La puerta de la oficina se cerró. Y no tardo en escucharse unas palabras llenas de admiración de parte de Paul.
"Señor, la señora Ana terminó siendo muy diferente a lo que se investigó. Resulto ser una buena mujer que no lo discriminó, e incluso no tuvo miedo de verlo con su piel falsa."
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"Para mí también fue una sorpresa Paul"
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Ernest se levantó de la silla de ruedas y admitió ante las palabras de su mayordomo. Quitándose la máscara de piel cicatrizada, que era difícil de detectar que fuera falsa incluso con el mejor ojo, y ahora mostrando un rostro puramente limpio y atractivo. Que los que lo apodaron como un monstruo feo se quedarían sin palabras.
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"Mi pequeño hermano quiso que me casara con una mujer para que me intimidara y me hiciera pasar humillaciones. Pero resultó darme todo lo contrario, Ana es una mujer demasiado interesante. Tuvo una gran recompensa el matrimonio"
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"Estoy de acuerdo señor"
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Paul asintió con una reverencia. Caminando Ernest hacia su escritorio, y sentándose con sus piernas largas. Un poco cansado, de tener que fingir no poder caminar hoy.
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Aunque llevaba diez años fingiendo no hacerlo luego de estar involucrado en un accidente cuando tenía dieciocho años, y ahora que estaba casado con Ana, tendría que cuidar aún más su disfraz. Ya que todavía, a pesar de que le dio una buena impresión a Ernest, aún así no era suficiente para confiarle un secreto tan importante a ella.
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Primero tenía que seguir conociéndola. Porque no iba a arruinar su plan de muchos años por un sentimiento fugaz. De nada habría valido la pena fingir ser débil durante diez años con un disfraz.
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"¿Ordenaste las cosas que llegaron de la mansión Parvis en su habitación?"
Ernest preguntó. Contestando con seriedad el mayordomo viéndolo leer unos documentos con una expresión seria.
"Si señor, pedí que ordenaran todo lo que fue enviado de la mansión Parvis. Solo fueron pocas cosas..."
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"Bien, pero ahora quiero que trasladen sus cosas a mi habitación. Cambie de idea al no dormir con ella"
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Eso sorprendió a Paul. Mirando a su joven maestro con los ojos bien abiertos. Dudando de aceptar su petición.
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"Señor...¿no será difícil mantener su disfraz?, será complicado e incómodo en la noche si tiene que fingir ser lisiado y dormir con la máscara puesta. Le recomiendo que mejor deje a la señora Ana en una habitación diferente para que tenga comodidad y-"
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"No"
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Ernest lo interrumpió y mantuvo una negativa, dedicándole una mirada cortante a su mayordomo.
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Antes, no quería compartir habitación con Ana porque ya había leído la información de como era ella, y estaba dispuesto a mantener su distancia tras casarse para que no se relacione en sus asuntos. Sin embargo, ese pensamiento se desvaneció un poco.
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Aún sino confiaba en ella en su totalidad para decirle su secreto, la idea de estar más íntimo con ella no le desagradaba, al contrario, sería bastante satisfactorio para él ser más íntimos. Después de todo, ya se han besado varias veces cuando eso no estaba en sus planes al momento en que llego al altar.
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Y sobretodo...Ana era una mujer muy hermosa sin igual. Con una cabellera rubia y unos ojos verdes muy brillantes. Además, de que tenía un carácter y una personalidad que le gustaba bastante.
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Llegando a sorprenderlo a él mismo de eso.
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"No dejaré que descubra que no estoy lisiado y que estoy usando una máscara de piel. Así que no preocupes Paul, y traslada las cosas de ella a mi habitación. Yo mismo le informaré de ese cambio una vez que termine de cambiarse"
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"...Entendido señor"
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Ante eso Paul, ya no pudo decir nada más. Y solo se dio la vuelta para salir de la oficina y cumplir la orden que le dio Ernest. Dejándolo solo, pero con el pensamiento de que la verdad, la mala intención de su familia enserio resulto muy agradable en esta ocasión.
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(...)
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"...Dije que cuidaría de él, ¿así que esta bien que me encargue de sus comidas verdad?"
