La tentación del diablo

El hedor a carne quemada invadía mis fosas nasales invadiendo mis pulmones. Mi respiración cada vez era más agitada mientras corría de aquellas sombras que corrían hacia mi.

No había rostro alguno en ellas, solo un par de ojos de color rojo carmesí, mientras el olor putrefacto escapaba de ellos, sus ojos rojos estaban fijos en mi mientras me seguían con desesperación. Resbalé cayendo al suelo haciendo que mi ropa se humedeciera con un líquido viscoso que se encontraba en el suelo. Me reincorporé nuevamente y continué huyendo de aquellas sombras que causaban terror en mi.

—¡Señorita Violet! Porfavor detengase—.Dijo una voz la cual parecía ser la de un monstruo.

No detuve mi paso en cambio continué corriendo por aquel lugar el cual parecía estar lleno de devastación. Corrí sin parar hasta llegar a un acantilado. Sabía que al caer sería devorada por aquellas almas hambrientas. El señor me había mencionado muchas veces referente a ese lugar.

Un lugar en el cual se encuentran las almas que pecaron en su vida y fueron llenadas de avaricia, odio, rencor e incluso aquellas que cometieron asesinatos, se llenaron de avaricia al ver que habían fallecido, devorando así a todas las almas inocentes y puras que se encontraban en la tierra. Esas almas fueron enviadas a este lugar. Ellas son las que devoran cualquier ser que caiga hacia ellas. Son almas asesinas.

Todo mi mundo en el cual crecí había sido destruido con tan solo una palabra proveniente de aquel hombre el cual pensé que siempre había sido sincero conmigo… Todas sus historias y cuentos de como me encontró resultaron ser todas mentiras.

Me acerqué a la orilla observando lo que se encontraba bajo este. Almas las cuáles sangraban de sus boca y levantaban sus manos en mi dirección esperando en cualquier momento devorarme. Los lamentos gritos y jadeos de aquel acantilado resonaban fuertemente.

—¡Alto! ¡Porfavor no den un paso más!—.Grité.

—Señorita, nuestro señor la necesita—.Dijo una de las sombras la cual no pude distinguir de quién provenia.

—¡No se acerquen! ¡No dudaré en dar un paso más!—.Grité nuevamente.

Aquellos sombras permanecian de pie observandome con sus furiosos ojos rojos.

—Si algo le sucede seremos enviados a las profundidades dónde ningún alma es capaz de volver—.Dijo una de las sombras.

—Nuestra señora sabe lo importante que es para nuestro señor.

—¡Tenga piedad de nosotros!

Aquellas sombras comenzaron a acercarse a mi haciéndome retroceder.

—¡Alejense!—.Grité haciendo que las sombras se detuvieran.

Una voz familiar comenzó a acercarse hacia mi. Dirigí mi mirada hacia el encontrando a un hombre, el cual llevaba un traje de color negro acompañado por una capa de su mismo color. Por alguna extraña razón no podía ver su rostro.

—Violet, ven conmigo—.Dijo ese hombre con una voz ronca mientras tendía su mano hacia mi.

—¡Alejate!—.Vociferé

—Te explicaré todo, solo… Ven conmigo.

—¡No me obligaras a permanecer a tu lado!—.Grité nuevamente.

—Violet, porfavor, quédate conmigo.

—Alejate de mi… ¿Qué es lo que quieres de mi?.

—Yo… Te quiero a ti—.Dijo caminando hacia mi.

Recordé aquel regalo el cual había recibido cuando tenía 17 años, una caja de oro la cual al abrirla tenía dentro una daga de oro con una gema roja como la sangre en su empuñadura. Está daga venía acompañada por un pergamino con bordes dorados en el cual se podía apreciar una clara caligrafía; "Daga de la vida, la cual es capaz de acabar con la vida de cualquier ser".

Saqué la daga de mi ropa y apunté a mi pecho haciendo que aquel hombre se detuviera.

