Un inquietante silencio invadió la habitación, de manera que nadie se atrevió a respirar.
Los ayudantes de Francis sabían que las palabras de Cathy habían enfurecido a su jefe, cuyo rostro se ensombreció a la vez que la miró con sospecha;
la intensidad con la que lo hizo le provocó un escalofrío por toda la espalda a ella, quien, mordiéndose el labio para ocultar su miedo, pensó: '¡Dios mío! ¿Por qué me mira como si quisiera comerme viva?'.
Entonces se le ocurrió una idea repentina que le hizo sentir gran pánico: '¿Él sabe que no soy Catherine Lu en realidad?
Bliss me llamó señora Mu.
Entonces este hombre... es el marido de la mujer que creen que soy yo. ¡Oh no!
¡Oh Dios, yo no quería convertirme en su esposa! ¿Acaso me va a matar?'.
Ella odiaba tener que meterse en problemas constantemente, por lo que, echando un vistazo de nuevo al hombre que la estaba mirando de forma amenazadora, se dijo: '¡Maldición! Quiero volver a ser yo misma. No quiero ser Catherine'.
Justo cuando estaba ocupada rezando por un milagro, Francis la agarró del brazo y la empujó, haciendo que ella gritara de dolor cuando su cabeza chocó contra la mesita de noche. Entonces se frotó la frente dolorida y dirigió la vista hacia el hombre, reparando en su frente arrugada por el gesto
y en su ceño fruncido mientras él la estudiaba detenidamente. Como resultado, notó que algo no iba bien y enseguida dijo:
"¡Llamen al doctor!", sintiendo que su esposa estaba actuando de manera extraña desde que había recuperado el conocimiento.
"Sí, señor Mu. Ahora mismo voy", asintió la cuidadora respetuosamente antes de marcharse a por él.
"No...", dijo Cathy extendiendo la mano para detenerla, pero la mujer desapareció en un instante, y como la única persona que conocía después de haberse despertado la dejó sola en una habitación llena de hombres que la miraban como depredadores, la pobre no pudo evitar estremecerse; no sabía qué hacer.
Dos hombres corpulentos estaban parados junto a la puerta, por lo que escapar quedaba descartado automáticamente.
La expresión de culpa en su rostro confundió a Francis aún más, ambos perdidos en sus pensamientos, así que ninguno de los dos habló.
Un rato después, la sirvienta regresó con el médico, lo cual le preocupó por un momento:
'¿Descubrirá que no soy quien creen que soy?'.
El médico la miró antes de sonreír cálidamente al otro hombre y decirle: "Hola, señor Mu. Me alegra darle personalmente la bienvenida a nuestro hospital".
Cathy no pudo evitar reaccionar riéndose, aunque trató de disimularlo, pero al doctor se le puso la cara roja de vergüenza al darse cuenta de lo absurdo de su comentario.
¿Quién querría estar en un hospital a menos que estuviera enfermo?
El médico examinó la expresión del otro hombre para ver si lo había ofendido, pero, afortunadamente, parecía tranquilo, de modo que el primero exhaló un suspiro de alivio.
Francis chasqueó los dedos para sacarlo de su trance, puesto que lo había sorprendido mirándolo fijamente, y dijo:
"¿Por qué me mira así? Examine su estado y vea cómo se encuentra".
"¿Qué dice?", respondió el médico confuso, parpadeando cuando salió de su ensimismamiento. "Ah sí, claro", asintió y se acercó a Cathy.
"Señora Mu, ¿está usted bien? ¿Siente algún tipo de malestar?", preguntó, a lo que ella lo miró y negó con la cabeza, pues, en realidad, nunca se había sentido mejor.
"¿Tiene mareos o náuseas?", y la mujer volvió a negar con la cabeza.
"Bien. ¿El ritmo cardíaco lo nota regular o nota algún tipo de palpitación?".
Entonces volvió la cabeza hacia el hombre que decía ser su esposo, y mirándolo con desconfianza, asintió y se explicó: "Estoy bien, pero él me asustó y por eso tengo el corazón algo acelerado. ¿Podría pedirle que se fuera?".
'¡Qué suplicio! No puedo más. No puedo pasar un momento más con este hombre.
Pienso escaparme en cuanto se vaya', reflexionó.
El médico jadeó en estado de shock ante tal petición y dijo:
"Tiene usted buen sentido del humor", comentó forzando una sonrisa, lo que le provocó desconcierto a la mujer, cuya mirada pasaba del doctor a Francis. ¿Es que había dicho algo gracioso?
El señor Mu apretó la mandíbula mientras se acercaba a ella, arrinconándola en la cama una vez más y haciendo que se estremeciera ante su presencia. ¿Qué demonios quería?
En ese instante, una sonrisa siniestra se abrió paso en su rostro, complacido de ver el miedo en los ojos de ella, y preguntó sin apartar la vista de la mujer: "Doctor, ¿está seguro de que está bien?".
El aludido se sorprendió un poco, ya que no esperaba que lo interrogara mientras miraba a Catherine, pero aclarándose la garganta, asintió: "Sí, en efecto. La señora Mu se está recuperando bastante bien".
Francis resopló y respondió: "Es una muy buena noticia. Es hora de llevarla a casa, entonces. Bliss, disponlo todo para su vuelta".
"¡Desde luego, señor Mu!", obedeció la mujer, cansada de pasar todo el día en una habitación de hospital y con innegables ganas de volver a casa.
Sin embargo, el pánico inundó a Cathy, puesto que no quería volverse con él, sabiendo que la mera expresión constante en su cara significaba que se encontraría en peligro si estaba cerca del hombre.





