La Hija Ignorada Encuentra Su Felicidad

El abogado me llamó justo después de que la llamada con la agencia de personal terminara.

"Señorita Garcia, todo está listo. La isla privada en el Caribe mexicano ha sido comprada a su nombre. En cuanto a los servicios que solicitó, el chef, los padres y el personal de servicio, todos han firmado contratos de confidencialidad y están listos para empezar cuando usted lo ordene."

"Bien," respondí, mirando el teléfono en silencio.

"Señorita, ¿está segura de esto?"

"Sí."

Colgué. No había nada más que decir.

Este era mi plan de escape. Mi única salida.

Me miré en el espejo. El vestido de novia tradicional oaxaqueño, bordado a mano con hilos de seda de colores vibrantes, me quedaba perfecto. Era una obra de arte, un sueño hecho realidad.

Roy Castillo, mi prometido, entró en la habitación. Sus ojos se iluminaron al verme.

"Lina, te ves… increíble. Eres la novia más hermosa que he visto en mi vida."

Se acercó, me tomó de las manos y las besó suavemente. Su mirada era intensa, llena de una devoción que parecía real.

"Siete años, Lina. Siete años esperando este día. No puedo esperar a que seas mi esposa."

La vendedora de la tienda, una mujer mayor con una sonrisa amable, suspiró con admiración.

"Ay, señorita, qué suerte tiene usted. El señor Castillo es un verdadero caballero. Pagó por el vestido más caro de la tienda sin siquiera pestañear. Y los regalos que le ha hecho… todo Oaxaca habla de su amor por usted."

Asentí, forzando una sonrisa.

Sí, Roy era perfecto. Públicamente, era el prometido ideal. El hombre que me había apoyado, que me había regalado joyas, coches y promesas.

Pero en privado, cuando estábamos solos, su atención se desvanecía. Sus ojos siempre parecían buscar algo más. O a alguien más.

Mi intuición me gritaba que algo estaba mal. Muy mal.

De repente, su teléfono vibró sobre la mesita. Lo tomó al instante. Su rostro cambió por completo. La sonrisa desapareció, reemplazada por una expresión de pánico puro.

En la pantalla, vi una foto. Era una publicación de mi hermana, Sasha. Mostraba un tobillo hinchado y morado. El texto decía: "Me caí durante la calenda. Duele mucho."

Roy ni siquiera me miró. Salió corriendo de la habitación sin decir una palabra. Lo escuché gritarle a su chófer que lo llevara al hospital, ahora mismo.

Me quedé sola, con el vestido de novia puesto.

No era la primera vez.

Máximo Lawrence, mi primer prometido, también me había abandonado por Sasha. Una y otra vez. Mis padres siempre habían preferido a Sasha. Le daban todo, mientras a mí me daban las sobras.

¿Por qué? ¿Por qué siempre Sasha?

Salí de la tienda y seguí a Roy a una distancia prudente. Lo vi entrar en la sala de emergencias. Me escondí detrás de una columna y esperé.

Minutos después, lo escuché hablando por teléfono con un amigo, su voz era una mezcla de frustración y resignación.

"Sí, estoy en el hospital. Sasha se torció el tobillo… No, no es grave, pero ya sabes cómo es. Tengo que casarme con Lina. Es la única manera de que Máximo se case con Sasha sin problemas. Si no me caso con Lina, ella podría intentar volver con él. Es un sacrificio, amigo. Un sacrificio para que Sasha sea feliz."

El teléfono se me cayó de la mano.

Siete años. Siete años de mentiras. Su amor, sus regalos, sus promesas… todo era una farsa. Una estrategia para mantenerme alejada de Máximo, para que su verdadero amor, Sasha, pudiera tenerlo.

Mi plan de escape ya no era una opción.

Era una necesidad.

Recogí mi teléfono y marqué el número del abogado.

"Adelante con todo. Quiero desaparecer."

Ya no tenía familia. No tenía prometido. No tenía nada.

Solo una isla esperando por mí.

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