Apenas llegó a su edificio Linda corrió a hablar con René, necesitaba contarle con lujos de detalle lo que había sucedido en su primer día de trabajo.
La joven rubia pasaba gran parte del tiempo pintando, sus cuadros, que alguna vez fueron alegres y coloridos, desde que había sobrevivido al infierno de Terry, se habían vuelto tristes y grises, aun así, no perdía las esperanzas de volver a ser lo que era antes, de poder juntar esos pequeños pedazos de su alma y volver a armarse.
— Hasta que llegas, dime, me muero de curiosidad, ¿cómo son?, te juro que después que cortaste la llamada, me quedé con los nervios de punta, no puede ser que te quiera despedir, ¿te dio un por qué?
— Tranquila René, mi trabajo ya está asegurado, los tengo donde quiero. Que te digo, son dos bombones que no me molestaría comer, lástima que son mis jefes.
— ¡¿Y eso que?! ¡Mira lo que son! estas fotos que me enviaste, te juro ¡monje mi braga!, dime si no tienes curiosidad por contar cuantos tatuajes tiene este cuerpo y este rubio, Dios lo dejaría atarme y que me haga lo que quiera.
— Te puedo asegurar que ese es su estilo, pero yo no me dejaré atar por nadie. No lo sé, son lindos y te mentiría si te dijera que no provocan cierta humedad entre mis piernas, pero dormir con mis jefes esta fuera de discusión, prefiero buscar algún sustituto en las noches alocadas en los bares que cometer el mismo error dos veces.
— Aunque esta vez contaría doble. — rebatió con picardía la rubia.
— Eres una cerda, pero.... no, no lo haría.... creo.
— Pero dime cómo son realmente. — René la seguía por toda la casa mientras Linda se despojaba de su ropa, para colocarse algo más cómodo.
— Ambos te confunden a primera vista, si no sabes buscar las señales correctas, Deivid se ve como un hombre duro, con sus tatuajes y ese peinado, ¡Dios tiene tatuada hasta los lados de la cabeza!, pero tiene cierta luz en sus ojos que te dejan ver que en realidad es un ser sensible muy a su pesar, y te puedo asegurar que todas las mujeres con las que ha estado se han comportado como creen que a él le gusta, mujeres fuertes y descaradas, pero lo que él necesita es a alguien débil e inexperta, alguien que lo haga sentir necesitado y útil. — respondió mientras se sentaba en el cómodo sofá blanco.
— Williams es su opuesto, por fuera aparenta ser calmado, serio y centrado, pero es un animal enjaulado que se especializa en pobres chicas incautas, las mujeres débiles lo buscan pensando encontrar a un príncipe encantador, sin saber que es un lobo disfrazado de oveja, estoy segura de que ya está aburrido de las niñas inexpertas, por eso es que su pene reacciono de esa forma cuando lo provoque, te juro que se me hizo agua la boca cuando vi semejante bulto empujando por salir de ese pantalón. — dijo al tiempo que lamia sus labios.
— ¡Eres una perra!
— Sí, lo soy, y él se dio cuenta que soy de todo menos débil, mi intención fue atacar a Deivid a la primera, ya que vi su foto y me confundí, pero cuando lo hice, pude ver como mis palabras afectaban a Williams, y lo demás fue fácil. — se jacto orgullosa de sí misma.
— Quieres decir que lo sedujiste ¿cómo lo hacías con el hombre frío en el último tiempo que estuvieron juntos?
— No, claro que no, solo me mostré como soy.
— Puedes aparentar con todo el mundo, menos conmigo y lo sabes, eres una buena mujer Linda, solo que Erick te lastimó demasiado. — Rene se sintió mal por traer a flote el recuerdo de aquel hombre que tanto lastimo a su mejor amiga.
— No, él no me lastimó, fui yo, y la estúpida idea que él se enamoraría de mí, puedo leer a cualquier hombre, menos al único que robó mi corazón.
— Él no te lo robó, tú lo tienes encerrado, creo que debes parar, es hora de que busques un amor de verdad, no un sueño ni que tú cambies por esa persona, solo sé tú misma.
— No sé, soy buena para seducir, mientras más grande es el reto mejor, pero después, mis miedos regresan, no creo estar lista para una relación sería. ¿Qué tengo para ofrecer? — respondió con cara abatida la castaña.
— Dios, la mierda que tus padres te dijeron sí que se te metió en esa cabezota, ¿cómo no puedes verte realmente?, eres la puta ama, eres como un arma cargada jugando a la ruleta rusa, tú decides quien cae y quien no, además tienes una inteligencia única, vamos Linda, daría todo por estar en tu lugar un día.