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Ahora mismo, Ana debatía para si misma en la cocina. Había logrado saber dónde quedaba después de cambiarse su vestido de novia a una muda casual, gracias a una empleada que pasó por el pasillo que la guió con amabilidad. Y ahora, había pedido que le den la oportunidad de cocinar.
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No sabia que le gustaba a Ernest, ni que clase de comidas no podría comer. Por eso se puso un delantal y se ató su cabello, examinando la dispensa y el refrigerador con seriedad, viendo que solo había ingredientes saludables que eran bastantes caros. Algo que ella nunca tuvo la oportunidad de comer.
"...Creo, que hay cinco mil en esta parte de la nevera"
Trago grueso al mirar las etiquetas de precios de algunas cosas. En tan solo la comida, ya superaba por mucho sus gastos de vida en dos años. Así que le daba dolor usar esos ingredientes.
Pero al final, dejó el remordimiento y lo hizo. Empezando a preparar una cena ligera para Ernest. Pensando que más tarde le preguntaría que le gustaba en profundidad.
Sin embargo, cuando estaba terminando, él mismo apareció en la cocina siendo empujado en su silla de ruedas por Paul, con una mirada tan desconcertante al encontrarse con la vista de ver a Ana cocinar.
"¡Ah, cariño!"
"..."
Ana, lo saludo en el momento en que se percató de su presencia. Se acercó a él apresuradamente y se agachó cerca de sus piernas con una hermosa sonrisa. Haciéndolo sentir aún más extraño.
Con cada segundo admitiendo que tenerla de esposa no era para nada malo. Y que la decisión de compartir habitación con ella, estaba justificada con seriedad.
"Cariño, fui a buscarte a donde estabas cambiandote. Y resultó que estabas aquí"
Ernest empezó a mencionar. Sin tardar Ana en tomar sus manos asintiendo.
"Antes dije que cuidaría de ti cariño, así que pensé en encargarme de tus comidas"
"...Eso no es-"
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Ernest estaba a punto de decir que no era necesario que ella se encargara de eso cuando tenían uno de los mejores chef del país. Pero rápidamente cambió de opinión. Si quiere mimarlo y cuidarlo de esa manera, no era algo a lo que negarse. Deja que haga lo que quiera.
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"¿Qué fue lo que preparaste cariño?"
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Así que al final cambió su oración. Volviendo Ana a ponerse de pie, mientras le decía a Paul que ella empujaría su silla de ruedas para acercarlo a lo que había cocinado. Encontrándose Ernest, nuevamente una vista sorprendente al ver la comida.
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La cual se veía con una buena presentación.
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"Se ve bastante bien cariño"
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Reconoció agradablemente. Causando que una gran sonrisa apareciera de parte de Ana, mostrándose muy abiertamente en su rostro mientras se inclinaba un poco.
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"Entonces pruébalo ahora cariño" le sugirió expectante.
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Desconcertado a Ernest que la miro dos veces, esperando que lo empujara al comedor lujoso de su mansión para probarla. Pero al final solo lo guió a un mesón bajo, poniendo su comida delante. Teniendo una mirada plana.
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Debido a que hoy fue la primera vez en que entró a la cocina solo para buscar a Ana, ya que no le gustaba que su ropa absorbiera el olor del lugar. Pero ahora tener que comer en ese lugar, era un poco incapaz de manejar.
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"Vamos cariño"
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"..."
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Sin embargo, al ver la expresión brillante de la esposa que tenía frente a él, esperando que probara lo que hizo. No pudo seguir manteniéndose receloso, y solo empezó a comer como los empleados de la mansión lo hacen usualmente.
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Sorprendiendo a el viejo Paul. Abriendo los ojos ante la imagen de ver a su joven maestro comiendo sin quejas en un lugar como la cocina junto a Ana.
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Definitivamente era una imagen rara.
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"...Estuvo muy delicioso. Si mi esposa me cuidará así, entonces seré muy feliz todos los días"
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Ernest vació el plato de comida y alabó. Mostrándose Ana bastante contenta con una sonrisa tan brillante.
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Si era capaz de hacerlo sentir bien al preparar sus comidas, entonces lo haría todos los días. Aunque recordó su realidad.
