Lazos de sangre en nuestra oscuridad

Paula

Al verlo sentí alivio, pero luego comenzó el verdadero infierno, al ver cómo lo pinchan y escuchar su llanto porque hubo que entablillar su bracito para que no se arrancará la aguja. Tuve que sentarme a hablar con él, ya que fue terrible cuando lo inyectaron para bajarle la fiebre, pero era necesario que se dejara hacer todo. Con calma, besando su frente y acariciando su brazo le expliqué por qué le hacían todo, ya había aprendido que, con él, las cosas no eran a porque sí, había que decir el porqué de todo. Luego de que nos llevaron a su habitación, logré que se durmiera mientras le cantaba y pasaba mi mano por su hermoso cabello ondulado.

Toda la noche estuve sin moverme, solo cuando venían a ponerle la medicina ayudaba a calmarlo. Verlo así me rompía el corazón y lloraba sin que me viese, al siguiente día tenía que llamar al trabajo y fue cuando descubrí que estaba sin carga, por suerte en mi cartera llevaba el cargador. Tenía hambre, así que le pedí a la enfermera que lo vigilara unos segundos para ir a comer algo.

Cuando regresé, logré encender el teléfono, casi me explotaba de tantos mensajes y llamadas perdidas. Mi madre y amiga se llevaron el premio de saturar un teléfono. Entre tantas notificaciones, al final pude de casualidad ver la llamada de mi trabajo. Al llamar a este casi me despiden, me dijeron que debía presentarme allí al siguiente día. No me quedaba de otra que pedirle a mi madre que me lo cuidara para ir a solicitar mis vacaciones o una licencia si me lo aceptaban.

Así que a la siguiente que llamé fue a ella. Por supuesto que mis oídos casi explotan al contestarme. Incluso me colgó, tan solo le dije que estaba en el hospital San Genaro con Lu enfermo de neumonía. Miré el teléfono sin poder creer lo que acababa de pasar, negué y nada más pasé a la siguiente persona. Llame a Alana y para mi sorpresa, está repitió el mismo patrón, mi hijo era la vida de estas mujeres, era un dios o algo así. Perdían los estribos si escuchaban que algo malo había pasado con él.

Quince minutos después:

Mi madre entró como una loca, luego de lanzarme unas bolsas y lavarse las manos corrió a abrazar a su niño que estaba dormido. Había traído comida y ropita para él, me alegro de que lo hiciera, ya que no había podido ir a la casa. Me hizo un interrogatorio de cómo estaba, de qué medicamentos llevaba y todo.

Cuando al fin se calmó, entonces le conté todo lo que había pasado con el novio de Alana. Casi le da un ataque, me dijo que debía decírselo, pero cómo haría semejante cosa, no podía ser yo la causante de la ruptura de un amor tan grande. No, me negaba a que mi hijo causara un desastre así. Quizás al final ni ganaba un padre y perdía a una tía. En eso ella me dio la razón y decidimos dejarlo de este modo, era mejor jamás volver a tocar ese secreto, moriría conmigo.

Mamá recibió una llamada y me dijo que Andrés venía para el hospital, aquello fue como un balde de agua fría. Tenía que salir de allí, por nada de este mundo ese hombre podía saber dónde vivía. Le pedí a mami que vigilara al peque para ir a casa a tomar un baño y traer ropa para cuidarlo. Salí disparada del hospital, entré a mi auto y me dirigí a casa, para hacer todo rápido y regresar lo más rápido con mi hijo.

Lucas

—¿Por qué siempre haces lo mismo? Yo te amo y tú no haces más que acostarte con todas las mujeres que se te cruzan. Estamos comprometidos, deberías respetarme.

—Tú eres la única que quieres seguir con esto, si no he roto nuestra relación es por nuestras familias. Pero tú mejor que nadie sabes que no te quiero, no deseo tener una relación contigo. Y basta, no voy a seguir teniendo esta discusión contigo, me voy.

La dejé allí en aquella habitación, por lo otro que seguía con ella era porque era buena en la cama, no lo niego. Pero estaba harto de tener que soportar, realmente no quería nada con ella, siempre estaba tratando de manipularme y odiaba eso. Vivian Bolso es una mujer inteligente, hermosa y preparada, pero caprichosa, celosa a muerte y algo manipuladora, todo eso apaga sus buenos puntos para mí.

Jamás me he visto en un futuro a su lado, no la deseo como la madre de mis hijos, no soportaría sufrir a diario sus ataques y sus controles. Si no fuera por la relación entre nuestras familias, ya hubiese roto este compromiso. Sé que en un futuro me dará problemas, algo me dice que quitársela de encima será casi imposible.

Me dirijo donde están mis amigos en el club, tan solo cruzar y varias chicas se me acercan, pero hoy realmente solo quiero paz. Me lanzo en el mueble y todos me miran, saben que algo pasó, pero ni preguntan. Sobre todo, mi gemelo que me conoce a la perfección, nada más me pasa un trago mientras me hace seña con la cabeza. Poco a poco me relajo mientras conversamos de cualquier cosa, somos cinco chicos que hemos venido juntos desde pequeños.

Todos hijos de familias con poder, desde un senador, hasta un empresario como el nuestro. En nada los otros chicos ya tienen a mujeres en sus piernas, pero ni yo ni mi hermano estamos hoy en eso. Yo por mi ánimo y Zack por acompañarme, siempre hemos estado uno para el otro sin dudar.

Estamos ambos mirando hacia la pista y hay dos chicas que nos llaman la atención. Enseguida quedo hechizado por la del cabello castaño, su sonrisa me atrae como abeja a la miel. Como mueve sus caderas me enciende, juro que no miro con malicia, pero el solo verla me hace desearla.

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