La oportunidad de ser amada

Jennifer

Mi hermana recibe mi hijo en sus brazos, lo mira y dice: “se puede decir que de cierto modo se parece mucho a Bruno”, yo quedo atónita ante su comentario, sin embargo, la secundo inmediatamente. Sin duda la sangre llama.

Mi esposo mira al niño luce sombrío, lo revisa, en busca de algo que aún no sé qué, puede ser, solo sé que yo busco en su rostro una mirada de reproche. Luego de unos instantes, que me parecen eternos, dice: “bienvenido a la familia Spencer hijo, Nos has dado un gran susto, sobre todo a tu madre, pero sin duda eres un luchador incansable como los Spencer, típico de nuestra familia”.

Yo suspiro aliviada. Poco a poco todos miran al niño, y le encuentran parecido con cada miembro de la familia Spencer, ¡…aaa…! pero mi hermana no se queda atrás, ella también lo ubica en la generación de la familia Lennox, ella también lo compara con miembros de nuestra familia.

No puedo creer como una mentira disfrazada de verdad secundada por el apoyo de mi hermana, se convierte en algo con pies y manos, se convierte en un ser con vida, se convierte en mi hijo.

Me encuentro sola en mi habitación, miro todo a mi alrededor, miro las pequeñas prendas de ropa que con tanto amor escogí para mi hijo y que nunca podré ver como las lucirá.

Pienso, lloro, sufro, pero todo en silencio, nadie puede notar mi dolor, nadie puede saber que ocurrió esa noche en el hospital.

Es inevitable no pensar en mi pequeño “nacido muerto”, como lo llamaron los médicos, esa pequeña creatura indefensa, que no fue capaz de sobrevivir a este mundo cruel, ni un solo minuto. Recuerdo sus tiernas manos, frías, pálidas, inertes.

Creo que estas en un lugar mejor, no pude darte mi amor, mi protección, mi calor de madre; pero que estupideces estoy pensando, si ni siquiera pude darte un lugar sagrado para que descansaras. Ahora que lo pienso, tu lugar de descanso es en mi corazón, donde prometo conservarte hasta el día de mi muerte y donde mientras tu descansas en paz, el tormento de este gran secreto se roba la mía, con esta verdad oculta.

Un llamado a la puerta me saca de mis pensamientos, es mi esposo, quien trae consigo a su hijo, a mi hijo, sí a nuestro hijo. Se acerca a mí con cuidado, mientras me dice, gracias Jennifer, yo solo lo miro y sonrío, mientras apruebo con la cabeza su afirmación, porque si llego a pronunciar una sola palabra tengo miedo de ser traicionada por mi conciencia y no poder seguir sosteniendo esta mentira.

_ ¿Como piensas que debemos llamarlo?, ¡Definitivamente, Clara Inés no!, me dice mientras nos miramos y reímos a carcajadas, puesto que esperábamos con anhelo a nuestra querida Clara Inés, que nunca llegó, por suerte nunca tuvimos una descripción del sexo de nuestro hijo segura, todo fue en base a su formación física neonatal, pero nunca nos quiso mostrar su género en la ecografía, ahora todo encaja perfectamente.

Bueno que te parece Mateo le digo mientras pienso, en su significado “regalo de Dios”.

Perfecto afirma, Mateo Spencer Lennox mi primogénito y heredero de la fortuna Spencer.

Pronto el nombre de Mateo es parte de los titulares de las revistas y periódicos locales donde brindan una gran reverencia a la familia Spencer y su primogénito.

Han pasado ya varios meses y casi toda la familia ha conocido a Mateo, se comparan con él y encuentran lunares y marcas en su cuerpo distintivos de la familia Spencer y… aunque no lo crean tiene muchas similitudes, para su fortuna y la de Jennifer.

Mientras pasa el tiempo, cada noche y cada mañana Jennifer eleva su oración al cielo por su ángel y por el perdón de su alma.

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