Los sueños hacen mucho teatro

Había transcurrido la primera mitad de las asignaturas cuando sonó el timbre de la hora de descanso, los alumnos tenían la oportunidad de ir a la cafetería o disfrutar de las mesas al aire libre para aquellos que llevaban la comida de casa.

-!Hey hermano!, iré a la cafetería por algo ¿Vienes?- preguntó Armando. Éste era un chico alto, un poco delgado, sus ojos azules destacaban de su piel blanca y su cabello castaño claro lo hacían el prototipo de chico soñado. Aunque sus calificaciones decepcionaban completamente a su futuro, Armando no tenía de qué preocuparse su familia tenía una posición alta y estable, no tan destacada pero lo suficiente para darle un futuro complaciente.

-Ve tú, tengo que arreglar unos asuntos de los gemelos- Explicó Romeo mientras sacaba unas cajas de comida de su mochila -Esos diablillos seguro quieren algo más que atención- concluyó con una gran sonrisa.

-Tenemos suficiente tiempo, te acompañaré, hace tiempo que esos niños me deben una explicación- bromeó Armando, la última vez que vió a los gemelos, estos le jugaron una broma demasiado fuerte, en la cuál terminó besando a Sam, por supuesto Romeo no sabía nada de esto, aunque no tenía nada en contra de Armando, ningún hermano podría asimilar tan rápido que su mejor amigo haya besado a su hermana. Por eso decidieron guardar el secreto, Armando dejó de visitar la casa de Romeo por temor a no ser lo suficientemente fuerte y terminar contándoselo.

Mientras caminaban al área de los niños de primaria, el par de amigos atraían miradas de las jovencitas, Armando por su atractivo físico y su coquetería, mientras que Romeo tenía fama de ser educado, caballeroso, su inteligencia era igual de excelente que su condición física, el uniforme no le hacía justicia, pero aún se podía notar su buen cuerpo.

Romeo era alto, tenía la piel bronceada, sus ojos color miel, su cabello negro y una hermosa sonrisa, su caminar tenía cierto porte que todos tenían la idea de que su familia tenía el estatus suficiente como para codearse con las más adineradas de la ciudad. Algo ciertamente equivocado, pero a Romeo esos rumores le daban igual, siempre procuraba ser recto, valiente, humilde y honesto, esos eran sus más preciados principios.

Cuando llegaron al área un guardia les pidió sus credenciales y los anotó en una libreta, esto era por protocolo, pues el guardia conocía muy bien a Romeo, el chico y sus 4 hermanos eran conocidos por la mayoría del personal de la institución.

-!Romeo! -Gritaron los pequeños gemelos al ver a su hermano acercándose.

Los gemelos, gozaban de piel blanca, cabello castaño y ojos verdes.-!muero de hambre!- -!haz tardado en llegar!- se quejaron.

- Diablillos, si no hubieran cambiado las cajas de comida, estaríamos en cafetería conquistando damicelas reduciendo el estrés de su pobre hermano- se quejó Armando, exagerando su tono lastimero.

- Tal vez debas ir a casa más seguido- guiño el ojo Teo - Seguro tus calificaciones han bajado desde la última vez- saco la lengua Tomas. Esta vez Armando supo que los chicos lo estaban amenazando con aquel día, por lo que decidió quedarse callado.

-Bueno estoy aquí, ¿Dónde está mi caja?- preguntó Romeo, pero antes de que pudieran contestar la voz de la maestra los interrumpió.

-Joven Arzú, me da gusto verlo, espero que esté aquí para hablar de los gemelos- dijo con voz preocupante.

Romeo miró a los gemelos, luego a su amigo, quien entendió la indirecta -Bueno gemelos más les vale que me compartan de su comida- susurró mientras los tomaba de la mano para ir al área de juegos.

Mientras tanto Romeo entro al salón con la maestra -Joven Arzú entiendo que estés muy ocupado y te hagas responsable de tus hermanos, pero los gemelos últimamente no siguen instrucciones, he pedido hablar contigo durante las últimas semanas pero al ver tu cara me parece que los recados no han llegado- explicó.

-Entiendo, ahora que estoy aquí, podemos hablar de ello- aceptó Romeo. La forma en que habló le dió un alivio a la profesora.

-Joven Arzú, los gemelos no pueden estar más en mi clase...- dijo con pesar la profesora.

- Asumiré la responsabilidad de sus actos profesora, como hermano mayor no he enseñado bien a mis hermanos, le suplicó un poco de tiempo para hacer los cambios necesarios- Se disculpo rápidamente Romeo. Mientras hacia una reverencia de disculpa, a lo lejos Armando miraba aquella escena, luego observó a los gemelos quienes tenían la cabeza agachada, claramente preocupados.