—Detente…—Dijo con un tono de angustia en su voz.

—Si me quieres a mi, nunca podrás tenerme, somos muy diferentes.—.Dije llevando con fuerza la daga hacia mi pecho enterrandola en el, pude escuchar el grito desesperado de aquel hombre mientras me dejaba caer hacia aquel acantilado repleto de almas devoradoras.

Desperté agitada de aquel extraño sueño. El cual se ha vuelto repetitivo los últimos días, algunas gotas de sudor empapaban mi frente mientras mi respiración continuaba agitada. Llevé mis manos a mi cabello mientras la luz del sol entraba radiante a través de las persianas de mi habitación.

Podía sentir una inquietante mirada en mi la cual me hacia sentir miedo.

—¡Vamos Megan! ¡Solo fue un sueño!—.Dije dando pequeñas palmadas en mis mejillas. Dirigí mi mirada hacia el reloj de mi habitación dándome cuenta que llegaría tarde al trabajo.

—Maldición—.Mucité mientras me colocaba de pie y quitaba toda mi ropa dirigiendome a tomar una rápida ducha.

Me tomó pocos minutos terminar de ducharme. Salí de la ducha y comencé a vestirme apresuradamente hasta que una voz familiar proveniente de la puerta de mi habitación llamó mi atención.

—Megan, ¿Estas despierta? Llevo horas llamándote. ¿Acaso ocurrió algo?—.Dijo mi compañera de apartamento, Cleo.

—No ha ocurrido nada, ya casi estoy lista Cleo—.Dije mientras terminaba de colocar mis tacones.

—Bien, entonces me iré, he dejado tu desayuno servido, no olvides comerlo—.Dijo Cleo.

—Está bien, no lo olvidaré, muchas gracias Cleo.

—Nos veremos más tarde, pequeña desastre—.Dijo con una pequeña risa.

Pude escuchar como la puerta de nuestro apartamento se cerraba. Eso me indicaba que Cleo ya se ha marchado.

Salí de mi habitación cerrando la puerta tras de mi y me dirigía a la mesa comiendo apresuradamente el desayuno que Cleo había preparado para mi.

—Llegaré tarde, tengo que apresurarme—.Dije dejando casi por completo el desyuno.

Me dirigí nuevamente hacia mi habitación deteniendome con sorpresa en la puerta de esta la cual se encontraba abierta.

—¿Acaso no la había cerrado?… Bien, no importa—.Dije entrando nuevamente a mi habitación tomando los documentos que había colocado al lado de mi laptop cuidadosamente.

Salí nuevamente de la habitación, haciendo que mi paso se detuviera al sentir que algo me observaba. Mis ojos se dirigieron hacia la cocina al ver por unos segundos una sombra la cual se proyectó en el suelo. Mi corazón comenzó a acelerarse mientras caminaba hacia ese lugar.

—¿Quién está allí?—.Dije nerviosamente sin recibir respuesta alguna.

Me armé de valor y me dirigí hacia la cocina sin encontrar nada en ella.

—¡Solo fue mi imaginación!—.Exclamé dejando escapar un suspiro.

Me dirigí hacia la puerta del apartamento saliendo rápidamente de este. Caminé hasta la parada del autobús hasta que sentí a alguien decir mi nombre en casi un susurro. Giré mi mirada hacia atrás por un minuto mientras veía hacia todas partes en busca de aquella persona la cual había dicho mi nombre.

Salí de mis pensamientos al sentir un fuerte golpe en mi hombro el cual me hizo caer al suelo mientras mis documentos se esparcirán por todo el lugar.

—Oh, lo siento mucho, no me fijé y sin querer me he tropezado contigo—Dijo la voz de un hombre el cual estiró su mano hacia mi ayudándome a colocar de pie.

Tomé su mano sintiendo un gran escalofrío el cual recorrió mi cuerpo.