— Si seguro.
Las jóvenes pasaron el resto de la noche tratando de saber si eran o no dignas de buscar un amor verdadero o a lo sumo un compañero de vida, hacía dos años que vivían la vida un día a la vez, y un hombre diferente casi todas las noches, pero al llegar la luz del día, ese anhelo de tener un compañero a tu lado, alguien que te apoye y sostenga sin importar que, se hacía presente, no querían admitirlo en voz alta, ellas habían jurado no necesitar nunca más un hombre, pero esa era la verdad, lo que sus corazones y almas pedían.
Deivid y Williams tomaban unos tragos en el apartamento de este últimos.
Williams vivía en un condominio de lujo, en el gran y espectacular 432 Park avenue de Manhattan en el piso 20, el cual poseía una piscina en su interior de 20 metros, el pequeño capricho le costó 14 millones de dólares, pero valía cada centavo, aunque este lugar siempre fue su refugio últimamente no le gustaba estar solo en su hogar, sentía que era demasiado grande para él , por lo que sus días variaban en dormir aquí e invitar a su buen amigo Deivid o ir al penhouse de este, que claro era igual de lujoso, a pesar que solo valía 12 millones el hogar de Deivid estaba ubicado en la torre 30E32 en la Skyline de Manhattan el piso 22 era todo suyo y lo que más le encantaba a Deivid era el estilo gótico de la fachada.
— No puedo creer que ella redactara el contrato, cuando lo menciono pensé que bromeaba. — dijo un poco indignado Will a no poder saber a qué jugaba su empleada.
— No tenías por qué pedirle que renuncié. — El castaño lo miraba con reproche.
— No quiero acostarme con ella Deivid, ¿qué es lo que no entiendes?
— Renuncia y di que soy mejor que tú.
— Ni lo sueñes, ella quiere jugar y la haré arder tanto que se quemara. Gemirá con tanto ahínco mi nombre que se desarmará en mis brazos. — dijo con fuego en la mirada, Linda lo había provocado y pagaría por ello.
— ¿De qué hablas? es un pobre corderito asustado.
— ¿Que?... ¿Acaso tienes algún problema de percepción?, esa mujer sabe lo que hace, quiere seducirme y no sabe lo que le espera.
— ¿¡Ella seducirte a ti?! Vamos hombre si temblaba como una hoja en otoño hoy mientras se disculpaba por tratarme de idiota, te aseguro que debe ser virgen.
— ¿Cómo que se disculpó? Cuéntame más.
— Eso, se disculpó por su comportamiento y me entregó el contrato, sabes... incluso me dio pena, se notaba que ningún hombre jamás la había tocado, cuando la abracé incluso creo que mojo sus bragas. — Deivid estaba complacido con ese pensamiento. Nada más alejado de la realidad.
— Eso no te lo creo, ¡¿tu consolando a una mujer?!
— Que puedo decirte Will estaba llorando, sabes que la de ese tipo las manejas mejor tú. Pero aun así la conquistare y te ganaré. — Williams le daba vueltas a lo que su amigo le contaba y no lo lograba entender, era como si estuvieran hablando de dos personas diferentes, claro que él no estaba dispuesto a contarle lo que sucedió en su oficina, todavía se negaba a admitir que se masturbo pensando en esa mujer, pero el solo recuerdo de los pechos de ella arrinconándolo contra su escritorio produjo que su pene se endurezca.
"¿Que mierda provoca esta mujer en mí? Ni modo... tendré que comerla y así seguir adelante, cuando vea que es otra chica inexperta a quien enseñarle todo en la cama, este deseo estúpido se irá, y por fin le ganaré a Deivid. "
Por otro lado, Deivid se encontraba mirando la ciudad a sus pies y pensando en lo bien que se había sentido abrasar a la Linda gordita, con ese pensamiento cambió el nombre de contacto de LINDA, ASISTENTE, por LINDA GORDITA 🥰
"Si, es linda, suave, tiene un aroma dulce, nada provocador como el que usan las demás secretarias, ella quiere pasar desapercibida, ahora entiendo porque Williams ataca a las de bajo autoestima, se siente bien que alguien dependa de ti y busque tu protección, hasta ahora las mujeres con las que he estado se desviven por mostrarme todo lo que saben hacer, veamos qué tan bueno seré guiando a esta mujer a que disfrute del mejor sexo de su vida."
