Poniéndose rígida, Rena levantó una bolsa de papel con torpeza, y explicó:
"Vine a devolverte el abrigo".
Asintiendo, Waylen tomó la bolsa.
"Gracias", dijo. Acto seguido, caminó hacia el ascensor sin decir nada más.
Saliendo de su trance, la chica se apresuró a alcanzarlo.
"Señor Fowler, hay algo que yo...".
Allí, las puertas del ascensor se abrieron tan pronto como Waylen presionó el botón, y Rena lo siguió sin dudarlo.
Al darse cuenta de ello, el hombre entrecerró los ojos con curiosidad, y comentó con indiferencia:
"No aceptaré tu caso".
¿Qué?
¡Parecía que Waylen ya sabía sobre el asunto de su padre!
Entonces, agachando la cabeza, ella preguntó en voz baja:
"¿Harold te pidió que no lo aceptaras?".
Mirándola a través del espejo del elevador, él sonrió.
"No, es solo que no me gusta mezclar mis asuntos privados con el trabajo".
Por supuesto, Rena entendía lo que quería decir: si ella quería acostarse con él, estaba más que dispuesto. Ahora, si acudía a él por cualquier cosa relacionada con el trabajo, podía olvidarse del asunto.
Ante la idea, las orejas de la joven se pusieron rojas de vergüenza.
De todos modos, Waylen no la obligó a hacer nada, pues aunque ella era hermosa, no iba a sacrificar sus principios. Además, no le interesaba hacer en el pleno día.
Pronto, el ascensor se detuvo en el piso veintiocho, donde la secretaria de Waylen estaba esperando en la puerta. A pesar de la sorpresa que sintió al ver a Rena con su jefe, sabía que no debía mostrarla.
"Señor Fowler, su cliente ha llegado", informó en su lugar.
Arrojándole la bolsa a la mujer, Waylen ordenó:
"Envía esto a la tintorería, por favor".
"Sí, señor".
Enseguida el chico sacó su celular, y sin levantar la mirada le dijo a Rena:
"Búscate otro abogado, y no deberías vender tu cuerpo por favores, es desagradable".
Dicho eso, salió del ascensor antes de que las puertas se cerraran de nuevo, dejando a Rena con los dientes apretados.
¡Qué hipócrita!
Mientras tanto, en casa, Eloise se sentía cada vez más ansiosa. Y como Rena estaba bajo una gran presión, decidió reunirse con su compañera de la universidad, Vera Byrd.
Esta se había casado con un hombre rico de Duefron justo después de graduarse. Su marido tenía una amplia gama de contactos.
Dadas las circunstancias, y sin nadie más a quien acudir, Rena le pidió ayuda a Vera.
A raíz de ello, se encontraron en un café, en donde Rena no perdió el tiempo para contarle a su amiga todo lo sucedido.
Maldiciendo a Harold con vehemencia, Vera desahogó su enojo, y preguntó:
"Espera, ¿de verdad conseguiste una habitación de hotel con Waylen?".
Sonrojada, Rena removió su café con fuerza.
"¡Jaja, Rena, eres realmente extraordinaria! Rara vez hay chismes sobre Waylen porque resulta que es exigente en cuanto a las mujeres. Ni las celebridades pueden llamar su atención", bromeó Vera.
Sonriendo con amargura, Rena cambió de tema.
"En fin, no tuve más remedio que recurrir a ti, querida".
Había que tomar en cuenta que Waylen tenía un gran poder y prestigio en las altas esferas de la sociedad, de modo que Vera fácilmente podría ofenderlo si se atrevía a ayudar a Rena.
Pero el asunto era que no podía defraudar a su buena amiga. Entonces, usando sus conexiones descubrió la agenda de Waylen.
Ese sábado, el hombre tenía una cita para jugar golf en el club de campo a las tres de la tarde.
Con esa información, Rena fue al club de campo con Vera y su esposo a la hora acordada. Y para su gran sorpresa, ¡Harold también estaba allí!
La chica quedó bastante atónita ante el repentino giro de los acontecimientos.
"¿Por qué no nos dijiste que Harold también estaría aquí? ¿Cómo puede Rena pedirle ayuda a Waylen ahora?", le reclamó Vera a su marido, quien se disculpó profusamente:
"¡Lo siento, Rena! ¡Te juro que no lo sabía!".
Para colmo, antes de que Rena pudiera retroceder, Waylen ya los había visto.
Ese día el chico lucía un conjunto blanco de golf, viéndose bastante guapo. Además, era tan alto que destacaba entre la multitud.
Waylen fingió no conocer a Rena, y solo saludó al esposo de Vera, que le devolvió una sonrisa sintiéndose halagado.
Luego, Waylen miró a Rena.
La mujer se había puesto una ropa que resaltaba su buena figura.
La ajustada camiseta blanca la hacía lucir enérgica, y sus pantalones cortos dejaban ver sus perfectas piernas.
Como complemento, su largo y ondulado cabello castaño estaba recogido en un elegante moño que aumentaba su encanto.
Echándole un vistazo de arriba abajo, Waylen preguntó casualmente:
"¿Y tú eres...?".





