La Mano De La Suerte

A la mañana siguiente, el rumor ya se había esparcido por toda la hacienda.

Los peones hablaban en susurros mientras trabajaban en los campos.

"Es una mujer con suerte" , decía uno. "Dicen que es una descendiente directa de los antiguos, de los que sabían cómo hablar con la tierra" .

"Don Ricardo la va a usar para sus rituales" , contestaba otro. "Para que la 'Mano de la Fortuna' siga dándole dinero" .

La "Mano de la Fortuna" .

Ese era el nombre que le daban al fémur que Don Ricardo guardaba en una caja de caoba en su despacho, el mismo que le había robado a mi madre.

Él había construido toda su fortuna alrededor de esa leyenda, haciendo creer a todos que ese hueso era un talismán mágico que le otorgaba prosperidad sin fin.

Y la gente, ignorante y supersticiosa, se lo creía.

Creían que la riqueza de Don Ricardo era un regalo de los espíritus, y no el resultado de la explotación y el robo.

Escuchando a los peones, me di cuenta de que ellos pensaban que esta nueva mujer, a la que ya llamaban "la nueva Elena" , había venido por su propia voluntad, que era una especie de bruja o hechicera que se asociaba con Don Ricardo por poder.

No sabían la verdad.

No veían el vacío en sus ojos ni la forma en que su cuerpo se movía sin vida.

Yo sentía una duda creciendo en mi interior, una semilla de sospecha que se negaba a morir.

Esa mujer no podía ser mi madre, pero la conexión era demasiado fuerte para ignorarla.

Esa tarde, la atmósfera en la casa se volvió pesada, opresiva.

Don Ricardo había estado bebiendo desde el mediodía.

Lo encontré en la sala principal, con la mujer sentada en una silla frente a él, inmóil como siempre.

Él tenía una botella de tequila en una mano y en la otra, un látigo de cuero trenzado, uno de los que usaba para los caballos.

Su cara estaba congestionada por el alcohol y la rabia.

"Así que no quieres hablar, ¿eh?" , le dijo a la mujer, su voz era un gruñido. "No importa. No necesito que hables. Solo necesito que estés aquí. Que tu sangre esté en esta casa" .

La mujer no reaccionó.

Él se levantó, tambaleándose un poco.

"Tu cuerpo es mío" , continuó, acercándose a ella. "Tu suerte es mía. Todo lo que eres me pertenece" .

Y entonces, sin previo aviso, levantó el látigo y lo estrelló contra la espalda de la mujer.

El sonido fue seco, brutal.

Un quejido ahogado escapó de los labios de ella, un sonido tan lleno de dolor que me hizo estremecer.

Fue la primera vez que la oía emitir un sonido.

Vi cómo la tela del vestido se rasgaba y una línea roja aparecía en su piel pálida.

Don Ricardo sonrió, una sonrisa torcida y cruel.

"¿Ves? Todavía sientes. Eso es bueno" .

Se inclinó sobre ella, su aliento apestaba a alcohol.

"Me perteneces, Elena" , susurró, usando el nombre de mi madre. "Y pronto, tendré la otra 'Mano de la Fortuna' . La que está en tu pierna. Me aseguraré de que esta vez nadie me la quite" .

El terror me paralizó.

Él no solo la estaba torturando, planeaba mutilarla, arrancarle un hueso tal como lo había hecho con mi madre.

Este hombre no era solo un tirano codicioso, era un monstruo.

Y esa mujer, quienquiera que fuera, estaba a punto de sufrir el mismo destino que mi madre.

Él la agarró por el pelo, obligándola a mirarlo.

"Tú eres mi amuleto ahora" , le dijo. "Y vas a darme todo lo que quiero" .

La soltó con un empujón y ella casi cae de la silla.

Se quedó ahí, temblando, con una lágrima silenciosa rodando por su mejilla.

En ese momento, el odio que sentía por Don Ricardo se convirtió en algo más frío y afilado, una promesa silenciosa de venganza.

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