¡No! ¡No! ¡No! ¡Y mil veces no!
No puedo creer que esto esté sucediendo, este no es el momento para encontrar a mi pareja, hoy es el día de largarme de aquí, eso quiere decir que no lo veré sino hasta dentro de un año. De todas formas, ¿qué pasa si me rechaza? No puedo quedarme en este lugar solo por eso, simplemente, no puedo.
Al escuchar a mi loba pronunciar aquella palabra con todas sus letras, comencé a entrar en pánico, mi mente creó miles de escenarios diferentes, pero, ninguno terminaba bien. Mis manos estaban completamente transpiradas y estaba hiperventilando.
Por otro lado, mi loba aullaba como loca de la alegría, mientras llamaba a su pareja una y otra vez. Ella quería que siguiera aquel olor, yo lo sabía muy bien. Y por la manera en que se estaba haciendo cada vez más fuerte, en cualquier momento él llegaría hasta nosotras. Pero, no me quedé para descubrir con quién estaba destinada a estar, de inmediato, empujé mi silla hacia atrás y salí corriendo lo más rápido que pude por la puerta trasera del salón de clases.
Definitivamente, no estaba preparada para eso, no quería una pareja.
Mientras tanto, mi loba no paraba de aullar y gruñirme por haberme alejado, pero no me importó, era un hecho que no podía encararlo, no lo haría. En lo único que podía pensar era en lo decepcionado que estaría él al descubrir que yo era su pareja y, sí, sé muy bien que probablemente haya exagerado, pero no pude evitarlo, es que, me acostumbré al hecho de que resulte ser una decepción para los demás.
Corrí a mi refugio, con todos esos pensamientos en mi cabeza; ese era el único sitio donde podía sentarme a pensar tranquilamente, y calmar mis corazón y mi mente.
Ese lugar era la biblioteca.
En realidad, la principal razón que tuve para ir allí fue la segunda persona que me trajo alegría en ese colegio: Cristina. Ella fue la única otra persona que me había tratado como a un ser humano real, si alguien podía notarlo, éramos casi la misma persona, aunque ella era mucho más hermosa. Sabía que la encontraría allí porque no tenía clases en ese momento, a diferencia de mí, ella era muy tímida con la gente, excepto conmigo y con Daniel.
Pude verla apenas entré en la biblioteca, estaba sentada en el piso en un rincón en el fondo, leyendo su libro favorito: 'Matar un ruiseñor', el cual nunca leí, pero ella me lo recomendó.
Cristina es realmente hermosa, con su cabello largo y rubio, y su increíble cuerpo; lo que era muy diferente entre nosotras. Ella seguía usando sus anteojos, pero ya no los necesitaría al cumplir los dieciséis, lo cual era pronto. Pensar en que no estaría allí para los cumpleaños de mis dos mejores amigos, me entristecía mucho.
Luego de llegar hacia ella, me senté también en el piso, al verme, cerró su libro y me dedicó una mirada de confusión.
"¿Pasó algo? Nunca vienes tan temprano", me dijo seriamente, pero con una suave sonrisa en su rostro. Suspiré, mientras apoyaba mi cabeza sobre el librero, ocasionando que su sonrisa se borrara y que una mirada de preocupación se apoderara de su rostro.
"Encontré a mi pareja", susurré, al tiempo que jugaba con mis dedos, sabía lo que Cristina pensaba acerca de las parejas. Ella siempre había querido una, por eso, estaba segura de que se molestaría conmigo por ser tan ridícula.
"¡Sabri, eso es increíble! ¿De quién se trata?", gritó con euforia, pero se tuvo que controlar en el momento en que la bibliotecaria la silenció.
"Yo no lo sé, no me quedé para averiguar quién era", respondí con nerviosismo, y mi cuerpo se estremeció al notar que su sonrisa se había esfumado. Sin embargo, me dedicó una mirada de simpatía, en lugar de fruncir el ceño, como pensé que lo haría.
"Y, ¿por qué no querrías saber quién es? ¿es porque te vas a mudar?", preguntó, mientras colocaba su mano sobre mi hombro y le daba un suave apretón.
"Sí, y no. No, porque, ¿qué pasa si me rechaza? Ninguno de los que asisten a este colegio querrían ser mi pareja, ¿qué dice que él sería diferente?", continué divagando, para luego gemir y meter mi cara entre mis manos.
Justo en ese momento, escuché el sonido de mi celular, indicando que tenía un nuevo mensaje, lo saqué suspirando, y abrí el mensaje. Al leer el nombre, pude ver que era Nicolás.
