Stefan exhaló un suspiro de alivio, aunque su expresión seguía siendo tensa. "Me alegro de escuchar eso".
Todavía de rodillas, Vince esbozó una leve sonrisa. Ese gesto agravó sus heridas, por lo que palideció.
El viejo mayordomo se dio cuenta y se volvió urgentemente hacia Xenia. "Señorita Holt, ¿podría ayudarme a sentar a Vince en su silla de ruedas?".
Xenia aún no se acostumbraba a su nuevo papel, por lo que se sintió un poco incómoda, pero ayudó con determinación al mayordomo a subir a Vince a la silla de ruedas.
Una vez sentado, este último se dirigió débilmente a la madre de Trevor. "Vickie, ¿estás feliz con cómo resultaron las cosas?".
"Sí, muy feliz. No te enfades conmigo, Vince. Como madre, conozco bastante bien la situación entre Xenia y Trevor. Xenia perdió su virginidad contigo, así que es justo que te hagas responsable de ella".
Luego, se acercó a la joven y agarró su mano con suavidad.
"Aunque no seré tu suegra, seguimos siendo familia. Puedes contar conmigo si alguna vez necesitas algo".
Ahora que conocía la historia completa, Xenia sonrió distante y tranquilamente retiró la mano. "Vickie, si me caso con Vince, me convertiré en tu cuñada".
El rostro de la mujer se puso rígido, pero no tardó en forzar una sonrisa. "Por supuesto".
Se veía tranquila, como si no estuviera molesta por la pérdida de una nuera.
Xenia recordó que Trevor le había dicho que su mamá la cuidaría, y se burló para sus adentros.
¡Tal vez no se imaginaba que su propia madre la llevaría a los brazos de su tío!
Vince sonrió con picardía. "Te ves muy contenta, Vickie. Has hecho un trato con la familia Nash, ¿cierto? Pronto tendrás aquí a su segunda hija. Felicitaciones de antemano".
La sonrisa de Vickie se desvaneció.
Xenia y Stefan no pudieron evitar mirarla.
El rostro de Vickie mostró un destello de inquietud, pero rápidamente ofreció a su suegro una buena explicación. "Stefan, Vince está en lo cierto. La familia Nash, propietaria de numerosos campos de golf, ha estado en contacto conmigo. Están bastante interesados en casarse con un miembro de nuestra familia. Siempre me comentan lo genial que es Trevor, ya que es un chico de buen carácter, leal y ambicioso. No son cualidades que suelen verse entre los jóvenes ricos. Yo les dije que no, porque estaba comprometido con Xenia. Pero ahora que ella se casará con Vince, estoy pensando en darle una oportunidad a la familia Nash".
Stefan era bastante astuto, así que entendió lo que estaba escondiendo. Con la mirada gacha, permaneció en silencio.
Como no sabía lo que su suegro estaba pensando, Vickie agregó: "Los Nash tienen una sólida reputación. Trabajar con ellos podría traer beneficios a nuestra familia".
"Tiene razón". Vince se mostró de acuerdo con ella, por lo que Xenia lo miró con incomodidad.
Vickie se volvió emocionada hacia Stefan: "Ya escuchaste eso, incluso Vince lo reconoce. Es una buena idea, ¿verdad?".
Stefan se levantó y se apoyó en su bastón, sin decir nada.
Vince se echó a reír. "La señorita Nash está esperando gemelos. Si se casa con Trevor, tendrán a tres por el precio de uno. Vickie debe alegrarse por eso".
La mujer se quedó desconcertada. "¿Qué...? ¿Que acabas de decir?".
Stefan golpeó el suelo con su bastón y salió furioso.
"Me lo dijeron mis socios comerciales. Dicen que la segunda hija de la familia Nash quedó embarazada tras una noche de fiesta y no puede abortar debido a su estado de salud. Los niños necesitan un padre. Pero tendrás que comprobar si es cierto".
Tras compartir esa información, Vince le indicó a Xenia que lo llevara al garaje.
Esta permaneció callada durante el camino, abrumada por la amargura y la vergüenza.
Por supuesto que se daba cuenta de lo que estaba pasando. Era evidente.
La madre de Trevor nunca había tomado en serio su matrimonio con su hijo.