Dirigí mi mirada hacia el dándome cuenta que es un hombre muy atractivo. Piel blanca, de ojos grises y cabello negro. Puedo asegurar que mide aproximadamente 1'86.

«Es muy atractivo… Sus ojos son muy hipnotizantes. Su rostro se me hace muy familiar.»

—¿Te encuentras bien?—.Preguntó aquel hombre mirándome fijamente.

—Sí, estoy bien—.Respondí mientras levantaba mi muñeca para ver el reloj.—.¡Oh dios! ¡Es tarde!… Mis documentos…

Aquel hombre se inclinó comenzando a recoger los documentos en el suelo seguido por mi.

—Aqui tienes, estoy muy avergonzado por causarte problemas—.Dijo con una hermosa sonrisa en sus labios.

—Descuida, todo está muy bien—.Dije tomando los documentos—.Pero tengo que irme.

Dejé a aquel hombre de pie y me dirigí hacia el bus el cual había llegado. Llevé mi mano a mi corazón al sentir un poco de presión en el mientras mis manos no dejaban de sudar.

«Por alguna razón, me siento inquieta.»

—Chica, ¿Te encuentras bien? Te encuentras un poco pálida—.Dijo una señora mirándome preocupada.

—Sí, estoy bien—.Respondí sonriendo.

Bajé del bus y me dirigí hacia la entrada de la empresa. Tomé el elevador hasta llegar al piso 21.

Trabajo en una pequeña empresa de cosméticos donde soy la asistente personal de la señora Danna, mi jefa.

Las chicas de la oficina fijaban su mirada hacia mi mientras caminaba rápidamente haciendo que mis tacones resonarán por el lugar. Todas saben que he llegado tarde toda esta semana.

—Buenos días chicas—.Dije dedicandole una radiante sonrisa.

—Buenos días Megan.

Me dirigí a la oficina y coloqué mis documentos en mi escritorio para luego tomar asiento. Pero a los pocos minutos escucho como la puerta de la oficina se habría lentamente.

—Buenos días Megan. Ven a mi oficina ahora mismo—.Dijo la señora Danna para luego cerrar la puerta de la oficina haciendo que un escalofrío recorríera mi cuerpo.

«Perderé mi trabajo… ¿Cómo ayudaré a mi madre si eso llega a ocurrir?»

Me levanté de mi asiento y me dirigí a la oficina de la señora Danna dando suaves toques en la puerta de esta.

—Adelante.

La señora Danna a pesar de tener 46 años, se ve realmente bien. Su piel blanca y cabello rubio hace juego con sus ojos azules y su buen cuerpo.

—Toma asiento Megan—.Dijo bajando sus lentes apartando la vista de su ordenador entrelazando sus dedos.

Tomé asiento delante de aquella mujer la cual no apartaba su mirada de mi ni tan solo un segundo haciéndome sentir aún más nerviosa.

—Bien Megan, ¿Qué está ocurriendo contigo? Me habías prometido no volver a llegar tarde. Pero aún así has faltado a tu palabra.

—Lo sé señora Danna, y quería pedirle una disculpa.

—Megan, he escuchado eso toda la semana. ¿Crees que esto es un juego y que puedes llegar a la hora que desees?—.Dijo con un tono fuerte.

—No volverá a ocurrir señora Danna. Deme una última oportunidad—.Supliqué

La señora Danna me observaba detenidamente mientras se cruzaba de brazos y dejaba escapar un largo suspiro.

—Megan, Megan, Megan... ¿Qué haré contigo?… eres muy buena en lo que haces. De todas las asistentes que he tenido, tu eres la que mejor se ha desarrollado en el trabajo. No tengo queja alguna en ese sentido, pero en lo que se trata de la puntualidad eres fatal.—.Suspiró— Dejaré pasar esto. Pero será la última oportunidad que tendrás.

—Gracias señora Danna no la voy a defraudar—.Dije sonriendo.