-Joven Arzú, no creo que lo entiendas...- dijo con todo preocupado - Mira esto- añadió entregándole a Romeo los exámenes de hace 3 semanas, después de observarlos con detenimiento miró confundido a la profesora.-¿Lo ves?- preguntó

-No entiendo, sus respuestas están correctas, ¿Es su actitud la inadecuada?- pregunto Romeo aún más confundido.

La profesora sonrió y negó con la cabeza - Bueno es cierto que los gemelos son inquietos y este último mes lo han sido más, han ido aumentando sus travesuras pero al cuestionar sus conocimientos siempre eran acertados...- Romeo seguía mirándola confundida-... Estos exámenes les fueron aplicados sólo a ellos, y todas sus respuestas fueron acertadas. Ellos están inquietos por qué los conocimientos de su clase ya no son suficientes para ellos. Estoy segura de que si los adelantamos de curso su mente tendrá en qué ocuparse, por lo tanto ellos ya no pueden estar más en mi clase- finalizó con gran emoción la profesora, había tenido un chico así antes y al igual que antes había creído que había hecho algo mal, los gemelos le recordaban tanto a ese niño y claro ahora estaba segura de que se debía a sus genes.- Ellos son como tú, Romeo Arzú- volvió a decir para sacar de ese trance al hermano mayor.

Romeo seguía mirando los exámenes, miró por la ventana a sus hermanos quienes también lo veían con una mirada preocupada, luego volvió a la profesora -Mis hermanos solo tienen 6 años, moverlos a una aula con niños 3 años mayores que ellos podría causarles problemas...-

-!Romeo!- interrumpió la profesora- Ellos pueden hacerlo, pueden lidiar con eso, los he observado, son inteligentes y rudos, no los dejes seguir tu sombra, dales una oportunidad, si no funciona yo misma veré qué regresen a mi clase-

-Profesora, temo que después de ser movidos no puedan volver a su vida normal- explicó Romeo

-Bueno, tu tenías miedo antes, deje que te quedarás esperando que algún día, alguien te llevará más lejos de lo que tú crees, pero aquí estás, estancado, si no dejas de lo intenten por ellos mismos, siempre estarán atados a ti y tu a ellos, Charly incluso ahora tiene problemas.- expuso preocupada

Romeo miró nuevamente los exámenes, el 100% eran aciertos, un 100 perfecto, 3 años adelantados, ¿No era esté un logro? ¿No era esto para lo que los preparaba todos los días, para destacar? -Puedo .... ¿Puedo hablarlo con mi madre?- titubeó -Yo cuido de ellos, trato de hacer lo correcto, pero mi madre es la que debe decidir, hablaré con ellos después de solucionar el problema de Charly- aceptó Romeo

-Bien- dijo aliviada -Llevate los exámenes, esperare tu respuesta -

-Su hermano ya viene, cambien esas caras- advirtió Armando -¿ Todo está bien?- preguntó bajito a su amigo.

-Tal vez- contestó Romeo, llamó a su a sus hermanos -siempre digan la verdad, confíen en mí, no importa qué lo resolveremos- les dijo.

-No queríamos que te enojaras- explicó Tomas.

-Tomaremos el castigo hermano- agregó Teo.

-Bien, me alegra que sepan que han hecho algo mal, como hombres que son deben mejorar sus actitudes, así que espero que se comporten - Les regañó Armando mientras frotaba su cabello despeinadolos. Armando siempre conseguía aligerar el ambiente, se preocupaba por la carga emocional de su mejor amigo.

Las risas pronto fueron apagadas por el llanto de una pequeña que se había caído, Teo y Tomas corrieron para ayudarla, pero ninguno consiguió que dejara de llorar, Romero se acercó a ella y con voz dulce le preguntó -¿Estás bien? ¿Te has perdido?- La pequeña que nisiquiera había volteado a ver a los gemelos, miró sorprendida al jovén, sin darle oportunidad de reaccionar se aferró a su cuello -Hermano mayor, llévame a mi salón- dijo llorando.

-¿Pero qué broma?- se quejó Tomas -le hemos ofrecido ayuda y nos ignoró- -Oye niña, ese es nuestro hermano- advirtió Teo.

-!Ahí estás! - la voz de una joven se escuchó a lo lejos. Pero antes de que Romeo pudiera asimilar de dónde provenía su amigo Armando le golpeó varias veces en el hombro.

Cuando Romeo alzó la vista solo pudo ver a la hermosa Alice Roselvelth agachada frente a él, sobándole la espalda a la pequeña niña que aún se aferraba a sus cuello.

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