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"Puedo hacerte el desayuno y la cena a partir de ahora cariño, pero no puedo hacerte el almuerzo debido a que estaré en la universidad. Mañana tengo que asistir nuevamente"
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Lo miro con pena. Ayer y hoy no había ido por todo el asunto del matrimonio, así que tenía que ir mañana sin falta porque quería conseguir una beca en este próximo semestre. Por eso Ernest, bajo la cabeza un poco entristecido. Ganándose más la compasión de Ana que se acercó a él. Acariciando con suavidad su rostro.
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"Se me olvidó un momento que eras una estudiante universitaria..."
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Dijo Ernest en voz baja, bajo la caricia de Ana que llegó a su máscara de piel falsa. Efectivamente, sin poder notar que eran cicatrices que no eran de él. Ya que se veía y se sentía como una misma herida.
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Por eso Ernest la miró, nuevamente sin notar ningún cambio en su expresión que denotara incomodidad por él y su rostro. Algo que le llegó a agradar, pero que era tan sospechoso que le generaba mucha curiosidad. Olvidándose del tema de la universidad por ahora.
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"Cariño...¿enserio no sientes disgusto al tocarme de esa manera?, la mitad de mi cara está llena de feas cicatrices debido a mi accidente. Y se por mí mismo el aspecto desagradable que me da..."
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La miro con pena, queriendo saber.
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Bien sea compasión o lastima lo que sienta Ana para tratarlo así, aún así, era imposible que no mostrara molestia. Aunque la disimule bien, como algunas mujeres que conoció en el pasado luego de su accidente. Que solo bastaba empujarlas más para que mostraran sus verdaderos colores. Y revelarán que solo aguantaban su apariencia monstruosa por el dinero que tenía él, al ser miembro de la familia Heinz.
Sin embargo, su comentario con una intención sutil. Solo hizo que Ana se enojara una vez más como en el auto, con sus cejas tan fruncidas que Ernest quiso retroceder por primera vez.
"¡Ya te dicho que no te expreses de ti de manera tan despectiva!. El hecho de que tengas esas cicatrices no quiere decir que tengas un aspecto repulsivo que me genere disgusto al tocarte, al contrario, me alegra de tener esa cercanía contigo. Estamos casados por un matrimonio arreglado, así que soy feliz de comenzar nuestra relación de esa manera..."
"..."
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Lo miro con seriedad acariciando más la parte de su rostro feo. Con sus ojos verdes brillando tan intensamente, mostrando su clara honestidad. Por eso Ernest la miro en silencio. Al ver que no podía sentir ninguna mentira. Ni un intento de convencerse a sí misma de que actuara así para ganarse más su favor.
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La verdad no sabia que decir. Salvo aprovechar la situación y actuar con más pena, con una actitud tan vergonzosa que hizo que Ana dejara su molestia y lo mimara.
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"Lo siento cariño...es que no estoy acostumbrado a que alguien no sienta molestia y repulsión por mi. Por eso es inevitable decir cosas así cuando alguien es bueno conmigo..."
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"Esta bien...perdona por gritarte enojada. Debí responder con más calma a tu pregunta cariño"
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Ana, se disculpó y lo besó nuevamente en el lado cicatrizado de su cara. Por eso Ernest hizo un puchero, actuando mimado con absoluto descaro. Llegando a indignar a Paul, de ver como su joven maestro actuaba solo para ser consentido por su esposa.
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"Quisiera que me besaras en mis labios en lugar de mi frente"
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Le pidió, sostenido la muñeca de la mano que todavía estaba puesta en su rostro, sin perderse el segundo en que el rostro de Ana enrojeció con timidez, antes de fruncir su boca y decidir besarlo en sus labios con suavidad.
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Encontrado Ernest esa reacción bastante encantadora.
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'Puede ser tan atrevida en varias oportunidades, pero si le ordenó directamente que me dé una muestra de afecto, su rostro puramente blanco pasa a ser rojo"
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Lo encontró gracioso.
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Aunque aún así, siguió disfrutando de los besos que le daba con tan poca experiencia. Olvidándose de mencionar que dormirian juntos en la misma habitación.