'Hola, Sabri. Mamá y papá dijeron que nos iremos temprano, así que, estamos afuera. Apúrate, es hora de irnos'.
El alivio se apoderó de mí cuando leí ese mensaje, ya no tendía que preocuparme por toparme con mi pareja hoy. Me giré hacia mi amiga y le expliqué lo que decía el mensaje, de inmediato, me abrazó con fuerza y me deseó suerte. Luego, salí de la biblioteca en busca de Daniel.
Resultó muy fácil encontrarlo, lo vi en su clase y él me vio parada en la puerta del salón, al instante, pidió permiso para salir. Le conté que era hora de irme y, en respuesta, me abrazó. Una sonrisa apareció en mi rostro cuando me abrazó con tanta fuerza y me decía cuánto me extrañaría. Me aparté para despedirme y alejarme de él, después, corrí hacia mi casillero y saqué todas las cosas que necesitaba.
Fue ahí cuando lo olí.
Su olor inundó mis fosas nasales, justo cuando iba a cerrar la puerta, quería correr, pero ya era demasiado tarde cuando alguien me sostuvo contra los casilleros.
El olor me hizo silbar, pero lo ignoré cuando sentí las chispas recorrer todo mi cuerpo, ya sabía la identidad de mi pareja, por ello, no quería levantar la mirada. Mi cuerpo me desafió y lo hizo contra mi voluntad, al mirar a los ojos de él, lo único que pude sentir fue impresión.
El futuro Alfa, Santiago Torres.
"¿Me estás jodiendo? ¡Tú! ¿Por qué tenías que ser tú mi pareja? ¡No! ¡De todas las personas, eres tú!". No podía negar que cada palabra que él escupía, me dolía. Estaba consciente de cómo terminaría esto, y fue tal como lo pensé.
"Yo, Santiago Torres, te rechazo a ti, Sabrina Mendoza, como mi pareja", dijo, riéndose en mi cara. Entonces, mi celular comenzó a vibrar, sabía que eran mis hermano, y eso me ponía nerviosa. Nadie debería hacerlos esperar, sabía que si lo hacía, entrarían a buscarme, por eso, intenté apartarlo de mí y dije lo primero que me vino a la mente.
"¡No me importa nada! ¡Ahora, suéltame!". Sabía que aquel arrebato lo había tomado por sorpresa y, por un segundo, pude ver una ráfaga de dolor atravesar sus ojos pero, de inmediato, desapareció y, en su lugar, me empujó de nuevo mientras me miraba.
"¿Cómo que no te importa? ¡Ah! ¡Te acabo de decir que te rechazo! ¿Cómo es que no estás molesta? ¡Dime!", gritó, comenzando a aplastar mi hombro, debido a la fuerza que estaba ejerciendo sobre este.
"¡Te dije que me sueltes! ¡Sabía que lo más seguro era que me rechazaras! ¡Déjame ir ya, te veré dentro de un año!", grité, para luego apartarlo de mí. No puedo explicar de dónde salía toda esa confianza, supongo que, simplemente, ya había tenido suficiente de él, de todo su tormento hacia mí, sus palabras, sus acciones y, ahora, esto. Yo solo rompí.
Estaba impactada por completo por haber apartado a un Alfa de mí, aunque, lo más probable era que lo había tomado por sorpresa. Comencé a alejarme de él, pero grité cuando me tomó por la muñeca y tiró de mí, entonces, pude ver la confusión en su rostro.
"¿Qué significa que me verás dentro de un año?", preguntó, con evidente preocupación. ¿Por qué tendría que estar preocupado? ¿Acaso yo le importaba?
"Pregúntale a tu papá, ¡ahora, suéltame!", cuando le dije eso, fue soltando mi muñeca poco a poco, era obvio que estaba distraído, y me aproveché de ello, me aparté y lo deje allí. Al abrir las puertas delanteras, pude ver el auto de mis hermanos.
Finalmente, era libre. Por fin, podía dejar ese infierno, dejando atrás a la persona que había convertido mi vida en eso, sin embargo, no estaba feliz del todo.
Cuando subí al auto, me preguntaron por qué estaba tan callada, pero no respondí, solo podía enfocarme en el dolor que mi loba y yo estábamos atravesando debido a aquel rechazo. Siempre supe que pasaría, pero no pensé que dolería tanto, aun así, no podía permitir que ellos lo notaran. Me rehusaba.
Intenté hablar con mi loba, pero todo lo que hacía era gemir de dolor, le prometí que jamás permitiría que alguien nos lastimara así de nuevo. El camino a casa fue rápido y, antes de darme cuenta, ya estábamos en la vía hacia nuestro nuevo hogar.