—Vamos, regresa a tu lugar de trabajo. Hoy llega mi hijo y quiero que todo esté perfecto. Luego arreglarás una reservación y me acompañaras también.

—Pero señora Danna mi aspecto es un poco inadecuado para ir a comer con usted.

—No lo creo Megan, te vez perfecta. Tu piel clara y tú cabello negro se ven perfecto con tus hermosos ojos verdes. Pareces un angel, aunque con el reloj en otra parte de tu cabeza—.sonrió.

—Está bien señora Danna. Arreglaré todo para esta tarde.

Me coloqué de pie y me dirigí fuera de la oficina dejando escapar un suspiro de alivio mientras me dirigía a mi oficina.

Una vez en ella entré y me dejé caer en mi asiento encendiendo el computador.

«Pensé que me despidiria… Es un alivio.»

El teléfono de mi oficina comenzó a sonar haciendo que mi atención se centrara en el. Lo tomé entre mis manos respondiendo la llamada.

—Buenos días, habla la asistente de la señora Danna. ¿En qué puedo ayudarle?—.Dije.

Estuve por unos minutos tomando nota y hablando con una de las asistentes de una de nuestras franquicias. Colgué el teléfono para anexar todo en la agenda de computador. Solo eran cosas para la próxima reunión.

Tomé los documentos para verificar que todo esté en orden para empezar a transcribir todos aquellos documentos que eran muy importantes para la empresa. Al terminar tomé el teléfono y llamé a uno de los mejores restaurantes e hice una reservación para esta tarde a nombre de la señora Danna Bradley.

« Por fin he terminado todo mi trabajo, solo me falta esperar por la señora Danna. Aún así creo que tengo tiempo para ir a la cafetería.»

Me dirigí a la cafetería para comer algo rápido. Hoy no pude desayunar correctamente. Continué disfrutando de un pequeño panqué y un buen capuchino hasta que un fuerte dolor se apoderó de mi cabeza haciendo que mi desayuno cayera al suelo mientras llevaba ambas manos a mi cabeza. Un rápido flashback pasó por mi mente.

Un hombre el cual desconozco pasó por mi mente rápidamente observandome con una intensa mirada.

Al salir de mi trance el dolor en mi cabeza habia desaparecido.

—¿Qué ha ocurrido?…¿Dónde he visto esos ojos?—.Me pregunté un poco aturdida.

Me levanté de la mesa y me dirigí hacia el baño. Al llegar me acerqué a uno de los lavados para humedecer un poco mi rostro. Fijé mi mirada en el espejo mientras cerraba mis ojos intentando recordar dónde había visto ese par de ojos.

Un fuerte dolor en mi hombro hizo que abriera mis ojos, inmediatamente dirigí mi mano a mi hombre sintiendo como este ardía haciéndome sentir un insoportable dolor. Retiré mi camisa para observar mi hombro. Se podía apreciar en el una pequeña marca, segundos después el dolor había cesado.

—¿Q-qué es esto?—.Dije observando la marca, dudé en tocarla, pero aún así decidí colocar un poco de agua en ella haciendo un poco de presión mientras frotaba intentando que se borrará sin éxito alguno.

—¿Qué demonios es esto?…—Continué tallando mi hombro pero aún esa marca permanecia allí.

«Tengo que regresar al trabajo»

Coloqué nuevamente mi camisa aún sin entender porque esa cosa se encontraba en mi hombro. Corrí hasta llegar a mi oficina y tomé asiento mientras arreglaba algunos documentos que tengo que entregarle a mi jefa.

Me detuve en la puerta de su oficina dando un suave toque en ella.

—Adelante.

—Disculpe—.Guardé silencio al ver que la señora Danna se encontraba atendiendo una llamada. Ella levantó su mano haciendo una seña con su mano para que tomara asiento.

Escuché como ella discutía con alguien en su teléfono. Quise evitar escucharlo, pero era imposible.

