Mi chica atrevida

"Sí, señor".

Los guardaespaldas se dieron prisa y subieron bruscamente a Carmen al coche.

La mujer no esperaba que las cosas se dieran así, por lo que se quedó pasmada.

Ahora que estaba tan cerca de Derrick, pudo sentir que su aura agresiva era aún más fuerte, por lo cual, se apartó de él con miedo.

El hombre se limpió el agua de la cara para luego enfocar su mirada asesina en Carmen. Entonces, la agarró del mentón con rudeza mientras rechinaba los dientes. "No pareces ser muy inteligente. ¿Acaso quieres morir?".

Ella se estremeció de dolor por su fuerte agarre y, con el fin de soltarse, giró la cabeza con fuerza y dijo con valentía; "¡Hay algo de lo que quiero hablar contigo!".

Los ojos de Derrick se mostraron demasiado sombríos, a medida que respondía; "¿Y eso qué? ¡Yo no quiero hablar contigo! ¿Sabes cuántas mujeres como tú intentan seducirme cada día? ¡Pfff! Por favor, encuentra una mejor excusa la próxima vez. Ni siquiera quiero tocarte. ¡Fuera de mi vista!".

Las emociones del hombre, influenciadas por el alcohol en su cuerpo, se tornaron violentas e intentó empujar a la chica fuera del coche.

Como resultado, ella terminó golpeándose muy fuerte contra la puerta del auto, algo que le dolió enormemente.

Sin embargo, soportó el dolor y afirmó:"Qué arrogante de tu parte asumir que te deseo. ¡No me interesas para nada! ¿Me oíste? Si estoy aquí, es para hablar sobre el caso de mi hermano".

En ese instante, Carmen se enderezó y anadió:"Sabía que eres un hombre que mantiene sus asuntos públicos y privados separados, ¡pero nunca esperé que fueras un villano que no reconoce las cosas que hace!".

"¿A quién llamas villano?", le refutó con ira.

Aquello lógicamente lo molestó, pues era la primera vez que alguien se atrevía a decirle eso.

La mujer lo miró a los ojos sin miedo, y dijo; "Ah, ¿ahora resulta que me equivoco? Mi hermano no es de los que hace locuras cuando está borracho, y no hay evidencia que demuestre que haya cometido algún delito". De pronto, ella lo señaló con el dedo y continuó; "¡Pero tú abusaste de tu poder e hiciste que lo encarcelaran! Si no eres un villano, ¿por qué hiciste eso?".

"¿Qué? ¿Cárcel? ¿Locuras? ¿De qué hablas?". Derrick negó con la cabeza y sentenció; "¡Ya es suficiente! Eres bastante buena inventando historias, pero si no sales en 30 segundos de aquí, no podrás irte nunca".

En el estrecho espacio que compartían, el aire era caliente y seco. Por lo tanto, un fuego comenzó a surgir en el cuerpo del hombre, acumulándose en la parte inferior de su abdomen y estimulándolo.

Ante esto, él frunció el ceño y, molesto, tiró de su corbata, se quitó el abrigo y desabrochó tres botones de su camisa.

"¡No estoy inventando nada!", dijo de manera alterada Carmen. Por consiguiente, respiró profundamente, tratando de relajarse. "Sé que no puedo luchar contra usted. Así que le ruego, Sr. Morgan, que use su poder e influencia para liberar a mi hermano de la cárcel. Yo... Haré cualquier cosa, hasta puedo ser su esclava si eso es necesario...".

Era evidente que había una gran diferencia entre las posiciones sociales de ambos.

Él podría matarla fácilmente si quisiera y no importaría. Mas, ella sabía que no podía ganarle, y todo lo que quería era que su hermano menor fuera libre. Aunque eso significara tener que sacrificarse.

Sin embargo, la impaciencia de Derrick no hizo más que aumentar.

Él ocultó sus ojos en las sombras del auto y miró el cuerpo de la chica con lascivia. Claro, el alcohol corriendo por su sangre también influenciaba sus acciones de alguna manera.

En consecuencia, él se inclinó lentamente hacia adelante y olió la ligera fragancia de su cuerpo.

En ese instante, su calor interior se volvió mucho más intenso y un deseo extremo hizo que se acercara involuntariamente a ella.

Con la boca seca y su lengua en llamas, curvó los labios en una sonrisa. "Veamos, ¿qué podrías hacer por mí? Te aviso que no me gustan las cosas ordinarias... mmm... ¿Qué te parece si me pagas con tu cuerpo?".

Mientras su aliento empapado de alcohol cubrió el rostro de Carmen, lo cual hizo que se pusiera muy nerviosa.

Por lo tanto, se echó hacia atrás, tratando de mantener la distancia con él. Aunque aquello no sirvió de nada, pues él de repente extendió una mano y la puso contra la ventana detrás de ella, atrapándola entre la puerta del auto y su cuerpo.

En ese instante, Carmen se asustó tanto que pensó en abrir la puerta y salir corriendo.

No obstante, antes de que pudiera hacer algo, el hombre comenzó a quitarle la ropa a la fuerza. "Si ya estás aquí, ¿por qué molestarte en pensar en correr? ¿Qué pasa? ¿Acaso no quieres salvar a tu hermano?", le preguntó con una sonrisa.

En cuanto terminó de hablar, se acercó mucho más y besó sus cálidos labios rojos, dejándola totalmente inmóvil.

Ronald, que estaba sentado en el asiento delantero, notó que la situación se volvía más intensa cada vez, así que regañó apresuradamente al chofer; "¡Rápido! Pon la mampara y bájate del auto".

"En seguida, señor".

El conductor levantó la mampara de inmediato y bajó del coche al instante, como si este estuviera a punto de explotar.

"Dispérsense y vigilen las salidas. No dejen que nadie se acerque, ¿me escucharon?", ordenó Ronald a los guardaespaldas luego de bajar del auto también.

Por lo cual, los hombres obedecieron y se retiraron rápidamente.

Dentro del auto, los besos de Derrick se volvieron más apasionados, hasta que la chica volvió en sí y comenzó a forcejear violentamente.

"¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame! ¡No me toques!", gritó ella con la voz temblorosa a medida que trataba de empujarlo.

La resistencia que mostró Carmen solo logró que la lujuria de Derrick brotara rápidamente en todo su cuerpo.

"Oh, ¿en serio no quieres esto? Bueno, ¡es demasiado tarde!", le dijo él con su voz ronca.

Luego de escucharlo, la mujer pensó en qué podría hacer para liberarse de ese hombre.

En un ataque más agresivo, ella mordió sus labios tratando de que el dolor hiciera que él se descuidara y así pudiera soltarse.

Sin embargo, Derrick parecía no darse cuenta y, lejos de sentir dolor, parecía disfrutar en tanto introducía la punta de su lengua en la boca de la chica.

Toda su resistencia fue inútil contra él, su mente estaba totalmente en blanco y sus pies no tenían la fuerza para continuar peleando.

Sin darse cuenta de que estaba desnuda, y envuelta en ese espacio reducido con una atmósfera sofocante e incómoda, Carmen gimió, sintiendo que estaba a punto de desmayarse por el dolor.

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