La Pareja Misteriosa del Alfa

Punto de vista de Serena:

Las palabras de Teodoro me estremecieron como si me cayera un rayo, dejando mi mente en blanco, incapaz de escuchar, de pensar en otra cosa. Resonaban una y otra vez en mis oídos. "La Diosa de la Luna finalmente ha dispuesto que mi hijo Bruno García y Silvia Pérez, ija del Alfa Thomas Pérez, sean una pareja. Pronto celebraremos la Ceremonia de Pareja". Su declaración no se borraba de mi mente.

Eso era imposible. Bruno me había prometido que me elegiría como su compañera. Cuando yo arribara a la mayoría de edad, él podría hacer pública nuestra relación.

Me volví y salí corriendo de la cámara para ir a confrontarlo. Quizás, había sido solo una jugada política, una estrategia para unir a las dos manadas mediante el matrimonio. Quizás, él no estaba de acuerdo con eso y quizá estaba luchando ahora mismo por nuestro amor.

Registré toda la casa y no pude encontrarlo, por eso decidí buscarlo en la azotea. A medida que me acercaba, me parecía escuchar los gruñidos de un hombre y los gemidos de una mujer.

La voz del hombre me resultaba familiar... me recordaba a la voz de Bruno. Deseché de inmediato la idea, pensando que, probablemente, no había escuchado bien. ¿Por qué estaría haciendo esos ruidos en la azotea con otra mujer?

Pronto, me di cuenta de que era su voz la que estaba escuchando.

"Oh, cariño, está tan apretadito".

"¡Sí, eso se siente tan bien! ¡Oh, Bruno! ¡Más rápido! ¡Más duro!".

Abrí un poco la puerta y una escena repugnante llenó mis ojos. Era él, embistiendo a otra loba en una tumbona. Bruno, desnudo, presionaba su cuerpo contra el de la loba a la par que la penetraba con fuerza en su trasero, como un taladro eléctrico. La bestia chillaba de alegría, mientras levantaba sus asentaderas. Toda mi sangre se agolpó instantáneamente en la cabeza, dejando mi cerebro en blanco. El mundo entero giraba ante mí y comencé a sentirme muy mareada.

Hacía apenas dos días, él sostenía mi cintura con fuerza, mientras retozábamos.

Retrospectiva de Serena:

"Cariño, vamos...". La voz profunda y sexy de Bruno me erizó la piel. Estaba muy excitado.

"Lo siento, mi vida. ¿Podrías esperar un poco más, hasta que cumpla los dieciocho?". Le di la espalda, tratando de disimular mi malestar.

Él enterró su rostro en mi cuello y yo esperé ansiosa su respuesta. Después de un rato, me sonrió y me consoló, mientras cambiaba de posición: "Está bien, cariño, lo siento. Te amo tanto que apenas puedo controlarme".

Mis ojos centelleaban cuando lo miré. En ese momento, pensé que, finalmente, había encontrado a mi otra mitad. Como Bruno me amaba, estaba dispuesto a ser paciente, y prefería soportar la tortuosa espera que obligarme a hacer algo para lo que no estaba todavía preparada.

Fin de la retrospectiva.

Ahora, la cruda realidad me hacía sentir avergonzada, me había engañado.

Tenía una aventura. Lo sorprendí copulándose con otra loba, con lo que rompía la promesa que me había hecho. Sabía que esa mujer también sería su futura Luna, así que ni siquiera tenía derecho a cuestionarlo.

¡Incluso, parecía que era yo la intrusa! Ya no podía quedarme ni un minuto más aquí. No tenía sentido permanecer en este lugar.

¡Se oyó un estruendo!

Con el apuro tropecé con el cesto de basura y este cayó al piso.

"¡Oye! ¿Quién está ahí?". Bruno escuchó el ruido e inmediatamente levantó la cabeza. Su voz sonaba disgustada.

"¿Serena…?", exclamó asustado, mientras se ponía de pie. "¿Por qué...? ¿Cómo...?".

Una mezcla de conmoción, culpa e ira se leía en sus ojos. Como un camaleón, el color de su rostro cambió rápidamente, de un rojo intenso a un blanco pálido. Si esto fuera una película, podría haber ganado un Óscar, por todas las emociones que acababa de mostrar en solo un instante.

Noté que su erección se convirtió en un colgajo flácido. Logré calmarme. En ese momento, sentía tanta repugnancia por él como por su alicaído pene.

¡Fui una tonta al pensar que Bruno estaba en contra del compromiso! Pensé que me sería fiel. Aparentemente, todo había sido una ilusión, me había traicionado. Lo había pillado con las manos en la masa.

Punto de vista de Bruno:

Había conocido a Silvia hacía unos meses y ya sabía que sería mi pareja. Inmediatamente, nuestras dos familias dieron su bendición a nuestra relación. Sin embargo, no sabía cómo contárselo a Serena. Y había seguido dándole largas al asunto, hasta hoy.

No esperaba que me sorprendiera así, en esta situación. La pobre se había enterado de la peor manera.

Su rostro palideció y sus labios temblaron. "Bruno... ¿De verdad te vas a quedar con ella?", me preguntó.

Abrí la boca, pero no me vino a la mente ninguna respuesta.