Por eso, cuando Trevor se fue, envió a Xenia con Vince, quien estaba discapacitado.
Había sido su forma de deshacerse de ella.
¡Qué mujer tan cruel!
La mamá de Trevor debía estar contenta con la situación actual. Debilitado por su accidente, Vince ahora se casaría con una mujer que ni siquiera era valorada por su propia familia. Sus posibilidades de ascender de estatus se veían escasas.
Sintiendo lástima, Xenia notó la sangre en su espalda. "Primero te llevaremos a un hospital".
"No, iremos al Registro Civil. Necesito cumplir mi promesa contigo", insistió él.
"¿Y qué pasa con tus heridas?".
"No te preocupes, usaré un traje negro. Ocultará la sangre".
Vince llamó a su asistente y le pidió una chaqueta y todos los documentos necesarios. "¡Primero vayamos por nuestro certificado de matrimonio!", declaró ansiosamente.
Al poco tiempo, llegó Ryland Douglas, su asistente, con todo lo solicitado.
Por supuesto, tampoco se olvidó del botiquín de primeros auxilios.
Ryland trató expertamente las heridas de la espalda de su jefe antes de ayudarlo a vestirse.
Su eficiencia sugería que estaba acostumbrado a esas situaciones.
Luego, se detuvo en el auto y ayudó a Vince a subir.
Aún sintiéndose como en un sueño, Xenia también se subió.
Mientras observaba el paisaje que pasaba a toda velocidad, tuvo emociones encontradas al pensar lo de solicitar el certificado de matrimonio.
El auto estuvo un largo rato en silencio, hasta que Vince lo rompió con una voz tranquila e inexpresiva: "¿En qué piensas?".
Xenia respiró hondo y se volvió para mirarlo. "¿Podemos hablar?".
El rostro del hombre se volvió sombrío, mostrando un destello de vulnerabilidad y preocupación. "¿Estás dudando?".
Luego, desvió la mirada y tosió ligeramente. Su apariencia frágil hacía que pareciera como si fuera a desmayarse en cualquier momento.
Sentado al frente, Ryland no pudo evitar pensar que su jefe era tan buen actor que se merecía ganar un Óscar.
Xenia sacudió la cabeza. "No, es solo que...", murmuró. "El matrimonio es un paso importante. Primero necesito entender algo".
Vince siguió tosiendo e hizo un gesto cortés para que continuara.
Tras pensarlo un momento, Xenia preguntó: "¿Alguna vez mataste a alguien?".
Instintivamente se tocó el cuello, como si se le fuera a caer la cabeza en cualquier momento.
"No", respondió él, sin evitar advertir su tierna expresión. Acercándose, pasó suavemente los dedos por su cuello.
"No te preocupes, yo nunca lastimaría a mi esposa. No te haré daño".
Xenia sintió cosquillas, como si tuviera orugas en el cuello, por lo que se alejó tímidamente. Aclarándose la garganta, preguntó: "¿Y otras cosas ilegales?".
"¡No!". Vince retiró la mano, disfrutando de la persistente sensación de haberle tocado el cuello.
Su piel era tan suave como la seda.
Pero entonces se recolocó las gafas sobre la nariz, tratando de actuar sofisticadamente, y explicó con calma: "Cuando era más joven, solía meterme en líos, pero jamás infringí la ley".
En el volante, Ryland no podía creer lo que estaba escuchando.
Nunca imaginó que su jefe se referiría a esos incidentes como simples líos.
¡Había golpeado a gente!
"Los clubes nocturnos que dirijo son limpios, así que no hay cosas turbias ni drogas. Esa es mi regla".
Xenia pareció relajarse. Pero no pudo evitar aconsejarle como una maestra: "De ahora en adelante, tienes que evitar las peleas. La violencia no es buena".
"Lo tendré presente". Vince agarró suavemente su mano para apaciguarla.
Xenia se ruborizó.
Ryland se sentía fuera de lugar.
Quizás no debería conducir ni estar en el auto.
Vince acarició la mano de la mujer, sin dejar que ella se alejara.
Pero seguía notando que estaba dudosa, así que preguntó: "¿Hay algo más que quieras preguntarme o decir?".
Xenia parpadeó dos veces. "Tengo...", susurró tímidamente. "Dos condiciones".





