Mi Alumna Favorita

Mia se levantó de la cama y se dio cuenta de que la habitación se sentía diferente. Había una nueva energía en el aire, una sensación de liberación y autenticidad que nunca había experimentado antes. Se sentía poderosa, pero al mismo tiempo algo cohibida. El día anterior se había auto explorado por primera vez en su vida, y las sensaciones que la invadían eran nuevas y contradictorias.

Cherry estaba durmiendo en su cama. Observó a la muchacha: su piel tan blanca como la nieve y su rostro ovalado se volvían incluso más pálidos cuando ella se maquillaba con sus sombras y su labial negro. Decidió no molestarla y entró en el baño para arreglarse para la clase de ese día.

Mientras se preparaba para la siguiente clase, Mia reflexionó sobre lo que había descubierto ayer. Se dio cuenta de que había dejado que las opiniones y expectativas de los demás la limitaran durante mucho tiempo. Pero ahora, gracias a la provocación del profesor Insfrod y su propio acto de autodescubrimiento, se sentía lista para desafiar esos límites y seguir su propio camino.

Aunque todavía había muchas preguntas en su mente y desafíos que enfrentar, Mia estaba emocionada por el viaje que tenía por delante. Sabía que no sería fácil romper con las normas y expectativas sociales, pero estaba dispuesta a luchar por su propia libertad y expresión. De hecho, eso era el arte, ¿no? Libertad y expresión.

Con cuidado de no despertar a Cherry, Mia salió del cuarto de baño, pero descubrió que su compañera de habitación ya estaba despierta.

—Hola, Cherry. Buen día —la saludó. Cherry la miró con los ojos entornados y todavía absorta por el sueño.

—Hola, Mia. Buenos días —saludó la muchacha, reacia a levantarse.

Mia decidió no mencionar nada sobre su experiencia de la noche anterior. Aunque había sentido una conexión más profunda con su propia sexualidad y deseaba compartirlo con su amiga, también sabía que no todos estaban preparados para ese tipo de conversaciones abiertas.

Se acercó al armario y comenzó a buscar su ropa para el día. Mientras lo hacía, Cherry la observaba con curiosidad.

—Oye, Mia, ¿te pasó algo anoche? Pareces diferente, como si hubieras descubierto algo nuevo —comentó Cherry, intrigada.

Mia se detuvo por un momento y miró a su amiga. Aunque no estaba lista para revelar todos los detalles, decidió ser honesta con ella, pues ya habían sido tres años de compartir múltiples experiencias y vivencias. Se conocían bastante bien, y consideraba que podía compartir con ella lo que había pasado anoche.

—Pues sí… —empezó tímidamente—. De hecho, tuve una experiencia que me hizo reflexionar mucho. Me di cuenta de que he estado dejando que las opiniones de los demás me limiten y he decidido tomar las riendas de mi propia vida, incluyendo mi sexualidad y mi expresión artística. Es un proceso de autodescubrimiento en el que estoy embarcada y estoy emocionada por ver a dónde me lleva.

Cherry la miró con sorpresa, incapaz de creer lo que acababa de escuchar.

—¿Autodescubrimiento y sexualidad? ¿Acaso…? —la mente ágil de Cherry unió los cabos sueltos en un segundo—. ¿Acaso nunca te habías tocado?

Mia se sintió un poco incómoda por la franqueza de la pregunta de Cherry, pero decidió responder con honestidad.

—Bueno, en realidad no. Nunca había explorado mi propia sexualidad de esa manera. Siempre me sentí cohibida y limitada por las expectativas sociales y los tabúes que rodean el tema. Pero ayer, algo cambió en mí y decidí enfrentar mis propios miedos y prejuicios. Fue una experiencia muy personal y liberadora.

Cherry asimiló la información y pareció comprender lo que Mia estaba pasando.

—Wow, Mia, eso es increíblemente valiente de tu parte. Pero, no puedo evitar preguntarte qué pasó, o quién te dijo que hicieras eso.

Mia tomó una respiración profunda, considerando si debía revelar el papel del profesor Insfrod en su descubrimiento. Finalmente, decidió ser honesta con su amiga y compartir parte de su experiencia.

—Bueno, en realidad, fue el profesor Insfrod quien provocó esta reflexión en mí. Durante la clase de ayer… No puedo contarte con palabras lo que pasó, pero digamos que fue algo… muy excitante —intentó explicarle—. Nos desafió a romper los límites y explorar nuestra propia expresión artística de manera más profunda. Sus palabras y provocaciones despertaron algo en mí, algo que había estado reprimido durante mucho tiempo. Me hizo darme cuenta de que tenía que enfrentar mis miedos y abrazar mi propia sexualidad y autenticidad.

Cherry frunció el ceño y miró a Mia con preocupación.

—Mia, ¿estás segura de que eso es apropiado? Yo sé que el profesor Insfrod es… bastante particular con su método de enseñanza, por algo su clase tiene tantos desertores como gente que quiere ingresar. No sé si confiaría en un profesor que te empuja a hacer cosas de esta manera. Suena un poco inapropiado y potencialmente manipulador.

Mia apreció la preocupación de Cherry y comprendió su punto de vista.

