Elsa siguió a Greenwood al restaurante y allí pidió un plato de fideos de mijo. Al terminar de comer, este le pidió que dieran un paseo juntos, y sin más vacilación, la otra accedió. Eran compañeros de secundaria, por lo que compartían muchos temas de conversación. Si no contara su incomodidad por su contacto físico, la chica se llevaba bastante bien con su novio. Por aquel entonces, cuando aún no estaban tan familiarizados entre sí, aprovechaban de que tenían muchos compañeros y maestros en común para hablar de su época escolar. Desde entonces, se habían conocido mucho más el uno del otro.
Durante el paseo, ella había sugerido cientos de veces que necesitaba comprar ropa, pero el chico, simplemente, había evitado esa sugerencia una y otra vez. Al ver que ya no iba a insistir, Greenwood sugirió: "¿Qué tal si vamos al cine? Ya he comprado entradas, palomitas de maíz y coca cola. Es un buen plan".
La chica parpadeó sorprendida, sin saber que eso formaba parte del plan que el hombre había hecho para salir con la hija del director al día siguiente. Pero considerando que ese era su último día con Elsa, él bien podía ser generoso con ella por una vez.
"Tal vez otro día. Me quedé despierta toda la noche y no quiero que mañana se preocupen por mí", dijo en tono de disculpa, señalando las profundas ojeras debajo de sus ojos.
Aunque un poco decepcionado, él mantuvo el tipo con una sonrisa fácil: "Está bien, puedes irte y descansar bien. Te veré mañana, ¿de acuerdo? Conduce con cuidado".
A causa de su trabajo, disponía de un coche de segunda mano para llegar a casa así que, simplemente, asintió.
No sabía si estaba aliviada o no de que su prometido finalmente se marchara. Fue como si se quitara de encima otra pesada carga. Sin embargo, se mantuvo firme. Su padre ya estaba enfermo y no quería preocuparlo más. Además, ella ya era mayor.
Aún podía recordar una escena de hacía dos años: una vecina había saludado a su madre y le había preguntado si Elsa ya estaba casada.
Cuando Blanche negó con la cabeza, la mujer había abierto los ojos con sorpresa diciendo: "¿Cómo? ¿No es ya lo suficientemente mayor?".
En su ciudad natal, no casarse a mediados de los veinte suponía convertirse en la comidilla de todo el vecindario y ella no pudo evitar sentirse insultada por la reacción de aquella mujer.
Después de aparcar el coche en el garaje, arrastró su cuerpo cansado hasta el edificio de apartamentos de la empresa con su bolso en la mano. El apartamento tenía tres habitaciones individuales, una por persona. No tenía sala de estar, por lo que cada uno solía irse a su cuarto respectivo. Como disponía de todos los requisitos básicos, ella se sentía bien viviendo allí.
Pero, solo personas como ella se sentirían bien viviendo en un lugar como aquel. En términos generales, la gente local o los que tenían familia no podrían vivir en un lugar así, sin absolutamente ninguna privacidad. Nada más entrar, se dio cuenta de que sus compañeros de piso estaban cocinando manitas de cerdo.
Ella arrugó la nariz y se dio una ducha. Una de las razones por las que eligió a Greenwood fue que él no podía renunciar a su puesto de profesor estable en los suburbios mientras que ella tampoco podía renunciar a su trabajo favorito en la ciudad. Como estaban separados por un viaje en autobús de tres horas, estaba bien que ambos se vieran únicamente los fines de semana.
En cierto modo, no quedarse a su lado la hacía sentir un poco culpable pero, por otro lado, no podía evitar apreciar lo considerado que era él en este asunto.
Acostada en la cama mientras sostenía una colcha con las manos, se fue quedando dormida lentamente con la música de fondo sonando en la habitación contigua.
De repente, sonó su teléfono móvil y la despertó. Miró su reloj, vio que eran las 4:10 de la madrugada y frunció el ceño. Su permiso por matrimonio había comenzado ayer, por lo que no podía ser su jefe y, además, ella era la novia, por lo que debería estar anhelando el día de su boda.
Enterró su teléfono debajo de las sábanas hasta que finalmente dejó de sonar. Dio unas vueltas en la cama, pero ahora estaba más despierta por culpa del teléfono. Sus ojos estaban pesados mientras la somnolencia se desvanecía lentamente.
Cuando miró su teléfono, sus cejas se fruncieron al ver el nombre de Greenwood.
'¿Por qué me llamaría en este momento?', se preguntó.
Justo cuando estaba a punto de devolver la llamada, él volvió a llamar y habló con voz vacilante: "¿Te importaría venir al hotel?".
"¿Podemos discutirlo mañana?", dijo ella, frunciendo el ceño. Aunque ya no podía conciliar el sueño, no tenía pensado conducir hasta allí en medio de la noche.
"¡Es realmente importante!", dijo él, sin darle otro segundo para decir nada antes de colgar el teléfono.
"¿Hola? ¿Hola?", insistió Elsa, molesta.
Se puso en pie y se vistió. Cuando notó el estado de alerta en la voz de su prometido, se dio cuenta de que debía tener algún problema para haberla llamado en una noche como esta. Mientras conducía, podía sentir un dolor sordo en las sienes debido a la ansiedad y la falta de sueño.
