Al día siguiente, faltaban solo trece días para la boda.
Mientras Daniela desayunaba, su teléfono vibró con un mensaje de Joshua. "Hoy estoy ocupado, así que tendrás que ir sola a la prueba del vestido".
Antes de que terminara de leer, saltó otra notificación.
Esta vez era de Bella.
Era una foto sugerente: ella y Joshua, entrelazados en una pose íntima.
Bella eliminó la imagen casi al instante, pero Daniela ya la había guardado.
De inmediato, recibió otro mensaje. "Daniela, las mujeres que no son amadas siempre terminan siendo la segunda opción. No eres más que una mujer patética, sin familia ni estatus. Todo lo que tienes se lo debes a Joshua. Si no fuera por tu talento en la farmacéutica, a él ni se le habría pasado por la cabeza casarse contigo. ¿De verdad crees que aferrarte a él cambiará tu destino?".
Daniela soltó una risa seca.
Si hasta la otra mujer podía ver la indiferencia de Joshua, ¿por qué se había aferrado ella tanto tiempo a negarlo?
Tomó su vaso de leche y la frialdad del cristal pareció calmarla. Luego, con una serenidad imperturbable, respondió: "Es un verdadero partidazo, ¿por qué no querría casarme con él? Todos los hombres cometen un desliz de vez en cuando. Tú eres solo una distracción pasajera. Cuando pierda el interés, buscará a otra. Pero la que caminará con él hacia el altar... sigo siendo yo".
Tras pulsar "enviar", Daniela enarcó una ceja y una leve sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
Podía imaginar a Bella al otro lado de la pantalla, hirviendo de frustración.
Un hombre sin la más mínima integridad pertenecía al basurero.
No pensaba perder ni un minuto más en una basura como Joshua.
Sin dudarlo, reenvió la comprometedora foto y el historial de la conversación a su asistente. "Archiva esto. Asegúrate de que no se pierda nada".
...
En la boutique nupcial, Daniela estudiaba su reflejo en el espejo, examinando un elegante vestido de novia.
No llevaba maquillaje; los años en el laboratorio la habían vuelto indiferente a esas frivolidades.
La mujer en el espejo parecía delicada, casi etérea, pero sus ojos revelaban una frialdad inconfundible; una belleza que imponía distancia.
A sus espaldas, resonó una voz aguda e imperiosa: "¡Quiero probarme el vestido que está sosteniendo!".
Bella estaba de pie, con la barbilla en alto en un gesto desafiante, la mirada fija en Daniela como si ya hubiese ganado la batalla.
La vendedora se apresuró a intervenir y dijo, con voz cortés pero firme: "Lo lamento, pero ese vestido fue hecho a medida para la señorita Stewart. Es una pieza única. Si le interesa, tendría que encargar uno".
Con un bufido, Bella sacudió el cabello. "Hecho a medida o no, quiero ese vestido. ¿Acaso insinúas que no puedo pagarlo?".
Su tono destilaba un desdén arrogante y frunció el ceño, visiblemente irritada.
La vendedora vaciló, atrapada entre dos clientas a las que no se atrevía a contrariar.
Daniela se giró ligeramente y, con una sonrisa astuta, cruzó la mirada con Bella. "¿De verdad quieres probártelo?".
Bella le lanzó una mirada de desprecio. "¿Y por qué no? ¿Crees que no puedo tenerlo solo porque te lo pusiste tú primero? No solo voy a probármelo, sino que lo voy a comprar. El dinero no es un problema para mí".
Agarró su teléfono y llamó a Joshua, con un tono de voz meloso.
"Amor, estoy en la boutique de novias y la vendedora dice que el vestido que quiero ya está reservado. Está insinuando que no puedo pagarlo. Si no vienes ahora mismo, creo que me voy a poner a llorar...".
Tras escuchar la respuesta de Joshua, sonrió, radiante de suficiencia. Colgó y le dedicó a Daniela una mirada triunfal. "¿Este vestido? Vas a dármelo, te guste o no".
Daniela rio por lo bajo, con un matiz de burla. En lugar de discutir, le hizo una seña a la vendedora para que le trajera un café, se acomodó con elegancia en una silla y abrió el catálogo que estaba sobre la mesa. "Pareces muy segura de que vendrá a ponerse de tu parte".
Bella entrecerró los ojos y sus labios se curvaron en una mueca de desdén mientras se inclinaba hacia ella. "Él está enamorado de mí, no de ti. Piensa lo que quieras, pero aunque logres arrastrarlo al altar, nunca pronunciará los votos. Te convertirás en el hazmerreír de todos cuando te abandone".
Una certeza gélida emanaba de sus palabras, y Daniela reconoció cuánta verdad había en la amenaza de Bella.
Aun así, cuanto más la presionaba Bella, menos ganas tenía Daniela de contenerse.
Pocos minutos después, Joshua irrumpió en la boutique a paso rápido.
Se detuvo en seco al ver a Daniela, tan serena, bebiendo café como si fuese la dueña del lugar. Su voz se tornó áspera. "Daniela..., ¿qué haces aquí?".
Ella dejó la taza a un lado con deliberada calma y paseó la mirada entre él y Bella. "Vine a la prueba de mi vestido de novia, tal como acordamos. Pero parece que Bella está decidida a quitármelo. Así que, Joshua, dime, ¿debo dejárselo?".