Honestamente, me entristeció confirmarle que Silvia era mi compañera. Serena se había ganado un lugar especial en mi corazón, desde el día en que mi padre la acogió. En ese momento, yo solo tenía 15 años, pero ya sabía que la amaba. Su dureza, su perseverancia y su prudencia, despertaron en mí el deseo de protegerla con mi vida. Y cuando se convirtió en una mujer, su belleza me cautivó aún más. Sin embargo, su humilde origen hizo que nuestra relación se complicara. Aunque la Diosa de la Luna decidiera que era nuestro destino estar juntos, todavía tendríamos muchos obstáculos en nuestro camino. Era casi imposible que fuera aceptada como la Luna de la manada. A veces, pensar en nuestro futuro juntos me resultaba agotador. Por otro lado, Silvia era la hija de un Alfa. La unión que traería nuestro matrimonio sería beneficiosa para ambas manadas. Con su ayuda, asumir el cargo de Alfa no me sería difícil.

Por supuesto, todavía amaba a Serena. Silvia era mi pareja, pero mi corazón no le pertenecía. Por desgracia, el destino acostumbra a jugarles una mala pasada a los amantes. Debido a las crueles circunstancias, no tendríamos más remedio que renunciar a nuestro amor.

"Serena, lo siento mucho... De verdad, lo siento mucho... Yo no...". Atolondrado, traté infructuosamente de disculparme.

La chica estaba taciturna, con los ojos apagados. "Ya veo".

Al quedarse sin palabras, se dio la vuelta y se dispuso a marcharse. De repente, se oyó la voz de Silvia.

"No tan rápido. ¿Quién te dijo que podías irte?".

Ya estaba vestida, se acercó a Serena y la miró fijamente.

"¿Quién eres tú? ¿Cómo te atreves a hacerle esa pregunta a Bruno?".

"Pregúntale a él", respondió señalándome.

¿Qué diablos iba yo a decir? Di un rodeo y carraspeé, devanándome los sesos para encontrar una respuesta que no ofendiera a ninguna de los dos.

"Eh, Silvia, Serena y yo... Bueno... Tuvimos una relación. Aunque, nunca hemos dormido juntos...".

Antes de que pudiera terminar de hablar, Silvia se adelantó y le asestó una bofetada.

"¡Puta! ¡Así que fuiste tú quien sedujo a mi pareja! ¿Quién diablos te crees que eres? ¿Por qué piensas que Bruno necesita tu permiso para elegirme como su pareja? Mírate bien, chica inmunda. No sirves ni para limpiarme los zapatos, ¡tus manos sucias me dan asco! ¡No me llegas a la suela del zapato!".

La joven giró la cara hacia un lado debido al violento golpe. Una marca roja había aparecido en su rostro. Serena no se tragó el insulto. Levantó la mano para abofetear a Silvia pero la agarré por la muñeca, justo a tiempo.

"¡Serena, no!".

Silvia era la hija de un Alfa. Había sido criada consiguiendo todo lo que se le antojara, era arrogante y tenía mal genio. Tenía a toda su manada para servirle. Serena estaba en amplia desventaja. Ella era una simple huérfana. Si la golpeaba, se metería en un gran problema. Ni siquiera yo sería capaz de protegerla.

Silvia aprovechó la oportunidad para abofetearla de nuevo.

"¿Cómo te atreves a defenderte, perra? ¡Dale! ¡Dame una bofetada si te atreves! ¡No creas que no puedo hacer pedazos tu insignificante rostro!".

Ahora, la chica tenía hinchados ambos lados de la cara. Agarré la mano de Silvia para detenerla.

"¡Es suficiente!", la reprendí.

Parecía una tigresa enloquecida. ¿Por qué la Diosa de la Luna nombraría a una loba como esta como mi pareja? Si no fuera porque era la hija de un Alfa, ningún hombre lobo la querría como pareja. En términos de carácter y de belleza, ni siquiera se acercaba a Serena. Lamentablemente, el linaje familiar estaba sobrevalorado en la cultura de los hombres lobo.

Apenas había logrado separarlas cuando Silvia se me vino encima. Estaba furiosa y gritó histéricamente a todo pulmón: "¿En serio la estás protegiendo? Bruno, ¿por qué demonios lo haces? Yo soy tu compañera. ¡Se supone que debes estar de mi lado! ¡No puedes hacerme eso, solo espera y verás!".

Se soltó con violencia de mi agarre y abandonó velozmente la azotea, como una mocosa malcriada.

Serena me miró fijamente, sin decir nada. Tenía los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas, pero no había derramado ninguna.

"Serena, lo siento mucho. No quería que te abofeteara así...". Bajé la cabeza avergonzado, sin valor para mirarla a los ojos. Probablemente, me odiaba.

La chica no pronunció ni una palabra. En cambio, quitó su mano de la mía y se fue sin siquiera mirarme.

Ahora me dolía la cabeza terriblemente. Caminé de un lado a otro, pensando en qué hacer, hasta que decidí que primero debía ocuparme de Silvia. Esa loba era malvada. No quería ni pensar en lo que sería capaz de hacer.

Capítulos
Personalizar
Siguiente capítulo

También te puede gustar

Logo
Tu guía para los mejores dramas cortos en línea. Avances de episodios gratuitos, información completa del elenco y enlaces a plataformas oficiales, todo en un solo lugar.
©2026 PinesDramas. Todos los derechos reservados.