abraza y gritamos juntas llenas de emoción.

Leemos detenidamente el contrato encontrándonos con cosas que sencillamente me pone a pensar.

—Bueno en pocas palabras ese hombre se convierte en tu dueño, mejor dicho, tienes que pedirle permiso para respirar.

—Es verdad no poder dar ni siquiera un paso sin que él lo sepa — leer el contrato me ha desanimado un poco.

—¿Aceptaras su propuesta?

—No lo sé romí, me dijo que sería fácil reemplazarme y que si no soy yo sería cualquier otra.

—No puedes permitir eso, es tu oportunidad de estar con el amor de tu vida al menos por dos años.

Reímos por ese comentario, pensándolo bien, será mío y yo de el por ese tiempo.

—Lo bueno es la comisión que tendrías después de la separación. vivirías tranquilamente con todo el dinero que piensa darte.

—El dinero es lo que menos me importa—digo con tristeza— Romí lo quiero a él— Me levanto de la cama con mucha tristeza y una lagrima saliendo de mis ojos.

—Entonces tu única opción es enamorarlo, tienes dos años para conseguir ese objetivo. Le miro y me limpio la lágrima 

—¿Sera que podría enamorarlo? — le pregunto no muy segura.

—Simona ven aquí —me dice y me da un beso en la frente —eres una mujer bellísima, toma mi rostro en sus manos—solo ten más confianza en ti misma y podrás lograr todo lo que quieras, enamora a ese hombre y hazlo tuyo para siempre.

Me inyecta confianza, Romina siempre ha sido muy segura de si misma y con una gran personalidad.

—Si, eso hare, enamorare a Adam.

—Eso esta bien, pero recuerda que siempre ha tenido todo en la mano Simona, no se la pongas tan fácil—aconseja—se que cuando estas enamorado te vuelves muy débil, pero no puedes dejarle todo en bandeja de plata.

—Si es verdad.

—Ahora vamos a celebrar—va a mi armario y no quiero salir—tenemos que distraernos, me regalaron unas boletas vip, así que vamos.

—Estoy cansada.

Me siento en la cama.

—Si yo también—me tira el vestido rojo—por eso tenemos que ir, ademas quien quita que encuentre el amor de mi vida.

—No quiero problemas con…

—No lo digas que aun no le perteneces—se cruza de brazos delante de mi—esa actitud sumisa es la que no debes tener ante el Simona porque te comerá viva.

Tiene razón, ademas necesito despejar mi mente de muchas cosas y el momento que pasamos en el auto, pensar en eso solo ocasiona que me lata el clítoris con fuerza.

—Bien, vámonos entonces.

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