El BMW M4 se detuvo con una sacudida. La puerta del conductor se abrió de golpe y de ella salió Máximo Castillo, el influencer de fitness. Su rostro, normalmente bronceado y sonriente en sus publicaciones de Instagram, estaba contraído por la furia.
"¡¿Estás pendejo o qué?! ¡Mira lo que le hiciste a mi coche, pinche viejo idiota!"
Máximo se acercó al "Vocho" de Patrick y le dio una patada a la llanta.
"¡Conduces esta basura y te atreves a chocarme! ¿Sabes cuánto cuesta esta nave?"
Patrick bajó la ventanilla lentamente, su rostro inexpresivo. No dijo una palabra, simplemente observó al joven.
"¡Vas a pagarme hasta el último centavo, imbécil! ¡Cincuenta mil pesos ahora mismo o te juro que no sales de esta!"
La gente empezó a arremolinarse, atraída por el escándalo. Los teléfonos móviles no tardaron en aparecer, grabando la escena.
"Mira a ese pobre diablo", dijo un curioso. "Chocó contra un carrazo con esa carcacha. Ya se chingó".
"Seguro no tiene ni para el seguro", añadió otro.
Máximo sonrió, envalentonado por la atención. Se apoyó en el capó abollado de su BMW y se cruzó de brazos.
"¿Qué pasa, viejo? ¿Te comió la lengua el ratón? ¿O es que no tienes ni un peso en la bolsa?"
Patrick sintió una oleada de ira helada. No era solo el choque, era la traición. Este joven arrogante conducía el coche que él le había regalado a su esposa. La humillación pública era solo sal en una herida mucho más profunda. Decidió jugar su juego, quería ver hasta dónde llegaba el engaño.
"Este coche me lo regaló mi novia", presumió Máximo en voz alta, para que todos lo oyeran. "Y déjame decirte algo, mi novia es una mujer muy, muy poderosa. La directora general de 'Sabor Imperial'. ¿Te suena? Luciana Salazar. Ella podría comprarte a ti y a toda tu miserable familia".
La confirmación golpeó a Patrick con la fuerza de un puñetazo en el estómago. Así que era verdad. Luciana no solo le era infiel, sino que además usaba su dinero, el dinero que él había ganado, para mantener a su amante.
Patrick sacó su teléfono y con calma, marcó un número.
"¿Llamando a tu mami para que te saque del problema?", se burló Máximo.
"No", respondió Patrick con una voz tranquila que contrastaba con el caos a su alrededor. "Llamando a la policía de tránsito. Y a mi seguro. Veamos qué dicen las reglas".