Esa noche, la pasaron entre risas y tragos, cuatro personas que iban por la vida teniendo sexo casual, algunos para divertirse, otro para coronarse como el ganador en romper corazones y ellas solo para olvidar a los hombres a los que les dieron su virginidad y su corazón.
Linda se le levanto temprano, trato de no despertar a René, pero era inútil, su mejor amiga, ya estaba en la cocina.
— Buenos días, tu desayuno ya está listo. — Dijo canturriando, mientras se movía de un lado al otro.
— Buen día Rene, ¿qué haces despierta tan temprano?
— Preparo tu desayuno, tú eres la abeja obrera de este panal.
— René ¿cuándo entenderás que esto no es necesario?
— No quiero ser una carga para ti, solo déjame ayudarte.
— No eres una carga, y lo sabes.
— Bien, lo que digas, aun así, ven y desayuna.
— Solo porque hoy será un día movidito.
Y esa era la verdad, ella tendría un día ajetreado hoy, primero debía asistir con Williams a un control de calidad con la empresa ULip que quedaba a 20 minutos de la compañía y rogar porque nada los haga perder tiempo y así poder asistir a Deivid en un almuerzo de inversionistas en el restaurante Jean Georges, ubicado en el Trump internacional hotel & Tower en Nueva York.
— Ya me voy, estos idiotas no contestan a mis emails. Por lo que deberé de ir a la empresa primero.
— Ten paciencia amiga.
— Tratare, pero cada vez me convenzo más que este par de ineptos van directo a la quiebra.
La asistente tomo un taxi mientras maldecía por lo bajo.
"¡¿Que tenía en la cabeza la anterior asistente?! ¡Como organiza una reunión en un lugar tan alejado!"
En realidad, lo que molestaba a la joven y la desestabilizaba era que ese restaurante era el favorito del señor frío, lo había acompañado decenas de veces a aquel sitio y no solamente por negocios.
Su mente comenzó a viajar a esos momentos.
"No, Linda, ¡no lo hagas, no te lastimes de esta forma!”
Pero ya era tarde, el recuerdo estaba en su mente, la última cena con Erick Mark o como ella lo llamaba el señor frío.
Flashback
— Lin (como él la llamaba), en unos momentos verás que hay dos millones de dólares depositados en tú cuenta bancaria, aparte de tus ahorros.
— ¿Que?
— Es mi regalo para ti, tómalos y vuelve a Arkansas.
— ¿Volver... a qué?
— Regresa con tus padres a el Dorado, no sé, compra una casa, es dinero suficiente para que vivas bien. Solo... no vuelvas a cruzarte en mi camino. No te quiero en New York.
— ¿Estas terminando conmigo?
— No podemos terminar nada... por qué no somos nada, es por tú bien, créeme, en una semana mi compromiso con Samara se hará público, muchas personas nos han visto juntos y por más que nuestro comportamiento en público es intachable, siempre están los que buscarán una noticia.
—... Lo entiendo, bien, me reuniré con el señor Dante Ricci mañana para que quede todo listo para la sociedad de sus empresas y... Dios, esto no puede ser. No puedes dejarme. — La voz de la joven se rompió en la última frase, su mundo se hacía pedazos y no había nada que pudiera hacer.
— No llores, controlarte, te entrené para ser mejor que esto.
Esa frase terminó por destruirla, él la entrenó, así era como la veía, como un animal de zoológico al que debía enseñarle cómo comportarse, como pararse, como vestirse y como follar.
Fin Flashback.
— ¡Señorita!
— He, disculpe. — Volvió a la realidad cuando el conductor perdió la paciencia y le gritó, en otras circunstancias lo hubiera mandado por un caño, pero no hoy, hoy solo rogaba no cruzar a Erick en ese maldito restaurante o no sabía cuáles serían las consecuencias.
Cuando llegó a su escritorio su mente, que era un poco masoquista, le seguía repitiendo esa escena en la que su mundo había cambiado por completo, una y otra vez, quizás como un recordatorio del póquer jugaba con los hombres, porque esa necesidad de tratarlos como animalitos que cuando crecían demasiado era necesario desecharlos.
Por eso no noto cuando Deivid y Williams llegaron y la saludaron, ambos con ganas de ganar su apuesta y enamorarla, pero no obtuvieron respuesta alguna, ella solo estaba sentada mirando fijo un punto, con cara de haber sido testigo de un crimen, y es que así era, ella fue testigo de cómo un hombre con pocas palabras mato sus ilusiones y sueños de amor, dejándola sin nada en su interior, más que con un rencor, que no la dejaba amar.
