En Wrumlas, la capital de Adaron, Helena gradualmente volvió en sí y notó un techo desconocido en lo alto.
Cuando intentó levantarse, descubrió que tenía las manos y los pies atados firmemente y que su cuerpo formaba una marcada equis en una cama.
Sus esfuerzos por liberarse provocaron que las cadenas tintinearan ruidosamente, lo cual la hizo comenzar a desesperarse.
Al menos sus captores habían sido algo considerados al revestir las esposas con algodón.
Sin saber dónde se encontraba, Helena se dio cuenta de que ahora estaba bajo el control de un tirano despiadado y que sus posibilidades de escapar eran escasas.
"Ya despertaste", le dijeron en un tono frío desde un rincón oscuro.
Ella permaneció inmóvil, temiendo que cualquier cosa que hiciera pudiera provocar al hombre, pero sí giró su cabeza hacia la fuente de la voz.
Allí estaba Charlie, sentado en el sofá, y la oscuridad lo envolvía de tal forma que su mano fumando era lo único visible en la tenue luz mientras el aroma del tabaco flotaba en el aire.
Él se puso de pie y se acercó a Helena, sin apartarle la mirada de encima.
Ella era pálida y delicada, y en su rostro llamaba la atención el lunar rojo junto a su ojo, el cual hacía que estos, ligeramente rasgados, resaltaran aún más.
En silencio, Charlie simplemente la observó, con expresión dura e inflexible, como un animal que observa a su presa atrapada.
La confusión era evidente en Helena.
En ese momento, Jace Griffiths, el asistente de Charlie, entró y le entregó a este una pila de papeles. "Señor Wallace, ya tengo el informe".
Mientras mantenía sus ojos fijos en Helena, su jefe le ordenó: "Léelo".
Una punzada de pánico se apoderó de la mujer.
¿Un informe? ¿Qué tipo de informe podría ser ese?
De repente se preguntó si podría ser algo referente a su condición. La preocupación por el embarazo le rondaba en la cabeza, sabiendo los riesgos que corría si se hiciera real.
La posibilidad de traer al mundo a un hijo ilegítimo que nunca sería aceptado por la prominente familia Wallace la aterraba.
Impulsada por la desesperación, ella comenzó a retorcerse más intensamente, haciendo que el sonido de sus cadenas reverberara por la enorme habitación.
La expresión de Charlie se ensombreció con un dejo de molestia, y giró la cabeza hacia ella.
Rápidamente uno de sus guardaespaldas se dio cuenta de que la mujer no representaba ninguna amenaza en ese estado, por lo que la desató.
Cuando Helena se enderezó, el cuello de su blusa se movió, revelando más piel de la que habría querido, y con sus leves rizos de color marrón claro pegados a su rostro, sus grandes ojos transmitían un miedo ingenuo.
Por un momento, Charlie vio su cuello expuesto y su expresión se volvió más intensa.
Al sentir su mirada, ella dio un paso atrevido hacia adelante y le envolvió el cuello con sus brazos, presionando suavemente la mejilla contra la suya, con lo cual le demostró una vulnerable confianza en él.
Sorprendido por su cercanía, el instinto inicial de Charlie fue retirarse, pero la sutil fragancia que emanaba de ella lo detuvo, en cambio, posó su mano en la cintura de la mujer.
Jace miró hacia otro lado, sintiéndose un poco fuera de lugar, y Helena aprovechó ese momento para arrebatarle el informe y leerlo mientras balbuceaba juguetonamente: "Divertido. Divertido...".
El alivio la invadió, pues el documento informaba que ella no estaba embarazada.
Tratando de parecer meramente curiosa, relajó su postura y agitó el papel en el aire.
Charlie solo la observó con expresión distante.
Entonces Jace dijo: "Señor Wallace, tal vez esta señorita no esté del todo bien de la cabeza, y esa fue probablemente la razón por la que la vendieron a ese lugar".
Agarrando firmemente el brazo de Helena, Charlie le examinó el rostro de cerca, y pellizcándole la mejilla, se inclinó para hablarle con un susurro amenazante. "Eso no es una preocupación para mí".
Ella lo miró fijamente, y aunque parecía inexpresiva, su mente estaba acelerada por el miedo.
Había quedado dolorosamente claro que él no tenía planes de liberarla.
Preocupado, el asistente consultó: "Señor Wallace, ¿habla en serio? ¿Eso no le molestaría a su abuela?".
"Ella me ha estado presionando para que forme una familia. Dile que esta mujer me ha quitado mi inocencia; ahora ella debe asumir la responsabilidad".
Helena hervía de ira por entro ante tal audacia.
'¡¿Quién le quitó la virginidad a quién aquí?! Él es el culpable, no yo', pensó furiosa.
Jace asintió obedientemente. "Sí, señor. Le transmitiré su mensaje de inmediato".





