Dentro de la villa, Kaelyn estaba prácticamente al borde del colapso. Arrodillada frente a Colton, suplicaba desesperada: "Señor Stevens, ¿no estaba planeando sorprender a la señorita Johnson en el crucero esta noche? ¡Déjeme encargarme de eso para enmendar mi error!".
Ella había atendido a Melany hace años, así que la conocía perfectamente: desde lo que le gustaba hasta lo que odiaba.
Colton frunció aún más el ceño al escuchar eso. Melany había regresado antes de lo previsto, por eso el lugar en el que se celebraría la fiesta todavía no estaba listo.
"Esta es la última oportunidad que te doy", dijo el hombre, mirando su reloj. Se percató de que solo faltaban tres horas para que comenzara la fiesta en el crucero. "Si arruinas esto, estás acabada. ¡No solo te expulsaré de la familia Stevens, sino que lo próximo que verás será un citatorio judicial!", le advirtió.
Kaelyn se dio cuenta de que la oportunidad era un arma de doble filo: podría ser su salvavidas o su perdición. Mientras se retiraba rápidamente del lugar, se juró a sí misma que no fallaría.
Por su parte, la mirada de Colton se posó sobre el comedor, que estaba lleno de comida. Al instante, sintió que la frustración estallaba en su interior, especialmente porque todavía recordaba la forma en la que Allison había cacheteado a Kaelyn.
'Aunque mantuvo la compostura, había algo en ella que se sentía más frío, lejos de la mujer dócil y complaciente que alguna vez conocí', pensó, pero rápidamente desestimó su inquietud. 'Allison solo es el ama de casa aburrida y sumisa que se casó conmigo. Y sin mí, no será nada', se dijo.
Mientras tanto, afuera de la villa, se estacionó un elegante Lamborghini, del que descendió una mujer.
"¡Allison, querida!", la llamó Rebecca, corriendo hacia ella y envolviéndola en un cálido abrazo. "¡Sabes que, si quisieras, podrías quedarte a vivir en mi casa para siempre!".
La recién llegada era la única hija de los Eternity, prácticamente propietarios de media ciudad. Por ende, ofrecerle un techo a Allison no representaba ningún problema para ella.
"Entonces, ¿qué chingados pasó esta noche?", le preguntó Rebecca, acercándose más a ella y apoyando su mejilla contra el cuello de su amiga. "Todavía hueles a aceite de cocina. ¿No me digas que otra vez estabas cocinándole a ese idiota?".
Allison sintió un nudo en la garganta y sus emociones se alborotaron por el abrazo familiar. Por eso, dijo: "Hablemos en auto".
Una vez dentro del Lamborghini, Allison comenzó a contarle todo lo que había sucedido durante el día. Aunque su voz no se quebró en ningún momento, su relato fue suficiente para encender la ira de su amiga, como si fuera una chispa sobre un montón de leña seca.
"¿Lo dices en serio? Melany lo dejó plantado el mero día de su boda, ¿y ahora se va a divorciar de ti para volver con ella? ¡Están hechos el uno para el otro, son dos manzanas podridas en el mismo frutero!", comenzó la chica, sacando su frustración.
"¡Y sus padres! Te pasaste los últimos tres años cuidándolos, dándolo todo por esa familia, ¿y así es como te agradecen?", continuó, con su ira aumentando como una tormenta.
"Escúchame. Entiendo que él perdió el recuerdo del evento traumático que vivieron durante su infancia, pero eso no es excusa para que te hiciera esto. Sí, te salvó la vida en aquel entonces, pero ya le has pagado y con creces durante los tres últimos años. Ahora ya no tiene sentido que sigas fingiendo que eres la mujer que él quiere. Es momento de que dejes todo eso atrás", prosiguió Rebecca con su diatriba, sacando de su boca cientos de palabras por minuto.
Allison se encorvó en el asiento del pasajero. Su mirada distante estaba clavada en el borroso mundo del exterior.
"Entre él y yo ya no hay nada. Ahora estamos a mano", dijo.
Durante tres años, había hecho muchos cambios en ella, para adaptarse a la imagen de la mujer perfecta de Colton. Fue así como se deshizo de sus tacones, se recogió el pelo y se conformó con atuendos modestos y aburridos, que ni siquiera le gustaban, todo para imitar a Melany.
Sin embargo, por mucho que lo intentó, no podía competir con la mujer que él realmente amaba.
