La preocupación oprimía el pecho de Jonathan. La expresión que vio en el rostro de Bethany era de puro dolor, y no había ni una pizca de alegría en sus ojos, sino el vacío de alguien a quien le habían arrebatado por completo la esperanza.
En el cruce más cercano, el Maybach hizo una vuelta en U, manteniendo con fluidez el ritmo del taxi en el que iba Bethany.
Detrás del vidrio polarizado, la mirada de Jonathan no se apartó en ningún momento de la tenue silueta de la joven en el asiento trasero.
Tenía la cabeza apoyada en la ventana y le temblaban los hombros; parecía que intentaba contener sus emociones.
"Brodie Wilson...". El nombre escapó de los labios del hombre, con voz gélida.
No entendía qué clase de dolor podía despojar de todo rastro de vida a una mujer que alguna vez había brillado con energía.
El taxi acabó entrando en una exclusiva comunidad de villas y se detuvo ante una opulenta casa.
Jonathan le indicó en silencio a su conductor que se detuviera a una distancia discreta.
Desde donde estaba sentado, vio a Bethany detenerse frente a la gran puerta principal, con la cabeza echada hacia atrás mientras contemplaba el edificio.
Ni una lágrima cayó, pero la devastación grabada en su postura era más elocuente que cualquier grito de auxilio.
Tras lo que pareció una eternidad, por fin avanzó y desapareció tras la puerta.
Una vez que la perdió de vista, Jonathan, con una voz inquietantemente firme, dijo: "Robert".
"¿Sí, señor Taylor?".
"Haz un anuncio". La mirada de Jonathan era gélida. "El Grupo Taylor suspende todas las asociaciones con el Grupo Wilson, y rescinde todos los acuerdos activos con efecto inmediato".
Robert Kirk, su asistente, contuvo el aliento bruscamente. "Pero, señor Taylor, ya hemos invertido más de 100 millones de dólares...".
"Solo hazlo", intervino Jonathan, sin darle oportunidad de discutir. "Y para el amanecer, quiero todos los detalles que puedas desenterrar sobre Brodie y su esposa, Bethany".
"Entendido".
...
En ese mismo instante, Bethany entró en el salón y encendió las luces, inundando la vasta y vacía villa con una fría luminosidad.
No había ni rastro de Brodie. Debía estar aún en la casa de Karen.
Sin molestarse en acomodarse, se quitó los zapatos y subió directamente al estudio.
Rara vez entraba en el despacho de Brodie; siempre se mantenía a distancia por respeto al espacio que él reclamaba como privado.
Ahora, al recordar eso, le parecía absurdamente inútil.
Encendió la computadora de él y probó todas las contraseñas que se le ocurrieron, incluso su propio cumpleaños, pero ninguna funcionó. Todos los intentos fueron denegados.
Una risa fría y burlona se escapó de los labios de Bethany. Estaba claro que ese hombre llevaba bastante tiempo protegiéndose de ella.
Sus ojos recorrieron el estudio hasta posarse en una caja fuerte compacta escondida en un rincón. Quizá allí guardaba lo que ella necesitaba encontrar.
Mientras Bethany seguía considerando su próximo movimiento, su celular comenzó a sonar dentro de su bolso.
Lo sacó y vio que el nombre de Brodie parpadeaba en la pantalla.
Se quedó mirándolo un momento antes de contestar, con un tono helado y plano: "¿Hola?".
"¿Estás en casa, Bethany? ¿Por qué no me enviaste un mensaje?". La voz de Brodie tenía la misma calidez amable de siempre. Sin embargo, el fondo estaba extrañamente silencioso, sin el menor ruido de oficina.
"Ya llegué. Solo se me olvidó", respondió ella con brusquedad.
Hubo una pausa al otro lado. Brodie pareció notar el tono cortante en su voz. "¿Pasa algo? No pareces tú misma. ¿Todavía te sientes mal?".
"Estoy bien. Solo cansada. Me voy a la cama", dijo Bethany, acercándose a la ventana.
"De acuerdo, entonces descansa un poco. Las cosas están un poco complicadas aquí, así que llegaré tarde a casa. No hace falta que te quedes despierta por mí", murmuró Brodie con suavidad. "Asegúrate de pedirle a la empleada un poco de sopa caliente. No has estado muy bien de salud y no quiero que te resfríes".
A Bethany se le revolvió el estómago al escuchar su vacía y ensayada preocupación.
¿De verdad le importaba su salud? ¿No era él la causa de eso en primer lugar?
"Está bien", espetó Bethany con voz gélida y colgó.
No podía soportar ni un segundo más la falsa ternura de Brodie.
Tras ser engañada para donar su médula ósea, por fin había descubierto su verdadera cara.
La antigua Bethany, tonta y cegada por el amor, ya no existía.
Ahora estaba decidida a recuperar con calma todo lo que era suyo y a hacer que esa pareja de sinvergüenzas pagara por lo que había hecho.
Brodie no volvió a casa hasta el siguiente mediodía. Sin siquiera quitarse los zapatos, entró corriendo y abrazó a su esposa con desesperación.