— ¡Señorita Brown!
— Señor Williams, Señor Smith.
Williams al verla tan perdida creyó que era su oportunidad para abordarla, él era un experto con mujeres navegando a la deriva, se presentaba como su Salvador, un timón al que aferrarse, para que luego se dieran cuenta que en realidad era el mismo iceberg que colisionó contra tu corazón haciéndolo naufragar en aguas heladas.
— Venga a mi oficina ahora. — Linda camino tras él, mientras Deivid, por primera vez sintió celos de su amigo.
“Maldición, Seguro y aprovecha para consolarla, maldición y mil veces maldición, Will me lleva ventaja con las mujeres débiles."
Mientras Williams se preparaba para atacar, ofrecería su ayuda a cualquier circunstancia que la hiciera sentirse mal, se presentaría como su salvador.
— Dígame Linda, ¿qué le sucede hoy? ¿acaso alguien la molestó? — dijo con voz suave y tratando con un falso respeto.
— Señor Williams debemos acudir en 20 minutos al control de calidad de los socios de ULip. No tengo tiempo para perder en fijarme si alguien me molesta o no.
— ¡¿Que?! ¡No sé le ocurrió decírmelo antes! — exploto el rubio al verse con tan poco tiempo para acudir a la reunión.
— Señor Williams, se lo envié por correo hoy a primera hora, pero descuide arreglare este inconveniente en un minuto. — Linda que había llevado su tableta, comenzó a mover sus dedos por la pantalla y acto seguido el teléfono de Will comenzó a vibrar y soñar sin parar.
— ¿Qué rayos es esto?
— Desde este momento cualquier mensaje que le envíe hará sonar su teléfono de esa forma hasta que lo vea, así no me culpara por su falta de atención en las cosas importantes. — Ella lo estaba regañando como si de un niño se tratara, no lo podía creer.
— Tú.... ¿acabas de hackear mi celular? — Dijo en un tono bajo y amenazador.
— Sí, ¿ahora puede apurarse?, debo volver antes del mediodía para asistir al señor Deivid.
— Estas deseosa de asistir a Deivid, ¿verdad? Sabes... si fueras mía te castigaría.... — La risa de Linda resonó en la oficina lejos de sonar burlesca, sonaba más como una dulce melodía, que dejó en silencio a Will a mitad de lo que fuera que quería decir.
— Vi tú mirada perversa cuando le contesté a Deivid ayer y créeme a mí... nadie me castiga, eso es algo que solo sucede cuando quiero y con quien quiero.
Esa era una declaración de guerra, y Williams no lo soportó, avanzo hasta donde estaba y la tomo en un movimiento violento, en el cual sumergió su lengua en la boca de Linda con una desesperación y decisión única, reclamando el dominio, mientas que su mano bajo y apretó un trozo de la falda con botones que la joven llevaba, tan fuerte y brusco que hizo salir volando uno de los botones, lo que provocó que gran parte del muslo de ella quedara al descubierto.
Pero Linda no se iba a quedar atrás, ella apoyo la mano en el pecho fuerte y duro de Williams, él pensó que lo trataría de apartar por lo que se pegó más a ella, pero las intenciones de Linda no eran esas, ella descendió lentamente su mano por el pecho y abdomen de Will y de repente tomo y apretó el pene erecto de él, mientras que con su boca atrapó la lengua del hombre y comenzó a succionar , rápido pero suave, y Will enloqueció, por lo que un gemido salió de sus labios y ella lo libreo riendo, mientras arreglaba su labial.
— Soy mejor que tú leyendo a las personas, no podrías conmigo, soy demasiado mujer para ti, mejor no lo intentes, te espero fuera, tienes 5 minutos para solucionar eso.
Dijo ella mientras apuntaba a su entrepierna, donde él sabía perfectamente como sobresalía el bulto de su pene, el cual estaba a punto de explotar, la miro con enfado y deseo, jamás nadie lo había tratado así, esa provocación constante y la pelea por ver quien tenía el poder era algo que nunca sintió. Y era completamente excitante.
"Bien mujer de grandes curvas, veremos quién pone a quien, de rodillas, y apuesta lo que quieras que no seré yo quien caiga."
Respiró repetidas veces y aunque su pene dolía por no haber conseguido lo que necesitaba, salió en busca de su asistente, segundos después.
