¿Me casé con un multimillonario inconsciente?

"Valerie, ¿es esa la forma de hablarle a tu padre?". La voz era suave, pero su tono burlón hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Valerie. Dos figuras entraron con paso pausado en la habitación, y el corazón de Valerie dio un vuelco.

Alzó la vista de golpe y se encontró con Javier, el hombre al que una vez amó con toda su alma. Él llevaba del brazo a su hermanastra, Lacey Brown.

Javier sujetaba a Lacey con un aire posesivo, y su mirada recorrió a Valerie con absoluto desprecio.

"Eres una mujerzuela falsa y promiscua", siseó, con palabras cargadas de veneno. "Gracias a Dios que me di cuenta a tiempo de quién eras en realidad y elegí a Lacey. Si nos hubiéramos casado, ¡habría sido el hazmerreír del siglo!".

A Valerie se le cortó la respiración. Retrocedió tambaleándose; el impacto de aquellas crueles palabras fue como un golpe físico. La incredulidad la paralizó mientras miraba al hombre que una vez creyó suyo. Su mente zumbaba y, en ese único y devastador instante, sintió que el mundo se derrumbaba a sus pies.

"Javier, por favor, no seas tan duro con mi hermana", dijo Lacey con voz melosa, recostándose contra él con fingida preocupación. "Solo fue un error que cometió en el calor del momento, estoy segura de que no era su intención. Valerie siempre ha sido excepcional, es mi modelo a seguir".

Sus palabras pretendían ser magnánimas, pero el brillo de arrogante satisfacción en sus ojos revelaba la verdad: todo marchaba a la perfección según su plan.

De pronto, soltó un jadeo y avanzó con una exagerada expresión de sorpresa. "Valerie, tu cuello…".

Señaló con delicadeza las marcas rojas en la piel de Valerie, con una expresión de falsa vergüenza en el rostro. Vaciló y desvió la mirada hacia la cama deshecha, como si la timidez le impidiera continuar. "¡Dios mío! ¿Con quién estuviste anoche? ¿Cómo pudo dejarte aquí tirada de esa manera? Es… terrible".

Valerie permaneció inmóvil, con el rostro impasible, observando las manos entrelazadas de la pareja. Sentía una opresión dolorosa en el pecho, como si una mano invisible se lo estrujara con cada palabra que decían, robándole el aliento.

De pronto, todo encajó.

La llamada de la noche anterior, el tono inusualmente suave de Javier al invitarla al Hotel Majesty con la promesa de una sorpresa… ¿Era esa la sorpresa? ¿Entregarla a la cama de otro hombre?

Valerie palideció y su cuerpo tembló ante la brutalidad de la revelación.

La verdad la golpeó como una ola gigantesca: Javier y Lacey lo habían orquestado todo.

Habían conspirado a sus espaldas, moviendo los hilos, y ahora se plantaban frente a ella con una falsa superioridad moral, como si tuvieran derecho alguno a juzgarla.

¿Acaso creían que era tan fácil de manipular? ¿Que simplemente se derrumbaría?

Una ira aguda y abrasadora se encendió en su interior, creciendo a cada segundo hasta sofocar la humillación.

La mirada de Valerie se ensombreció y sus ojos se entrecerraron, fijos en Lacey. Ella permanecía de pie, con aire triunfal y el dedo aún levantado en un gesto de falsa preocupación.

Sin previo aviso, Valerie se abalanzó sobre ella. Le sujetó el dedo con el que la señalaba y se lo torció con una fuerza brutal.

"¡Ah!".

El chasquido del hueso al romperse fue nítido e inconfundible. El rostro de Lacey se contrajo en una mueca de dolor y conmoción.

"¡Mi mano! ¿Qué me has hecho?".

"¡Valerie! ¿Te has vuelto loca? ¿Cómo te atreves a atacar a tu hermana?", retumbó la voz de Craig, cargada de sorpresa y alarma.

Corrió al lado de Lacey y la rodeó con sus brazos en un gesto protector, protegiéndola como si Valerie fuera una especie de monstruo.

"Lacey, déjame ver", murmuró, y su enojo dio paso a la preocupación mientras la sostenía con cuidado.

Lacey se acurrucó contra Craig, con la voz temblorosa y una inocencia estudiada.

"Papá, no es nada, estoy bien. No debí decir esas cosas…".

La expresión de Craig se endureció aún más. Entrecerró los ojos al mirar a Valerie, y su mirada destilaba pura rabia. La observaba como a una enemiga, no como a su propia hija, en un brutal contraste con la ternura que le había mostrado a Lacey momentos antes.

"¡Valerie!", ladró, y su voz sonó como un latigazo. "¡Pídele disculpas a tu hermana ahora mismo!".

La exigencia quedó suspendida en el aire, pero Valerie no se inmutó. La opresión en su pecho se transformó en algo más oscuro. Una risa amarga se escapó de sus labios y sus ojos brillaron con fría burla al enfrentarlo.

"¿Hermana? ¿De qué hermana hablas?", espetó, con la voz teñida de veneno. "Mi madre solo tuvo una hija, y esa soy yo. No tengo ninguna hermana".

Sus palabras cayeron como una bofetada. La habitación pareció congelarse mientras Valerie daba un paso al frente, con el disgusto grabado en el rostro. "Nos echaste a mi madre y a mí por ese par de arpías. ¿Acaso ya olvidaste de dónde proviene tu fortuna?".

Su mirada se desvió hacia Lacey, quien seguía haciéndose la víctima en los brazos de Craig. "No importa cuánto le duela ahora, no es nada comparado con lo que me debe. Se lo tiene bien merecido".

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