"Lo siento mucho, Bethany". Su voz era ronca y rasposa, desgastada por la larga noche, y cada palabra rezumaba un arrepentimiento falso. "La empresa tuvo un problema ayer. Estuve ocupado en el trabajo hasta la mañana. Sé que volví tarde. Por favor, no te enfades conmigo, ¿de acuerdo?".
Atrapada en sus brazos, Bethany apoyó la barbilla en el hombro de él. Su mirada se deslizó hacia abajo y se posó en el cuello blanco e impecable de su camisa, justo donde destacaba una atrevida mancha de pintalabios.
Sus ojos se detuvieron ahí por un momento, y su mente casi evocó una escena que le revolvió el estómago.
Ese perfume empalagosamente dulce flotaba en el aire, retorciéndole las entrañas y haciéndola sentir que podría vomitar. Era la inconfundible fragancia de otra mujer.
Bethany bufó para sus adentros. ¿Un problema de la empresa? Más bien una amante que se negaba a dejarlo ir.
Reprimiendo la náusea, ella se liberó de los brazos de Brodie.
"No estoy molesta". Su expresión se suavizó al instante y le dedicó una sonrisa perfecta y ensayada. "Debes estar agotado. Ve a refrescarte. Le pediré al ama de llaves que ponga la mesa".
"De acuerdo. Por cierto, Bethany, te traje algo". Brodie le entregó una afelpada caja de terciopelo azul zafiro.
Bethany la abrió con indiferencia. Dentro había un centelleante collar de diamantes, que claramente valía una fortuna.
Sus ojos recorrieron la joya con fría indiferencia. La visión no despertó nada en ella.
Brodie, sin percatarse de su frialdad, asumió que estaba encantada. "¿Te gusta? Lo elegí especialmente para ti. No hay otro igual en ninguna parte".
Bethany fingió una sonrisa entusiasta, dejando que su voz destilara una gratitud fingida. "¿En serio? Qué considerado de tu parte, cariño... Incluso con tu apretada agenda, te tomaste el tiempo para comprarme algo especial".
Brodie soltó una risilla, sin darse cuenta de su actuación, y le alborotó el cabello con suavidad. "Mientras te haga feliz, eso es lo único que importa. Me voy a duchar".
En cuanto él desapareció escaleras arriba, la falsa sonrisa de la joven se desvaneció.
Bethany esperó tres minutos, asegurándose de que él tuviera tiempo suficiente para prepararse para la ducha antes de entrar en el dormitorio. El sonido del agua corriendo del baño llenaba la habitación. La camisa de Brodie estaba tirada sobre la cama. Esa mancha de lápiz labial en el cuello resplandecía con un implacable tono rojo.
La atención de Bethany se desvió hacia la mesilla de noche. Allí descansaba el celular de él, boca abajo y sin protección.
Se acercó y lo agarró. La contraseña seguía siendo su aniversario de boda. Brodie había afirmado una vez que nunca la cambiaría porque ese día lo significaba todo para él.
¡Qué broma!
Bethany tecleó los números y desbloqueó la pantalla.
Revisó rápidamente sus fotos y mensajes, pero no encontró nada. Estaba demasiando limpio todo, como si lo hubiera borrado a propósito.
Luego, cuando iba a dejar el celular, este vibró en su mano. Apareció una nueva notificación.
"Cariño, no estoy bien... me duele".
Los dedos de Bethany se pusieron rígidos.
Una segunda notificación apareció, y luego una tercera.
"Me está sangrando el corte... ¿Me estoy muriendo?".
"Te necesito aquí. Ahora mismo".
Todos los mensajes eran de Karen.
De repente, una imagen apareció en la pantalla. A Bethany se le cortó la respiración mientras la miraba.
La foto mostraba a Karen, completamente desnuda, a horcajadas sobre Brodie en una muestra descarada y posesiva.
Tenía las mejillas sonrosadas, los ojos entreabiertos por el deseo y la clavícula cubierta de chupetones.
Alrededor de su cuello lucía un collar de diamantes, idéntico al que yacía en la caja.
La mano de Brodie, con ese exclusivo reloj Patek Philippe, descansaba perezosamente sobre la cintura de Karen.
Pero lo que de verdad hizo que a Bethany se le erizara la piel fue el fondo de la imagen.
Era su cama, una personalizada de gran tamaño que ella misma había elegido para su dormitorio principal.
Reconoció la iluminación, la decoración, incluso el libro con las esquinas dobladas que había sobre su mesilla de noche…
Todo confirmaba la horrible realidad.
¡Habían estado allí, profanando su santuario, perdidos en su sucio romance!
Bethany se mordió el labio hasta que sintió el sabor de la sangre.
Seleccionó toda la conversación, asegurándose de incluir la foto explícita, y lo envió todo a su propio celular.
El progreso de la transferencia avanzaba lentamente: 5%... 10%...
Sus ojos no se apartaban de la pantalla.
37%... 52%...
Su pulso retumbaba en sus oídos, el único sonido en la silenciosa habitación.
De repente, escuchó el suave clic de una cerradura, y el sonido de una puerta abriéndose resonó detrás de ella.





