La Mansión Dawson estaba en una extensa ladera, abarcando más de cinco mil metros cuadrados. En la verja de hierro, Vivian estaba esperando en su vehículo.
Bryan y Eileen llegaron a la entrada. "Detén el auto", ordenó él.
Sin demora, Eileen condujo hasta el costado de la carretera y se detuvo.
Bryan abrió la puerta y salió del vehículo. Vivian, tan vibrante como una niña, estaba en el auto frente a ellos. Apenas vio que se paraban, se bajó de su vehículo y corrió hacia su amado.
"Bryan, estaba demasiado angustiada para entrar sola, así que te esperé aquí", admitió.
Por primera vez, Eileen decidió quedarse en el auto. A través de la ventana, vio que el rostro de Bryan estaba vuelto lejos de ella, mirando a Vivian con ternura e indulgencia. Pero Eileen sabía que su dulzura se evaporaría en cuanto supiera la verdad.
De repente, la puerta de hierro comenzó a abrirse lentamente y salió Jarred, el mayordomo.
"Bienvenida de nuevo, señorita Warren. Ha pasado mucho tiempo", saludó.
Vivian le respondió con una brillante sonrisa: "¡Sí, ha pasado mucho tiempo! ¡Pero... pronto nos veremos a menudo!".
Jarred le respondió con una sonrisa cortés, antes de concentrarse en Bryan. "Señor, si me hubiera informado antes de su llegada, podría haberme preparado. Su abuela mencionó que quería visitar la iglesia y, siguiendo un impulso repentino, anoche fue ahí. Pero ahora usted acaba de llegar".
La sonrisa de Vivian se desvaneció.
Bryan frunció el ceño.
Por otro lado, Eileen seguía en el auto, luchando por reprimir su risa.
No le parecía gracioso la demora en exponer su identidad.
Lo que le parecía humorísticamente irónico era el hecho de que Stella los evitara y su abierta revelación diseñada para provocar su frustración.
"¿Cuándo regresará Stella?", preguntó Vivian, intentando ocultar su decepción.
Jarred se tomó un momento para responder: "No mencionó una hora específica, pero no creo que vuelva pronto. Por lo general, se queda al menos medio mes ahí. Me dijo que quería disfrutar de unos días más de tranquilidad".
Stella había decidido ausentarse esa mañana porque sabía que Bryan vendría con Vivian.
Los padres de este hombre llevaban más de diez años en el extranjero y sus trabajos los mantenían tan ocupados que solo regresaban una o dos veces al año.
Fue así como Stella había criado a Bryan, a quien terminó amando más que su propia vida. Eileen entendía que la anciana le tuviera resentimiento a Vivian por lo que había sucedido seis años atrás, pero como ayer había estado tan preocupada por la revelación de su secreto, no se detuvo a pensar en las reacciones de Stella.
¿Cómo podría perdonar fácilmente a Vivian?
Entonces, salió del auto y saludó al mayordomo: "Buenos días, Jarred".
Cuando el mayordomo la vio, le dio una sonrisa más sincera que a Vivian. "Señorita Curtis, la señora Dawson la mencionó hace unos dos días. Aprecia lo mucho que ha estado trabajando para el señor Dawson y me recordó que le dijera a su nieto que la tratara bien".
Eileen se puso rígida porque se dio cuenta de que Bryan y su compañera la estaban mirando.
Ahora era evidente que Stella valoraba más a la asistente de su nieto que a Vivian.
Eileen se arrepintió de haberse bajado del auto.
Sin saber qué decir, se volvió hacia su jefe.
"Como la abuela no está, hay que irnos", sugirió él.
No le echó la culpa a Eileen, pues sabía que su abuela lo había hecho a propósito. Luego, abrió la puerta del auto de Vivian y le dijo: "Deberías regresar".
Vivian se acercó al Benz negro para subirse. "No quiero volver. Quiero ir a la empresa contigo", declaró la joven.
Bryan se quedó callado un momento, le lanzó una última mirada al mayordomo y entró en el vehículo.
"Cuídese, Jarred. Adiós", dijo Eileen. Luego, subió al auto y se fue.
La llegada de Vivian a la empresa generó muchas discusiones.