"Mierda, mierda, ¡¿que hice?! tengo que deja de jugar en el trabajo, o no aguantare y deberé salir a algún bar en busca de algún hombre con quien descarga esta tensión sexual."
Linda se reprochaba su conducta poco profesional. Una vez que salió Will ella notó que su bulto era casi el mismo que recién.
"Eres muy fuerte o terco o... ¿Tienes a alguien esperando para que baje a tu amigo a la normalidad?”
— Si tienes todo vamos.
— Sí señor. — Esta aparente obediencia de ella no lo ayudaba en nada, el hombre rubio de ojos celestes se sentía cada vez más deseoso por tomar a Linda.
— ¿Tienes auto?
— No.
— Bien iremos en el mío, ven.
— ¿La empresa no tiene un vehículo destinado a esto?
— No, no es necesario. Ninguna asistente ha sido tan pobre como para no tener un vehículo. — Will quería indagar en la vida de Linda sin que ella se diera cuenta, por lo que decidió usas sus tácticas de molestarla sacar la historia de su vida a flote, pero no lo consiguió.
— Pues, que le digo, lo lamento, si desea puedo tomar un taxi, claro que no se si llegaré a tiempo, si mi jefe hubiera leído y contestado mi mensaje, me hubiera ido directo al lugar...
— ¿Puedes callarte? Me estás sacando de mis casillas. — Linda sonrió mirando al frente y Will que hasta ese momento estaba enojado, no pudo evitar quedar embelesado mirándola.
Ya habían llegado al garaje de la compañía, cuando Linda se detuvo y lo miró con un deje de tristeza en sus ojos, lo cual lo confundió.
— Dime que tú auto es el Lamborghini huracán. — Dijo con esperanza en la voz.
—Claro que no, el color negro es el favorito de Deivid, el mío es el Ferrari 498 GTB, vamos sube ten el honor de viajar en un auto de lujo. — Linda subió sin ningún problema, o duda, y él reparó en que su cara no demostró emoción alguna, sino que parecía aburrida.
Lo que él no sabía era que el señor frío también poseía un Ferrari.
Una vez que lo puso en marcha y aceleró no soporto el silencio y su falta de emoción.
— Bien di que sientes al estar sentada en una belleza como esta.
— La belleza es relativa según los gustos de cada uno, además he viajado en mejores.
— ¿Mejor que una Ferrari? Eso no lo creo.
— No, también era una Ferrari, pero era el 812 superpast.
— No puede ser, traté de conseguirlo y no pude solo hay dos en el país.
— Si eso también lo sabía. — Dijo con aburrimiento, casi bostezando.
— Y dime cómo es que tú subiste...
— Gira aquí ya llegamos. — Williams reparó en que ella no quería hablar, y el opto por no insistir.
La reunión pasó y Linda no quedó conforme en varias cosas, la principal es que Williams no tenía ni idea de cómo comparar si la materia que ofrecían era buena o no, por lo que ella se encargó de dar escusas y fijar una nueva reunión para ver si cerraban el trato o no.
Para cuando subieron nuevamente al auto Williams explotó.
— ¡¿Que mierda fue eso Linda, como me haces quedar como un idiota?!
— Acabo de salvarte de quedar como idiota, esa materia prima arruinará tu producto, lo bajará de nivel, ¡¿en qué rayos pensaba tu asistente?!
— En follar con Deivid o conmigo, no sé cuál de todas consigo el trato. — Sin darse cuenta Will había hablado de más, Linda entendió de inmediato que ellos estaban acostumbrados a dormir con sus asistentes.
“Son iguales que Erick y tú que no querías joderlo todo. Merecen que juegue con ellos.”
— Bien fueron unas ineptas, pero ¿ustedes como no se dieron cuenta?
— Tienes razón, esa cosa todavía está en mi dedo, tienes algún pañuelo o algo para limpiarme. — Will le pidió de buena manera a Linda, eso sumado a que le dio la razón, ella pensó que necesitaba un premio, ella sería la domadora en este zoológico.
Cuando Williams frenó en el semáforo, ella le tomó la mano por lo que él se giró a mirarla sorprendido por el contacto tan natural, y de pronto, vio como ella hizo desaparecer su dedo en el interior de su boca, al mismo tiempo que sentía como su lengua se deslizaba lenta pero fuerte, y el tirón de su pantalón le avisaba que esta vez debería descargar manualmente esa erección, porque no había modo que en este mundo él pueda sacar de su mente semejante imagen, los ojos de Linda clavado en los suyos adquiriendo poco a poco un color más oscuro, pasando del color miel al canela casi llegando al chocolate.