—Entiendo tus preocupaciones, Cherry, y valoro tu opinión. Sé que puede parecer inapropiado, y admito que también tengo mis dudas. Pero siento que hay algo en este proceso de autodescubrimiento que es genuino y liberador para mí. Estoy dispuesta a seguir adelante y explorar esto por mí misma, pero también estoy atenta a cualquier señal de que algo no esté bien. No quiero ponerme en una situación incómoda o peligrosa, pero también quiero ser fiel a mí misma y a lo que siento que necesito hacer.

Cherry suspiró y se acercó a Mia, poniendo una mano reconfortante en su hombro.

—Mia, solo quiero que estés segura y protegida. Si crees que esto es lo correcto para ti, te apoyaré. Pero también quiero que estés atenta a tus propios límites y a cualquier señal de que algo no esté bien. Si necesitas hablar o si algo te preocupa, prométeme que me lo dirás, ¿de acuerdo?

Mia asintió, agradecida por el apoyo y la preocupación genuina de su amiga.

—Gracias, Cherry. Aprecio tu apoyo y tus palabras de precaución. Prometo ser consciente de mí misma y mantenerme segura en este proceso. Y, por supuesto, siempre puedo contar contigo si necesito hablar o compartir mis preocupaciones.

—Bien. Por ahora vistámonos y vamos a desayunar. Muero de hambre.

Mia esperó a su amiga y juntas caminaron hacia el comedor estudiantil, donde disfrutaron de un delicioso desayuno. Pese a encontrarse en la misma carrera, tenían horarios y comisiones diferentes, por ende, mientras Cherry tenía clases de Historia del Arte, Mia disponía de una hora libre. La empleó para ir a hablar con el profesor Insfrod y contarle del resultado de su “propuesta indecente”.

Caminó hacia el aula donde, por lo general, se dictaban las clases de Dibujo III, pero no encontró al profesor Insfrod en ese lugar. Quizás estaba en su despacho.

Mia se dirigió allí sin pensarlo dos veces. Tocó la puerta suavemente, y sin esperar respuesta, entró. No había nadie. El despacho estaba totalmente vacío. El escritorio lucía una organización pulcra y masculina, con algunas obras de arte colgadas en las paredes y algunos papeles amontonados y clasificados siguiendo un sistema propio y de invención del mismo profesor.

Escuchó un ruido y una voz ahogada detrás de una puerta entreabierta. Mia se acercó hacia allí, mientras el ruido se intensificaba. Empujó un poco la puerta y espió por la abertura que ésta brindaba, y lo que vio la dejó sin habla.

Toda la habitación estaba a oscuras, excepto por una lámpara que colgaba sobre una muchacha con unos hermosos y grandes aros de perla como única prenda de vestir, se encontraba sobre la estructura que usaban los modelos al momento de posar. La muchacha tenía las piernas abiertas, con el rostro de Rhian en medio de su ser.

Mia quedó completamente sorprendida por la escena que presenció. Se sintió invadida por una mezcla de emociones: sorpresa, confusión, e incluso una pizca de excitación. No sabía cómo reaccionar o qué hacer en ese momento. No sabía si quedarse o irse… La muchacha continuaba gimiendo y suspirando mientras el profesor seguía con sus atenciones, acariciando y lubricando con su lengua las puertas de su cuerpo, mientras con los dedos aumentaba la excitación en la estudiante.

Quizás por su sexto sentido, o por otra cosa, la estudiante que estaba recibiendo las atenciones del profesor, se percató de la mirada de Mia. Dirigió sus ojos hacia los de ella, mirándola fijamente mientras no dejaba de gemir.

El rostro de la muchacha se tiñó de un rojo escarlata tan intenso que emulaba el color de una fresa lista para ser cosechada. Y mientras esa estudiante seguía gimiendo y acariciando sus senos mientas Rhian no dejaba de complacerla, ella se mordía el labio inferior, sonriendo y disfrutando de la presencia de la pequeña voyeur.

Mia no podía moverse, pero tampoco podía dejar de observar lo que estaba viendo. La escena frente a sus ojos era impactante y desafiaba todas las expectativas y normas sociales. Mia se sentía atrapada entre la curiosidad, el asombro y una extraña excitación. Sin embargo, también experimentaba una sensación de culpa y conflicto interno. Sabía que lo que estaba presenciando era una situación íntima y privada, y se preguntaba si era ético o correcto estar observando sin el consentimiento de las personas involucradas.

Por un momento, consideró cerrar la puerta y salir discretamente, respetando la privacidad de los demás, pero... Sus piernas y sus manos no reaccionaban... Se quedó allí, mirando ese espectáculo, con la mirada de la muchacha clavada en sus ojos, hasta que ella alcanzó el clímax, y dejó salir todo su deseo en feroz torrente de placer.

Rhian se separó del cuerpo de la muchacha y se acercó a su boca para besarla apasionadamente.

—Tenemos compañía —le anunció seductoramente la muchacha. Indicó con los ojos la rendija de la puerta, y el profesor dirigió su mirada hacia allí.

Mia se acobardó ante la mirada del profesor, e intentó irse, pero la potente voz del docente la detuvo.

—Si te quedaste para la función, quédate para los créditos —le ordenó.

Mia se pegó contra la pared, y guardó silencio. El profesor salió de la habitación y enfrentó al invitado. Cuando se dio cuenta que era ella, su semblante cambió de serio a divertido.

—Ah, señorita Lacourte. Qué sorpresa —le dijo con una sonrisa mientras la pobre Mia seguía sin poder moverse ni respirar, pero con el rostro bien rojo.

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