"Allison, la verdad es que la familia Stevens no se merece a alguien tan increíble como tú", comentó Rebecca. Luego habló con un tono más suave, aunque sus palabras estaban impregnadas con el peso emocional que le causaba ver a su amiga exhausta. "El divorcio es un proceso, pero hasta que se resuelva, te quedarás conmigo. Créeme que no me causa ningún problema, pues eres como una hermana para mí".
"Bueno", respondió Allison, logrando esbozar una pequeña sonrisa.
Había crecido en un orfanato, así que nunca había tenido familiares; sin embargo, Rebecca siempre la había tratado mejor que nadie.
Su conversación se apagó cuando llegaron a un exclusivo estudio de maquillaje. Rebecca bajó la ventanilla y saludó con entusiasmo a Mary Brown, una famosa maquillista. "¡Hola, Mary! ¡Tengo un pequeño proyecto para ti!".
"Sinceramente, estoy muy cansada. No creo poder soportar una sesión de maquillaje esta noche", musitó Allison, masajeándose las sienes.
"¡Ay, por favor! No estarás planeando mantener esa mirada cansada que grita que todavía estás esperándolo, ¿verdad?".
"Este… definitivamente no".
"¡Exactamente! Por eso relájate y deja que los profesionales hagan su magia. No te preocupes por nada, son de primer nivel. ¡Esta noche sacarán a la luz la versión más brillante de ti!", la animó Rebecca, con el rostro lleno de ilusión.
Treinta minutos después, la transformación de Allison era innegable. Casi todos los que la vieron en el espejo se quedaron atónitos por unos segundos.
Los rasgos naturalmente llamativos de la chica llevaban años eclipsados por el cansancio, pero en ese momento, con solo un poco de maquillaje, se veía radiante. Sus ojos felinos, acentuados por la sombra, lograban cautivar a cualquiera. Además, le habían dibujado un lunar debajo de la esquina del ojo, que añadía un toque rebelde a su presencia.
"¡Esta... esta es la Allison que recuerdo!", exclamó Rebecca, incapaz de contener su emoción.
Acto seguido, hizo un gesto hacia el perchero con vestidos que estaba entrando y comentó: "Querida, escoge cualquiera que te guste. Esta noche hice todo lo posible para que te veas radiante. Celebraremos tu libertad en un yate de lujo, acompañadas de ocho chicos guapos con cuerpos de impacto. ¡Te juro que será una noche que no olvidarás!".
"No estoy de humor para hombres en este momento", comentó Allison, para restarle importancia al gesto.
"¿Dices que no estás de humor?
¡Han pasado tres años! ¿No sentiste ninguna… necesidad en todo ese tiempo?", le preguntó su amiga, un poco frustrada, mirándola con complicidad.
"Bueno…", comenzó Allison.
Durante los tres años que estuvieron casados, Colton afirmó que se estaba "guardando" para Melany, así que se negó a que lo tocara cualquier otra mujer. Por eso, ¡ella todavía era virgen!
Sin embargo, no era una santa; de hecho, tenía sus deseos, pero no estaba dispuesta a forzar nada.
Rebecca la observó atentamente, pues creía que podía estar aferrándose al pasado. ¡Había llegado la hora de sacar la artillería pesada!
"Sabes que a la fiesta asistirán reconocidos perfumistas internacionales, ¿verdad? ¡Incluida la mente detrás de Charisma! ¿A poco no te da curiosidad conocerlo finalmente?".
Charisma era la marca de perfumes más prestigiosa del país. Allison se había cruzado con el CEO en un concurso internacional de perfumería. Las creaciones del hombre eran prácticamente obras de arte y al olerlas, le evocaron una sensación de déjà vu: había algo en ellas que le recordaba a las mezclas de su madre.
Pero para ella, el hombre era un enigma. Nunca aparecía en público, ni siquiera lo hizo cuando su empresa alcanzó el reconocimiento internacional. De hecho, nadie sabía cómo se veía, ni siquiera en ese momento.
"Muy bien, vayamos a la fiesta", cedió finalmente Allison, vencida por la curiosidad.
Después de todo, una vez había hackeado la base de datos de Charisma para obtener información sobre él, pero regresó con las manos vacías. Y algo en su interior le decía que ese misterioso perfumista podría estar relacionado de alguna manera con su madre.