— Mmm, por lo menos su sabor es rico, como chocolate blanco y coco, pero demasiado aceitoso, definitivamente no es una buena combinación par un labial. — Williams estaba mudo, estaba de piedra y no solo su pene, él sentía que se estaba quemando por dentro.
Linda sonó sus dedos delante del rostro aturdido del hombre.
— Reacciona, ¿estás bien? — pregunto con un poco de burla.
— Si vuelves hacer eso te follare. — La voz de Will dejaba ver el deseo que sentía en ese momento. A lo que Linda rio.
— ¿Es una advertencia o una invitación?
— Tómalo como quieras.
— Por ahora lo único que quiero es poder llegar a tiempo a asistir a tú amigo.
Y eso lo enfureció, ¿por qué sentía que ella hablaba en doble sentido?, o mejor aún ¿por qué le molestaba?, ya en una que otra ocasión ambos habían compartido una mujer sin problema alguno. Fuera lo que fuera que lo molestara lo único que hizo fue acelerar, sabía lo que ese auto podía correr y esperaba arrancarle un grito de miedo a la atrevida muchacha, pero lo único que consiguió fue escucharla reír, ella reía como solo la adrenalina te provoca hacerlo.
Cuando llegaron a la empresa los ojos de Linda brillaban de emoción.
— Eso estuvo muy bien señor Jones. — Y cuando se bajó agregó.
— Espero que no sea para todo tan rápido y fugaz. — Cerró la puerta y se marchó, dejando a Will golpeando su cabeza contra el respaldo de su Ferrari.
Para ese entonces Deivid ya estaba esperando a Linda, estaban con el tiempo justo.
— Linda gordita, por fin llegas.
— Lo siento señor, la reunión no fue bien. — Mientras ella explica lo que sucedió Deivid no pudo sacar sus ojos del muslo casi al descubierto de ella.
— ¿Qué le pasó a tú falda? — pregunto un poco molesto de que fuera su amigo el responsable de ese desorden.
— Perdón señor, creo que subí de peso y mi ropa no lo soporto, no tuve tiempo de ir a cambiarme...
— Está bien no te preocupes, además pareces sexy así.
— Señor Deivid, las cosas que dice, ¿sexy yo? — Trato de ruborizarse, pero no pudo, Linda ya estaba anestesiada a esos cumplidos, más los fines de semana, cuando salía de caza.
— Créeme, eres sexy. Ahora vamos antes que perdamos a estos inversionistas.
— Claro señor, ya pedí un taxi, espero que me permita llegar a tiempo.
— ¿De qué hablas gordita?, si no tienes auto irás conmigo.
— No quisiera causar problemas, señor.
— No me causaras ninguno y deja de decirme señor, llámame, Deivid, por lo menos cuando estemos sólo.
— Como digas Deivid. — Al escucharla pronunciar su nombre sintió como su corazón se aceleraba.
— Vamos gordita, oh...
— Oh ¿qué señor? — pregunto con falsa inocencia y Deivid le creyó.
"Mira esa cara es pura inocencia, definitivamente contigo me coronaré ganador."
— Llegaremos tarde.
Mientras bajan al estacionamiento, Deivid trató de concentrarse en que les ofrecería a los inversionistas para que acepten el trato, pero el perfume de Linda lo distraía.
— ¿Qué perfume usas?
— No creo que lo conozcas, no es de marca.
— Es delicioso, bueno Linda gordita, este es mi auto ¿qué te parece?
— ¡Esto! ¡¿No puede ser?! Creí que el auto del señor Jones era algo increíble, pero esto me deja sin palabras. — Si definitivamente ella sabía fingir.
El resto del camino Deivid paso presumiendo su auto, sin saber que esta mujer había paseado hasta en jet privado, aun así, Linda era una maestra para fingir.
Pero cuando llegaron al restaurante Jean—Georges Linda estaba sumamente nerviosa, su corazón latía de una forma rara ante la posibilidad de encontrarse con Erick.
— Tranquila Linda gordita, todo saldrá bien, tengo todo planeado, hoy cerraremos este trato cueste lo que cueste. — Y eso fue todo lo que necesito para volver a la realidad, su joven jefe creía que sus nervios eran por el dichoso trato.
"¡Controlarte mujer! Este par de idiotas no saben hacer negocios, demuestra lo que vales, muéstrale que te necesitan más que tú a ellos.”
— Sí, Deivid, todo saldrá bien. — Linda paso un tiempo anoche revisando la propuesta y con todo el aturdimiento que tenía se olvidó de ponerlo sobre aviso.
