Alexander Granth, un hombre temido por muchos y admirado por pocos.
Su familia poseía una fortuna que podría competir sin problema con las arcas de una nación entera. Los cimientos de esta riqueza se sostenían sobre dos pilares: la inovación y el miedo. Los herederos debían tomar las riendas de los negocios familiares lo más pronto posible, ya que una mente joven tenía la capacidad de concebir ideas modernas que renovaran por completo las industrias en las que participaban.
Por lo regular, las fábricas que le pertenecían a la familia Granth eran las primeras en utilizar tecnologia de punta y procesos disruptivos que los convertían en los líderes de cada ramo, sin olvidar que sus productos era únicos en el mundo y solían ser imitados por las demás empresas; moda, autos, alimentos, entretenimiento, medicina, ciencia, artes, toda actividad que requería una gran inversión, tenía el nombre de los Granth grabado en cada una de sus letras.
Alexander siempre fue un niño con mucha imaginación; en los primeros años de su vida, paasaba la mayor parte del día encerrado en su habitación concibiendo toda clase de ideas alocadas, las cuales plasmaba en dibujos o ensayos. C todos en la familia Granth nacían con ese talento innato, y por lo tanto, la mayoría de las conversaciones solo trataban de inventos y de las diversas maneras de generar dinero con ellos. Él no podía quejarse de la manera en la que se desarrolló su infancia, ya que sus padres siempre fueron muy atentos. Sin embargo, cuando Alexander llegó a la pubertad, un suceso lo cambió todo y ya nada fue igual. Su madre se volvió una mujer materialista y demasiado frívola. Su padre solo estaba en casa unos dos o tres veces al mes, y cada vez que se reunían, el hombre se veía sumamente molesto, como si la existencia de su hijo y de su esposa representaran un estorbo; Frederick solo se veía feliz cada vez que organizaban fiestas multitudinarias. El alcohol y la compañía de varias mujeres eran las únicas cosas que le devolvían aquella sonrisa que Alexander vio cuando era un niño pequeño.
Esta situación hizo que la pasión que sentía por los inventos y la tecnología quedara enterrada en la parte más profunda de su ser, o mejor dicho, como si el desprecio de sus padres se hubiera convertido en la personificación de un ser diabólico que le arrancó la inocencia y los sueños que albergaba en su alma. Con el paso del tiempo, Alexander se dio cuenta de que su familia solo lo veía como una herramienta que garantizaría la perpetuidad de su fortuna; no era pasión por los inventos y la innovación, solo era la ambición de los Granth. El dinero era visto como una religión, un ídolo al que se le debía absoluta obediencia.
El corazón del hombre casi se marchitó cuando se percató de la cruda realidad, ya que su naturaleza gentil le decía que lo más importante era el amor y los lazos que lo unían con sus seres queridos. Gracias a su sensatez e inteligencia, la decepción no derrotó a su espíritu, y poco a poco se fue interesando en actividades que le ayudaran a impartir justicia; como en algún momento su familia también le arrebataría su libertad, él aprovechó los pocos años de adolescencia para aprender disciplinas que, en algún punto de su vida, quizás le ayudarían a escapar.
Primero fue la equitación y el futbol americano. Sin embargo, estas actividades le dejaron un mal sabor de boca a Alexander, ya que sus demás compañeros solo practicaban estos deportes por los motivos erróneos: para atraer a más chicas, para ver quién utilizaba el equipo más caro, anhelando convertirse en grandes celebridades gracias a las influencias de sus padres, y algunos otros que solo lo hacían por la presión social y para encajar en esos círculos donde se reunía la élite de la ciudad. Harto de las personas que lo rodeaban, el joven Alexander puso su atención en disciplinas mucho más extremas como las artes marciales mixtas, práctica de tiro, alpinismo, boxeo, y cualquier otra cosa que aterrara a los frágiles muchachos adinerados con los que convivía. Debido a que era muy inteligente, las clases de secundaria y preparatoria le resultaban demasiado sencillas, y a pesar de que casi no estudiaba, aun así obtenía las mejores calificaciones, e incluso los representaba en concursos de conocimiento y ciencia.
Por lo regular, los jóvenes no son tan acertivos y su criterio llega a ser un tanto superficial. Los compañeros y supuestos amigos de Alexander eran corroídos por la envidia y los celos, ya que el heredero de la familia Granth no solo era un prodigioso atleta, sino que también era de los más listos en la escuela y el más popular entre las chicas. Lo que detono el odio de los demás fue ver que él siempre los evitaba y que hacía todo lo posible por no dirigirles la palabra; Alexander solo lo hacía cuando era estrictamente necesario, sobre todo en los eventos sociales donde sus familias coincidían y era forzoso interactuar. Los jóvenes de Racketdale sentían que Alexander los despreciaba y que los veía con individuos inferiores, algo que era sumamente ofensivo para las personas de las más altas esferas de la sociedad; poco sabían que él los trataba de esa manera porque su mente estaba muy ocupada ideando su plan de escape.
Él solamente pudo hacer un amigo dentro de todo ese periodo de tiempo. De hecho, confiaba tanto en ese chico que le confesó los problemas que lo tenían tan afligido y la razón de su enajenamiento. Lamentablemente, esa persona confabuló con los padres de Alexander y le tendieron una trampa que volvería a cambiar su vida. Los Granth solían manejarse con una aterradora frialdad cuando se trataba de defender su fortuna; sobornos, asesinos a sueldo, traiciones, todo lo que fuera válido para mantenerse en la cima. Cuando el mejor amigo de Alexander le contó a sus padres todo lo que había estado planeando, ellos se escandalizaron, pero rápidamente superaron la conmoción y concibieron un plan maléfico digno de cualquier villano. Si la familia Granth pagaba millones por mantener al margen a todos sus enemigos, ¿por qué darle ese dinero a otras personas cuando un miembro de la familia podía encargarse de todo? Eso les ahorraría mucho dinero y esfuerzo. Alexander sería el primero de un linaje de guerreros sanguinarios y brillantes que le darían un nuevo significado a las palabras 'poder' y 'riqueza'.
Después de una dolorosa y cruel terapia, Alexander fue enviado a una cárcel de alta seguridad ubicada en una de las islas más remotas de Inglasia. Los Granth contrataron a docentes privados que nutrirían los conocimientos académicos de su hijo, lo que serviría para administrar apropiadamente los negocios; por otra parte, los mismos reclusos lo entrenarían para convertirse en un delincuente profesional. Antes de su regreso, la familia se encargó de difundir los rumores sobre el procedimiento al que fue sometido su hijo, y cuando este último volvió, su espectáculo consistió en varios delitos que ni el ejército pudo contener.
Alexander Granth, un muchacho con gran potencial, se convirtió en un arma alimentada por la avaricia. O por lo menos eso es lo que pensaban sus padres y los habitantes de esta ciudad. Él sabia que esa familia lo sacrificaría con tal de alcanzar sus objetivos, pero la determinación del hombre le permitió conservar su esencia. Aquel niño que creía en la importancia del amor, sobrevivió gracias al único vínculo que se negaba a desaparecer.
Vanessa, su hermana, esa alegre chica que lo acompañó a todos lados durante su adolescencia, le daba a Alexander la fuerza necesaria para seguir adelante. No estaba de más decir por qué la chica tenía esa personalidad; crecer en un mundo de acción, riesgos y aventura la convirtió en lo que era hoy. Pero esto no le molestaba a Alexander, ya que su hermana era el reflejo de lo que él algún día pudo ser si las cosas hubieran sido diferentes...





