La intensidad de la mirada de Rodrigo me hace querer desaparecer. Esto se me está yendo de las manos. Mi objetivo de esta noche solo era seguirlo, permaneciendo en la sombra, como acostumbro hacer desde hace un tiempo. Sin embargo, aquí me encuentro, sentada en el suelo, con cientos de ojos depositados en mí, el corazón acelerado y a la persona que más odio a punto de rozar mi piel por primera vez.
Tengo la boca seca. Estoy nerviosa, pero a la misma vez molesta conmigo misma por permitirme este tipo de error.
Rodrigo se coloca sobre sus rodillas y sin perder su sonrisa, se reclina sobre mí. Por instinto, me alejo hacia atrás, utilizando mis manos y mis pies para desplazarme por el suelo lejos de él, hasta que mi espalda choca contra una pared, impidiéndome avanzar.
¡Maldición!
- No sabes cuánto me gusta perseguir mujeres, Princesita – dice con voz varonil, avanzando hacia mí con paso lento, como si estuviera a punto de cazar a su presa. Y quizás, así es, me he convertido en su presa de esta noche.
- No quiero que me beses – susurro.
- Te creí más valiente. Accediste a jugar, ahora solo tienes que dejarte llevar.
- No quiero – le digo, negando con la cabeza e intentando que olvide este estúpido juego y que se aleje de mí.
- Sí que quieres, no mientas. Todas quieren – responde con aires de superioridad.
- Yo no soy como el resto.
- Puede que tengas razón, pero ahora mismo cumpliré con las normas del juego y luego volveremos al círculo con los demás – niego nuevamente con la cabeza. – Hagamos algo, si mis besos te desagradan, te daré la oportunidad de abofetearme con todas tus fuerzas. Si por el contrario, te gustan, me darás tu número y tendremos una cita. ¿Qué me dices? Sé que me deseas, no lo pienses demasiado.
No respondo. Me avergüenza admitir que tiene razón y que deseo que lo haga.
Al ver que no consigo decir ni una palabra, sonríe ampliamente antes de acercarse más. Cierro los ojos y giro mi rostro a un lado.
Él deposita un beso en el dorso de mi mano y suspiro, abriendo los ojos. ¿A quién quiero engañar? La verdad es que quiero verlo. Rodrigo continúa ascendiendo por todo mi brazo, rozando mi piel con sus labios y la punta de su nariz, antes de continuar el recorrido por mi hombro derecho, la cima de mis pechos y se detiene en mi cuello, donde muerde, chupa y besa en esa zona, haciendo que salga un jadeo desde el fondo de mi garganta.
- Es más que suficiente. Volvamos al juego – grita una voz femenina hacia nosotros, pero Rodrigo la ignora, volviendo a besar ese punto sensible detrás de mi oreja.
Cubro mi boca con una mano, antes de que pueda escuchar cuánto estoy disfrutándolo.
- Hueles delicioso, princesa – susurra y mi piel sensible se vuelve de gallina. – Me gusta tu olor y me gustas tú – saca la cabeza de mi cuello y me mira directamente a los ojos, con esa sonrisa suya lobuna en el rostro. – Me debes tu número telefónico – asume que me ha gustado y está en lo correcto, pero no pienso admitirlo. Se reclina hacia adelante, besa la comisura de mis labios de forma fugaz antes de alejarse por completo y regresar a su sitio junto al resto.
Me quedo durante unos minutos en el mismo lugar, con mi pecho subiendo y bajando con cada una de mis respiraciones y mi corazón destrozado. ¿Cómo es posible que me deje llevar por el momento y no por la razón?
- ¿Vienes? Aún hay más, nena – grita él hacia mí y toda razón queda olvidada.
Vuelvo a mi sitio, con mis mejillas ardiendo y evitando su mirada.
El pico de la botella apunta hacia otra chica y vemos cómo se besa con la que tiene a su lado.
Gracias a Dios por darme un poco de tregua.
Transcurren varias rondas en este juego estúpido, en las que me toca besar a Feliz y cantar un fragmento de una canción. En cambio, Rodrigo ha tenido que besar a dos chicas y lamer el vientre de otra de ellas de forma sensual. Al parecer, él es muy popular aquí y todas mueren por una pizca de él. A medida que avanza la noche, los castigos van subiendo de nivel y comienzo a sentirme incómoda. Estos chicos sudan feromonas.
Él hace girar la botella y para mi desgracia, el pico apunta hacia mí.
- Tienes que besar sus labios durante dos minutos enteros – dice la chica de mi lado derecho, apuntando hacia Rodrigo, luego que digo la palabra ¨reto¨.
