Un amor sofocante.
- ¡No, por favor! - verbalizo mi súplica, que bien sé que será ignorada. Él hace un no demasiado lento con la cabeza, chasqueando la lengua en un gesto de desaprobación. Logan se sube al colchón y me acaricia el brazo izquierdo, deslizando los dedos por él hasta llegar a la muñeca. La sujeta y la besa con devoción, mirándome directamente a los ojos.
- ¿De verdad creías que no me iba a enterar, cariño? - Se me acelera el corazón. - ¿De verdad creías que no me contradeciría? - Empiezo a jadear sin control. Sí, jadeo demasiado e inevitablemente un sudor frío empieza a burbujearme en la frente.
- Logan... -intento hablar, pero él me lleva el dedo índice a la boca.
- ¡Shiiii! - Me lleva el brazalete de cuero negro a la muñeca y me lo aprieta con fuerza. - Te enseñaré que no te dejas ni una cruz -promete con un falso tono de dulzura y vuelve a besarme la muñeca, llevándola a continuación al respaldo de la cama, y me sujeta allí.
- No lo hagas, Logan, ¡por favor! - vuelvo a suplicar entre jadeos. - Te prometo... ¡Te juro que no lo volveré a hacer!
- Sé que no lo harás, cariño. Después de lo que te haré esta noche, nunca volverás a pensar en dejarme. - Las lágrimas que he contenido hasta ahora brotan y se derraman por mi cara.
- ¡Por favor, Logan! Por favor, no lo hagas. - vuelvo a suplicar. Su mirada se cruza con la mía y en ese instante es demasiado frío, intenso y decidido, y sé que cualquier súplica de clemencia está perdida. Sin responderme, Logan me sujeta firmemente la otra muñeca y en cuestión de segundos estoy completamente atrapada e indefensa. Me sujeta el pelo con firmeza y suelto un gemido de dolor, mirándole fijamente a los ojos furiosos.
- ¡No vuelvas a intentar convencer a mis hombres de que te alejen de mí! - gruñe por lo bajo, pero con rabia-. - ¿Sabes lo que tuve que hacerle, Eva? - Ralla suavemente su boca a un lado de mi cara y cierro los ojos, sintiendo el miedo correr por mis venas como una inmensa piedra de hielo, helándome todo el cuerpo. Mi respiración se agita aún más. - ¡Tuve que matarte y ahora tu ángel de la guarda debe de estar hundiéndose en las profundidades del infierno! - gruñe furioso y entre dientes, muy cerca de mi oreja. Se aparta a continuación, acomodándose entre mis piernas, separándolas sin un ápice de afecto y me tira bruscamente hacia abajo, haciéndome tumbar sobre el colchón, dejando mis brazos estirados lo suficiente como para que no pueda moverme. Luego me sujeta la garganta con firmeza, apretándola hasta hacerme ahogar y finalmente, me penetra brutalmente, aspirando el aire profundamente como quien aspira el fino polvo de una droga adictiva. - ¡Eres mía, Eva! - gruñe furioso, abofeteándome la cara. - Mía, ¿me oyes? - No hay ni una pizca de placer en este acto, ni de amor, ni siquiera de seducción. Sólo grita implacablemente mientras me abofetea y me estrangula, cogiéndome violentamente, lo bastante fuerte como para hacerme daño por dentro y por fuera. Me siento invadida y violada, y le ruego que me mate.
Y sólo cuando suelta un gruñido ahogado siento el alivio del fin de mi tormenta. Logan me suelta el cuello y se deja caer a mi lado en la cama. Todavía jadeante, mira al techo.
- Lo siento, mi amor. - dice por fin y se vuelve hacia mí-. - Te quiero con locura y no puedo... no puedo verme sin ti. Tener que compartirte, aunque sea con tu familia, o con tus amigos. Entiéndelo, Eva, no te dejaré ir. - Sólo lloro porque no hay nada que decir. - ¡Eh, no llores, mi amor! - susurra y me besa suavemente, acariciándome la cara y secándome las lágrimas. Pienso en apartarme de su tierno contacto, pero no quiero disgustarle otra vez. - Necesito un baño y luego podemos dormir. ¿Qué te parece?
- DE ACUERDO. - Es todo lo que digo con una sola voz.
***
Me despierto al día siguiente sintiendo que me duele todo el cuerpo. Fuera, los pájaros cantan excitados en un día soleado y me doy la vuelta con cuidado, encontrando el otro lado de la cama vacío. Me siento con un poco de dificultad en el borde del colchón, sintiéndome como una nulidad y me obligo a ir al baño. No sé exactamente cuándo me ha liberado de las esposas, ni siquiera cuándo ha vuelto de ducharse. Dentro de la amplia y lujosa habitación me quito el camisón de seda y me miro las marcas de anoche frente al espejo. Aprieto los labios para no llorar y deslizo las yemas de los dedos por las marcas de las costillas y los muslos. Molesta, me apoyo en la encimera y pienso que ya no puedo más. Finalmente, levanto la cabeza con una idea absurda, abro la pequeña farmacia y miro los frascos de medicamentos expuestos.
- ¿Señora Cross? - Aprieto la mandíbula cuando oigo la voz de Lia tras la puerta cerrada.
La criada la abre y pasa junto a ella, mirando fijamente las marcas. - ¿Qué coño ha hecho? Dios mío, Eva, ¿cómo estás? - busca saber y me derrumbo en sus brazos. Lia siempre ha sido mi apoyo desde que llegué a esta casa. Ella, al igual que yo, fue testigo de cómo el hombre enamorado se convertía en un monstruo poco a poco, día a día, hasta que desvaneció su lado oscuro de una vez por todas. Sin embargo, no puede hacer mucho por mí, aparte de escuchar mis lamentos y ofrecerme momentos de relax en su cocina.
- Ven, te ayudaré con el baño y después te haré un maquillaje que te alegrará esa cara tan bonita. - Mientras parlotea, creo que no sabe mucho de mis planes. Siempre la mantengo alejada de ellos ya que no quiero hacerle daño como lo que pasó con el guardia de seguridad. Me siento culpable por lo que le pasó. Hace unas semanas lo seduje, atraigo al hombre como una abeja a la miel. Le conté mis deseos y lo induje a que me sacara de ese lugar. Juro que tuve mucho cuidado de que nadie nos viera, ni nos escuchara. Definitivamente, cuando Logan mencionó el hecho me tomó por sorpresa y aún me pregunto cómo...
- ¡Ahora estás perfecta! - dice dulcemente, terminando de maquillarse. Le fuerzo una sonrisa. - ¿Qué quieres hacer ahora?
- ¿Puedo ir a tu cocina? - La chica me dedica una gran sonrisa.
- Claro que puedes. Y hoy he traído una receta especial para que la hagamos juntos.
Muchos hablan de psicólogos, psiquiatras y otras opciones para despejar una mente débil y enferma. Yo definitivamente no tengo ninguno y tampoco tendré esa oportunidad con ningún profesional. Sin embargo, es en la cocina de Lia donde me siento renovada. Cuando era soltera ni siquiera había cogido una cuchara y ahora, prácticamente tengo un libro de recetas escrito por mí. Aquí es donde me olvido de quién soy realmente y sólo me acuerdo cuando llega la noche.
***
NOTAS DEL AUTOR:
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