— Deivid, hay algo que debes saber antes que entremos.
— ¿Que?
— Mira estuve revisando y estos puntos son muy confuso, a simple vista parece estar todo bien, pero estos puntos y comas mal acomodados, ellos quieren sacar provecho.
— ¡¿Dices que esto es adrede, que tratan de estafarme?!
— Sí. — respondió totalmente confiada.
Deivid leyó una vez más los documentos y reparó en que ella tenía razón, él pensó que era un error de impresión o a lo sumo de redacción, pero ellos igual lo enviaron firmado, Linda tenía razón, ellos querían embaucarlos.
— Eres muy lista gordita.
— Gracias.
Entraron al lugar y Deivid se sorprendió cuando al pedir el almuerzo el camarero le sonrió a Linda y le preguntó si quería lo mismo de siempre.
— No, solo será gazpacho.
El almuerzo pasó y luego de un Deivid audaz y confiado, los inversores se retiraron pidiendo disculpas por el supuesto malentendido y fijando una nueva reunión.
— Los aniquilamos Linda gordita.
— Sí, lo hicimos. — Linda no pudo evitar sonreír, ya se había acostumbrado al apodo que Deivid le había otorgado, pero también noto que ya no lo decía con sarcasmo, sino que, de una forma suave y tierna, lo decía con cariño.
— Bien es hora de volver a la oficina y hablar con Will.
— Claro. — Pero antes que eso sucediera, el camarero reapareció.
— Señorita Brown, permítame el atrevimiento, la última vez no le pude agradecer como era debido, pedí su postre favorito, muchas gracias por lo que hizo aquella vez por mí. — Deivid miraba intrigado al hombre que tendría unos cuarenta y algo o cincuenta y pocos.
— No tiene nada que agradecer, era lo correcto. — respondió su asistente con una sonrisa tensa.
— Aun así, muchas gracias. — El hombre dejó el postre y se retiró. Y Linda no sabía qué hacer.
— ¿Gustas un poco?
— No, no soy amante a las cosas dulces, ya sabes te hace perder la silueta.
— Sabes Deivid, la vida es muy corta para preocuparse por pequeñeces, unos kilos de más a cambio de probar una delicia, es un precio justo para pagar.
— De acuerdo me convenció, señorita Brown.
Linda sabía muy bien porque la llamo así, él quería saber la historia que había detrás de las palabras del camarero, pero ella estaba decidida a jugar a hacerse la tonta, tomo un bocado del postre y él se perdió en su boca envolviendo la cuchara en ese momento, pero volvió a la normalidad.
— ¿Me dirás que fue eso? — Pregunto impaciente. Y Linda se dio por vencida.
— Creo que en mi currículum está especificado lo eficiente que soy, hace un tiempo atrás vine a este lugar con el que era mi jefe, él estaba de mal humor, y se desquitó con el camarero, pidió que lo despidan y no me pareció justo, por lo que intervine, eso es todo.
— ¿Tu jefe quién era? — Esa era una pregunta que ella no quería contestar. Por lo que utilizo el coqueteo como arma.
— Disculpa, ¿dijiste algo? Por un momento tus tatuajes me abrumaron. — Y por fin logró un leve sonrojo en sus mejillas. El cual le debía más al miedo que a otra cosa.
— ¿Y eso cómo qué?
— No sé, tienes tantos, digo los que son visibles, ¿cuán tatuado tienes tu cuerpo? — pregunto con cara de cachorro abandonado.
— Eso solo lo saben quiénes me ven desnudo. — respondió el hombre al tiempo que le giñaba un ojo.
— Ah. — Puso su mejor cara de desilusión, sabiendo que el querría consolarla.
— Si quieres me podría desnudar para ti. — Linda fingió mirarlo con sorpresa e incredulidad, cuando por dentro se moría de risa.
"Eres lerdo Deivid, pero mejor así."
— Pero mira quién está aquí, Deivid Smith, tan apuesto como siempre a pesar de esos tatuajes. — La espalda de Linda se puso tiesa, ¡estaba perdida! Todo había acabado.
— Samara Canón, tan rubia como siempre.
Cuando la mujer saludó a Deivid, se fijó en quien lo acompañaba, claro ella no sabía que eran jefe y empleada por lo que se acercó apropósito a la mesa cuando lo vio acompañado y más con alguien con esa figura, pero cuando reconoció de quien se traba su cara cambio de inmediato, igual que su tono de voz dejó de ser simpático, para pasar a ser ácido y burlón.