Todos estaban enterados del matrimonio de Bryan y sabían que lo había hecho para complacer a su abuela.
En esos seis años, no habían visto a su esposa, por lo que estaba claro que esa unión solo lo era de nombre.
El regreso de Vivian, marcado por su presencia en la empresa, parecía reafirmar que ella fue la única amada de Bryan.
Las implicaciones futuras eran evidentes.
Mientras la asistente preparaba café, unos compañeros se acercaron para chismear. "Eileen, ¿el jefe va a cambiar de esposa?".
"En realidad, nunca ha tenido esposa", respondió ella.
A pesar de estar molesta, Eileen se recordó a sí misma que debía aceptar la realidad.
Todo lo que podía hacer era prepararse para la eventual revelación de su identidad y las consecuencias que esto le ocasionaría. No quería revelar su identidad de manera proactiva, pues estaba segura de que decirle a Bryan la verdad no mitigaría su enojo. Anticipándose a su inevitable despido, valoraba cada día que seguía trabajando ahí.
"Tienes razón, acabo de ver a la señorita Warren. ¡Es maravillosa!".
"Sí, puedo ver que el señor Dawson no la ha olvidado ni siquiera después de seis años. ¡Estoy segura de que es encantadora!".
A medida que hablaban de este tema, más personas se unieron a la conversación. Eileen, atrapada en la charla, le dio un sorbo a su café.
Cuando se lo terminó, lavó la taza y se dirigió a sus colegas: "Concentrémonos en nuestras tareas. Recuerden que el trabajo es importante".
La identidad de la enigmática esposa de Bryan tenía a todos curiosos en la empresa. A menudo, Eileen escuchaba fragmentos de sus conversaciones y así fue como se enteró de que las especulaciones sobre la identidad de la misteriosa esposa no se detenían.
Los más atrevidos querían llevar a Bryan a una reunión social para embriagarlo, con la esperanza de que les contará más de su esposa.
Eileen quería explicarles que ninguna cantidad de alcohol ayudaría, porque ni siquiera él conocía a su esposa.
Mientras sus colegas se dispersaban, ella anticipó que seguirían chismeando en rincones más tranquilos.
Al regresar a su escritorio, vio a Vivian ocupando su silla.
"Eileen, regresaste", la saludó ella con una cálida sonrisa, como si estuviera de buen humor. Evidentemente, no se había tomado en serio los comentarios del mayordomo.
"Señorita Warren, ¿no debería estar con el señor Dawson en su oficina?", preguntó Eileen mientras se acercaba con una sonrisa cortés.
"Está ocupado en una reunión". Vivian señaló la silla a su lado.
Por lo general, esa silla estaba ubicada en la oficina de Bryan, pero esta chica la había reubicado, lo que significaba que deseaba quedarse ahí un tiempo.
"No hay necesidad que seas tan formal conmigo. Solo llámame Vivian. Después de todo, tenemos casi la misma edad". Ella notó la vacilación de Eileen y gentilmente le pidió que tomara asiento.
Por otro lado, esta última se veía aprensiva, ya que le preocupaba lo que Vivian pudiera hacer.
"Bryan puede ser muy temperamental. Probablemente te haya regañado mucho en estos años, ¿verdad?", comentó la joven.
"No tengo problema, he llegado a comprender sus acciones", respondió Eileen.
"Bryan dijo que eres la asistente con más años de servicio que ha tenido, lo que prueba tu competencia", señaló Vivian. "He visto muchos asistentes hombres como Benjamin, el asistente de mi hermano, pero tú pareces ser mejor que la mayoría de ellos", añadió.
Eileen escuchó todo con la cabeza baja y una mirada distante. La amabilidad de Vivian la hizo sentirse ligeramente culpable.
"¿Bryan siempre está tan ocupado con el trabajo?". A pesar de que Eileen no respondía, Vivian siguió intentando sacarle la plática.
"Está muy ocupado, y no suele terminar de trabajar hasta las diez de la noche", explicó la asistente.
"¿Podrías compartirme su agenda?", preguntó Vivian, señalando su celular. "Envíamela por WhatsApp".
Ahora Eileen entendía por qué la joven había querido hacerse su amiga: para acceder a la agenda de Bryan.