Él arquea una ceja y sonríe de medio lado.
No pienso hacerlo. Entre todos los presentes, él es el único con el que jamás me atrevería a besar. Lo odio demasiado. Ya ha invadido mi espacio personal en una ocasión.
- No.
La palabra sale de mi boca con rotundidad.
- No puedes negarte. Son las reglas del juego.
- No jugaré más – me encojo de hombros y me pongo de pie.
Él hace lo mismo. Intento alejarme, pero me detiene por el brazo.
- Lo siento, princesita, pero tienes que cumplir tu castigo – murmura, rodeando mi cintura con su brazo. El contacto de su piel quema la mía, a pesar de la tela de mi vestido.
Sé defenderme perfectamente. Usaré la violencia contra él si es necesario. Justo cuando levanto mi mano para apartarlo de mí, alguien entra corriendo con cara de espanto.
- ¡La policía! – el grito hace que todos comiencen a correr como locos.
¿Qué ocurre?
Me mantengo en el lugar, viendo como todos salen disparados hacia diferentes lugares como si de repente hubieran perdido la cabeza. No sé qué hacer.
- ¿Qué ocurre contigo? ¡Corre! – gruñe Rodrigo, apareciendo entre las personas que escapan por las ventanas y puertas. Toma mi mano y me hace correr hacia la puerta de salida, pero se detiene abruptamente al ver dos policías entrando con sus armas en alto. - ¡Maldición!
Me hace retroceder, subimos las escaleras de dos en dos hasta el piso superior y nos encerramos en una de las habitaciones desoladas.
Se gira hacia mí furioso.
- Si me detienen por tu culpa, te mataré – me acusa con su dedo índice.
- Yo no te pedí que me rescataras – le digo cruzándome de brazos. – Además, no le temo a la policía. No he hecho nada malo.
- ¿Ah no? Estás en una casa deshabitada, llena de drogas, alcohol y adolescentes. ¿Te menciono los delitos? Allanamiento de morada, posesión de drogas, desorden público…
Su forma de hablar me recuerda que es abogado. ¿Qué tipo de abogados permite esto? ¿También se drogó?
Abre la ventana de cristal y cuela su cabeza por ella.
- Tenemos que salir por aquí.
- ¿Qué? ¡Ni hablar! – me niego.
- Subirán en cualquier momento. No tenemos otra opción.
- Prefiero la cárcel.
- Créeme que no. Vamos – extiende su mano hacia mí.
Escucho ruido en el pasillo. No me conviene tampoco que me apresen. ¡Demonios! ¿Cómo se me ocurre venir aquí?
Me acerco a la ventana y miro hacia abajo. Trago saliva con fuerza y retrocedo.
- ¿Te has vuelto loco? No pienso salir por ahí.
Él gruñe y rueda sus ojos.
- Como quieras. Al menos lo intenté – se encoge de hombros y sale por la ventana con cuidado.
Me acerco para ver cómo coloca sus pies en el borde de un pequeño muro. Es un segundo piso, pero de igual forma es mucho el daño que se haría si cayera.
El ruido del exterior de la puerta se intensifica. Alguien está llamando. Mis ojos se encuentran con los de Rodrigo, quien me extiende una de sus manos.
- ¿Confías en mí?
- No – respondo a su pregunta y es la verdad. Nunca podría confiar en él.
Se ríe.
- Me alegra que no lo hagas.
Suspiro y acepto su mano. Con cuidado, salgo por la ventana, colocando los pies el estrecho muro.
- Voltéate – exige él y hago lo que me dice. – No mires hacia abajo. Mira mis ojos. Solo mis ojos.
Estamos cerca. Demasiado cerca. Sus ojos color café se encuentran fijos en mí, con sus pupilas dilatadas.
Mi corazón late a gran velocidad. Una de sus manos viaja a mi boca, obligándome a callar. Su proximidad me molesta y me perturba a partes iguales.
Escucho a alguien en la habitación. Supongo que sea uno de los policías. Cierro los ojos e intento relajarme.
- Me debes un beso de dos minutos – susurra Rodrigo e inmediatamente abro los ojos para encontrarme con su sonrisa de medio lado.
- Ni en tus sueños – respondo en el mismo tono de voz.
- Si salimos ilesos de esta, tendrás que dármelo, al igual que tu número.
Cuando voy a responder, alguien desde abajo nos grita, proyectando sobre nosotros la luz de una linterna.
- ¡Bajen de ahí ahora mismo!
- ¡Maldición!
Estamos en problemas.