— ¿Señorita mantequilla? Mira cómo has cambiado, si hasta pareces una persona.
Linda podía domar a cualquiera, pero había dos personas a las que nunca podría enfrentar, Erick Mark y Samara Canon, ella moría por gritarle a esa rubia de plástico cuantas veces su prometido la había follado, de ciento de formas diferentes, cuantas veces habían alcanzado el máximo placer hasta caer rendidos, pero no podía, el día que ella hiciera eso Erick sería capaz de matarla de ser preciso. Por lo que bajo la cabeza sin decir nada.
— Samara, ¿acaso tienes algún problema con mi asistente? — El tono de Deivid dejaba ver lo molesto que estaba con por sus palabras.
— Mira hasta tienes un nuevo defensor, las cosas no cambiaron tanto, ¿sabes Deivid? te daré un consejo, por la amistad que tiene nuestros padres, despide a esta vaca, es una completa incompetente. — En el terreno laboral Linda si se podía defender, ella sabía lo brillante que era.
— ¡Eso no es verdad! — rebatió sin importarle levantar la voz.
— ¿Que no es verdad?, echaste a perder el mejor negocio que se había conseguido con Dante Ricci, tu idiotez nos costó 2 millones, menos mal que mi prometido te hecho antes de la reunión de la junta o te hubiera destrozado con mis manos. Me imagino que no colocaste nuestra empresa como referencia....
Samara continuó hablando, pero Linda ya no la escuchaba, estaba acostumbrada a sus continuos ataques, siempre le decía que si no fuera porque se parecía más a una cerda que a una mujer ella no dudaría en que Erick y ella tuvieran un amorío, pero gracias a su apariencia nunca sospecho nada, lo que saco de jugada a Linda fue el hecho que la culparan por el fallido de una fusión con el italiano Dante, eso era imposible, ella dejó todo listo, solo faltaba la firma de Erick.
El día después de que Erick la mandó por un tubo ella se reunió con Dante, firmaron todo y entre una cosa y otra, terminaron en la cama de un hotel de lujo, fue así como ella se dio cuenta que podía seducir a cualquier hombre.
— Te estoy hablando jamón con patas.
— ¿Que? — La voz de Linda era apenas un murmullo.
— Que como se te ocurrió poner una cláusula que si no se concretaba el trato pagaríamos dos millones de dólares.
— No... — Las lágrimas de Linda caían a la vez que el subconsciente le gritaba.
"¡Estúpida te pago con dinero de la compañía y te culpo por ello! ¡Ahora además de puta eres una ladrona!”
— ¡¿Acaso no piensas contestar vaca?!
— ¡Oye Samara ya es suficiente, porque no te largas a arruinar el almuerzo de alguien más! — Linda miro de inmediato a Deivid, él la estaba defendiendo, y ella no estaba fingiendo.
No quería estar en ese lugar, en cualquier momento podría aparecer Erick y todo se iría al carajo.
Por lo que se levantó y salió sin decir nada, Deivid salió detrás de ella.
— Linda, espera, ¡Hey detente! — Al momento que Deivid la detuvo la abrazó y ella se quebró por completo.
— No fue así, no sé qué paso, pero lo averiguare, yo sé lo que hago, mi trabajo es lo único que tengo, es lo único para lo que soy buena ¡jamás aceptaría algo así! — Decía entre lágrimas más para sí misma que para él.
— Te creo Linda, no tienes nada que explícame, me acabas de salvar de perder mucho dinero, sé que eres buena en lo que haces. — Deivid acariciaba la espalda de ella, y ese contacto lo empezó a acalorar.
"¡Por favor, si solo la estoy acariciando! ¿Qué sucede conmigo, porque me atrae tanto? Ella se ve tan débil, está sensacional de que alguien te necesite es tan fuerte y linda, Linda como ella, debí mandar al carajo a Samara apenas llegó.”
— Ya estoy bien señor Smith, puede soltarme. — dijo la joven, pero él no quería hacerlo, sin embargo ¿qué podría decirle? Y entonces le dijo la verdad.
— Pero yo quiero abrazarte un poco más. Además, ya te dije no me digas señor. — Le dijo con voz suave junto a su oído.
— Está bien Deivid, ¿podemos volver a la oficina? Todavía tenemos trabajo.
— Eres muy responsable Linda. — Ella lo miró sorprendida, no era gordita Linda, ni otro apodo él la llamo por su nombre.