—¿Cómo que ya ha vuelto y aún así pidió que nadie fuera por el?—.Vociferó.—.Está bien… Hablaré con mi hijo—.Dijo para luego colgar la llamada.

—Señora Danna, aquí tiene los documentos. Son los que necesitaremos para la próxima reunión.

La señora Danna parecía realmente enojada y a la vez algo nerviosa, no dejaba de caminar de un lado a otro.

—Megan, ¿Puedes dejarlo allí?, Ahorita no tengo cabeza de pensar en eso. Mi hijo a vuelto antes de lo acordado, pero no sé en dónde se encuentra. Lo he llamado pero no atiende mis llamadas—Suspiró—. No sé que haré con ese jovencito. Siempre hace lo que quiere.

—No se preocupe señora Danna, todo estará bien. En algún momento el tomará su llamada, o ¿Desea que me comunique con el?—.Pregunté.

—No lo creo Megan… mi hijo conoce los número de mi empresa, así que sería en vano llamarlo desde aquí.

—Uhmm, Podría llamarlo de mi celular, si así lo desea.

—He enviado a alguien que se comunique con el, pero ha sido inútil.

—Intentemos nuevamente—.Dije tomando mi celular.

—Está bien Megan, intentemos una vez mas—.Dijo entregandome su móvil dejándome ver el número de su hijo el cual marqué en mi celular.

La señora Danna parecía un poco impaciente mientras escuchaba el tono del celular.

Finalmente este contesto la llamada. Un largo silencio se podía escuchar a través de la llamada.

—¿Hola?—.Dije, inmediatamente sentí una fuerte presión en mi hombro mientras sentía que este ardía.

—Por fin te he encontrado, Violet—.Dijo la voz en el celular haciendo que sintiera un poco de miedo.

La señora Danna al ver cómo me encontraba se acercó a mí espalda tocandola cuidadosamente.

—¿Megan? ¿Te encuentras bien? Llamaré a emergencia.

—Señora Dann, no es necesario, me encuentro bien—.Dije deteniendola.

—¿Estas segura megan? Igual tendrás que ir al medico—.Dijo la señora Danna con un tono de preocupación.

—Está bien, iré mañana.

Levanté mi mano para escuchar si aún aquel hombre se encontraba en la linea. Para mí sorpresa el estaba escuchando todo, así que decidí entregar el teléfono a la señora Danna.

—Aun está en la línea—.Dije haciendo que ella tomara el celular.

—Damian, ¿En qué estas pensando? ¿Dónde estás? Ven de inmediato a la empresa.—.Dijo para luego colgar la llamada.

—Por alguna razón, su hijo me ha confundido con una tal "Violet".

—Disculpalo debe ser alguna de sus novias anteriores—.Dijo devolviendome el celular—.Ese jovencito volverá en algún momento o el sabrá de lo que soy capaz de hacer. Aún así, muchas gracias, Megan.

—De nada señora Danna, recuerde leer los documentos que he dejado en su escritorio.—Dije mientras me colocaba de pie y me dirigía a la puerta de la oficina colocando mi mano en el pomo para salir de ella.

Cerré la puerta de la oficina dejando escapar un suspiro mientras tocaba mi hombro.

«¿Qué fue lo que acaba de suceder?…¿Porqué me ha llamado Violet? Ha dicho que finalmente me encontró, ¿De quién demonios está hablando? Y ¿Porqué esa marca ha comenzado a arder?…»

Todo era muy confuso para mí. Así que decidí llamar al hospital y tomar una cita para el día de mañana. La señora Danna me ha otorgado el permiso, dentro de poco tendré que asistir con mi jefa al restaurante.

Capítulos
Personalizar
Siguiente capítulo

También te puede gustar

Logo
Tu guía para los mejores dramas cortos en línea. Avances de episodios gratuitos, información completa del elenco y enlaces a plataformas oficiales, todo en un solo lugar.
©2026 PinesDramas. Todos los derechos reservados.