Finalmente llegó al hotel y un hombre trajeado llegó para recibirla. "¿Es usted la señorita Xia? Soy el gerente del hotel. Puede llamarme señor Wu. Tengo algo que preguntarle sobre su prometido, el señor Li".
Ella arrugó la frente y le siguió hasta la oficina principal. No sabía lo que ocurría, pero por lo que parecía, estaba en el punto de mira. Sin embargo, simplemente no sabía qué esperar y se mordió el labio inferior.
Empezó a darle vueltas en su cabeza. Había dejado su número de teléfono y dinero cuando reservó la habitación para que sus padres pudieran registrarse con sus tarjetas de identificación. Sus padres aún no habían venido al hotel pero Jane y Little Bun sí que fueron a quedarse. ¿Les habría pasado algo?
Las palmas de sus manos comenzaron a sudar, sólo de pensarlo.
"¿Señorita Xia? ¿Señorita Xia?". El señor Wu ya había abierto la puerta, esperando a que ella entrara.
El hombre que estaba sentado frente a ella le resultaba extremadamente familiar. Después de pensarlo un rato, sus ojos se abrieron como platos. ¡Ese era el hombre que había conocido el día anterior! Se giró, con un rubor formándose en sus mejillas.
Vio que Greenwood estaba sentado al otro lado, con la cara cubierta de moretones. "¡Elsa, estás aquí!", dijo él, aliviado al verla.
"¿Qué ocurre?", preguntó, corriendo hacia él. Tenía una cicatriz en la comisura de los labios y, cuando abrió la boca, vio que se le había caído uno de los dientes frontales. "¿Que ha sucedido?". La ropa que llevaba estaba rota y sucia como si acabara de salir del bosque.
Él quería contarle todo lo que había sucedido, pero empezó a tener dificultades para hacerlo pero, como no tenía otra opción, decidió hacer tripas corazón. "Bueno, nos vamos a casar mañana, ¿verdad? Quiero decir, el banquete y la ceremonia tienen lugar mañana en este hotel, ¿no?".
Ella asintió.
Como periodista experimentada, sabía cuándo era el momento de escuchar y cuándo era el momento de hablar. Cuando se enfrentó a él, no lo miró como su prometido sino como a cualquier otro entrevistado al que tuviera que hacer frente. Ella asintió de nuevo, animándolo a que siguiera hablando.
Animado, continuó: "Sé que te quedabas en el hotel esta noche, así que pensé, como tu prometido, que tenía derecho a entrar a tu habitación".
"Uhm...". Ella arqueó las cejas, pero dejó que siguiera hablando.
"Pero ese hombre me golpeó y ahora me quiere llevar a la comisaría por robar. El gerente Wu intervino para mediar en el asunto, por lo que te pidió que vinieras para probar mi identidad".
Ella frunció el ceño y dijo: "Pero yo no te di la tarjeta de mi habitación".
Se la había dado a Jane.
"Bueno, lo tomé de tu sitio cuando estábamos en el café. De todos modos, seremos una pareja legal, así que nuestro matrimonio está de acuerdo con la ley", añadió mirando a Soren y al señor Wu. "¿Lo ven? Aquí no hay ningún problema".
Señaló a Soren y dijo: "¡Y tú! No te he preguntado por qué estabas en su habitación. Puedo mandarte a la policía".
De repente, Elsa se sintió molesta mientras caminaba hacia su prometido y bajaba la voz hasta ser apenas un susurro. "¿Por qué has venido aquí? ¿Por qué no me llamaste? Tomé la tarjeta de la habitación del suelo porque alguien la dejó caer. Se suponía que debía entregarla en el área de recepción, pero me distrajiste. Y en cuanto a la habitación que reservé, mis amigas están ocupándolo".
La chica suspiró y, rápidamente, miró a los dos hombres y dijo: "Lo lamento muchísimo. Todo es un malentendido".
El señor Wu exhaló un suspiro de alivio. Realmente no quería que le pasara nada malo al hotel y todo esto podría afectar a su negocio y a su reputación al mismo tiempo. "Señor Wang, después de todo, es solo un malentendido. La señorita Xia ya lo ha explicado claramente".
"En ese caso, fui demasiado lejos. Es sólo que, con las regulaciones, pensé que estaban atrayendo a ladrones y violadores". Aunque su voz no era fuerte, aún resonaba por toda la habitación, llamando la atención de todos hacia él.
Entonces fue cuando Elsa se dio cuenta de que llevaba una camisa de camuflaje verde militar.
"Bueno, esto demuestra que, en el futuro, deberíamos invertir más en seguridad. Lamentamos mucho lo que ha sucedido. Le reembolsaremos lo que pagó por la habitación en su tarjeta, señor Wang".
"Eso es innecesario. Yo también soy responsable de lo ocurrido. Pensé que había olvidado la tarjeta de la habitación dentro, así que no se lo comuniqué al personal a tiempo. Simplemente le pedí al camarero que usara la tarjeta de repuesto para abrirme la puerta", dijo Soren, se encogió de hombros y agitó la mano en señal de despido.
"También es mi culpa. Si ha sufrido alguna pérdida, yo también puedo pagarla", insistió Elsa. Lo que Greenwood había hecho la hizo sentir aún más incómoda, pero aun así tenía que ser responsable del malentendido que había causado y soportaría las consecuencias de su propio descuido.