"Lo siento, señorita Warren, pero no puedo compartir la agenda del señor Dawson", contestó respetuosamente.
"¿Ni siquiera conmigo? Dada nuestra conexión, te aseguro que no la compartiré con nadie", insistió Vivian.
"Señorita Warren, por favor, entienda mi posición. No me ponga las cosas difíciles", respondió Eileen, sin querer parecer grosera ni poco cooperativa. Su compromiso con la ética profesional no le permitía hacer eso.
Incluso revelar descuidadamente el paradero de Bryan podría tener repercusiones nefastas.
"Parece que ninguno de ustedes es fácil de convencer. Pero si puedo hacer feliz a Bryan, estoy seguro de que él podrá manejar la situación con su abuela", suspiró Vivian, resignada.
Pero Eileen pensaba que este optimismo estaba fuera de lugar. Si Bryan hubiera podido convencer a su abuela hacía seis años sobre lo sólida y pertinente de su relación, no habría tenido que casarse con ella.
De hecho, el matrimonio parecía algo arreglado entre la abuela y su nieto, pues él ni siquiera podía divorciarse sin su aprobación.
"Creo que él me tiene un poco de resentimiento por lo que pasó hace seis años. He regresado con la intención de arreglar las cosas entre nosotros. Si no puedes compartirme su agenda, ¿puedes ayudarme de otra manera?", preguntó Vivian, con una mirada esperanzada.
Eileen no fue capaz de rechazar esa sincera petición. "Si está dentro de mis posibilidades, la ayudaré".
El rostro de Vivian se iluminó. "Todavía no he definido bien mis planes, ¡pero te hablaré por WhatsApp en cuanto lo haga!".
Eileen le dio un asentimiento. Antes de que Vivian pudiera decir algo más, las interrumpió un zumbido del intercomunicador.
"Tráeme una taza de café", ordenó Bryan con una voz clara y agradable.
Antes de que Eileen pudiera levantarse, Vivian ya estaba de pie. "De ahora en adelante, déjame estas pequeñas tareas a mí. ¡Concéntrate en tus asuntos!".
Luego, procedió a preparar café y entró a la oficina de Bryan para entregárselo.
Eileen se masajeó las sienes y volvió a concentrarse en sus obligaciones. Luego, sacó la unidad USB de su computadora y se dirigió a la sala de fotocopias.
Estaba tan perdida en sus pensamientos que, sin darse cuenta, sacó diez copias.
"Eileen, ¿por qué hiciste tantas copias?", le preguntó uno de sus compañeros de trabajo que acababa de entrar.
La asistente había estado pensando en lo que podía estar sucediendo entre Vivian y Bryan en la oficina, pero su colega la devolvió a la realidad.
"Ya terminé de usar la impresora, así que haz lo que tengas que hacer".
Estaba saliendo de la sala de fotocopias con los documentos en la mano cuando fue llevada rápidamente a un rincón apartado.
"Eileen, ¿es cierto que el primer amor del señor Dawson ha vuelto?", preguntó Judie Curtis. Estaba vestida con un traje de negocios y tenía demasiado maquillaje para su edad. "¿Qué pasará contigo?", agregó sin hacer una pausa. "¿Tus dos años durmiendo con él fueron en vano?".
Estaba tan agitada que su voz fue lo suficientemente alta para llamar la atención de las personas que salían de la sala de fotocopias.
Eileen frunció el ceño. "Por favor, no te preocupes por mí. Además, esos temas no son apropiados para las horas de trabajo".
Judie era la única persona que conocía los asuntos privados de ella con Bryan.
"¿Cómo puedo no preocuparme? Roderick y yo estamos buscando un lugar en el distrito escolar, ¿te acuerdas?", preguntó con urgencia.
Eileen se encontró con la mirada de Judie, quien tenía intenciones egoístas.
Roderick era el hermano menor de la asistente y esta era su esposa, quien se graduó de una universidad normal. Y se había beneficiado del apoyo de Eileen para conseguir un puesto en esa empresa.
Ahora sus expectativas habían aumentado a un auto y una casa, y quería que la ayudara a lograrlo.





