Punto de vista de tercera persona: En el hospital.
Los trillizos se habían quedado fuera de la habitación porque no querían que Olivia se asustara al despertarse.
Cuando Erik se apresuró a salir de la casa con la chica en brazos, ellos no dudaron ni un segundo en seguirlo.
Y es que se sentían bastante culpables, pero la verdad era que no pensaban que Alice haría algo como eso.
En el instante en el que ella arrojó el café caliente a la cara de Olivia, Lucas quiso ayudarla, pero enseguida recordó lo que les había dicho Gamma.
Su memoria viajó unos años atrás.
"Recuerden que todo lo que le hagamos se lo merece", les advirtió Gamma a los tres después del funeral de Luna.
"Nada más piénsenlo, de tal palo, tal astilla; al igual que su padre, también debe estar fingiendo inocencia. Todo en lo que deben pensar es en vengarse, pues ella debería pagar por la traición de ese maldito", agregó el hombre con determinación.
Ante tales palabras de su tío, los trillizos se limitaron a asentir.
Con eso, la memoria de Lucas volvió al momento del incidente.
Él se contuvo para no ayudar a Olivia.
Y cuando notó que Alex estaba a punto de levantarse, lo detuvo también.
Los gritos de la chica hacían aullar de tristeza a sus lobos internos, pero desviaron la mirada para ignorar la escena.
Ellos sabían que Olivia era lo suficientemente fuerte. Sin embargo, no pudieron evitar preguntarse si realmente era correcto no ayudarla esta vez. ¿Se merecía ella un trato como ese?
Era obvio que no, y por mucho que sus lobos les gritaran, ellos los ignoraron.
Tan pronto como Alice fue tras Olivia, los tres supieron que habría serios problemas.
No obstante, ya dudaban en ir o no, ni hablar de intervenir.
Alex fue el primero en levantarse.
"¿A dónde vas, cariñito?", preguntó en voz nasal Mia, su novia, la cual provocó que tanto él como su lobo se enojaran. Al final, fue su lobo quien tomó el poder.
"Cierra la maldita boca y solo habla cuando sea necesario, ¿entiendes?", espetó él en respuesta, y con un fuerte golpe a la mesa, sobresaltó a la chica.
Los miembros de la manada miraron en dirección a ellos; algunos parecían alarmados al ver a Alex tan enojado, pues su lobo era peligroso.
De hecho, era el más despiadado de los tres.
Mia también estaba temblando de miedo.
"Cálmate", le dijo Lucas a través de su enlace mental.
Dado que este era el mayor, era el deber de Alex hacerle caso, de modo que se controló un poco.
Sin embargo, escucharon un ruido sordo de repente.
Anna, una de las mujeres mayores de la manada, dijo: "Estoy segura, Alfa, de que Alice va a recibir su merecido hoy. Todos sabemos que ninguna de nuestras lobas puede vencer a Olivia".
Algunos de los presentes a los que les agradaba Olivia se rieron mientras que otros intentaron contener la risa.
"Silencio", ordenó Lucas, y todos se callaron.
"Creo que deberíamos ir", propuso Benjamin, y de inmediato se apresuraron hacia la cocina.
Cuando estuvieron cerca de la cocina, Benjamin se percató de que los pies de Olivia estaban sangrando.
"Tiene los pies heridos", dijo preocupado sin detener su paso.
No obstante, antes de que pudieran llegar, notaron que Alice sostenía una gran tetera, de la cual se podía ver el vapor de agua caliente.
"Mírame, maldita", escucharon con su agudo oído.
A pesar de que llegaron con su súper velocidad, Alice también fue rápida arrojando el agua.
"¡Alice, no...!", gritó Lucas.
Nada más el agua tocó la hermosa piel de miel de Olivia, esta se enrojeció.
Ante tal escena, los trillizos quedaron horrorizados. Ellos no pudieron detener ese horrible evento porque simplemente habían llegado tarde.
Los gritos de Olivia rompieron sus corazones, y el dolor que sentían en su interior era muy agudo.
Benjamin tenía impulsos de arrancarle la cabeza a Alice, pero el cadáver de su madre apareció en su cabeza y frenó sus instintos asesinos.
Aunque Alex quería abrazar a Olivia, recordó a su paralizado padre y de inmediato se esfumó cualquier buen sentimiento por la chica.
Y por su parte, Lucas quería ayudarla, solo que se abstuvo de hacerlo al recordar lo que les dijo Gamma.
Sin encontrar palabras que decir y sin saber qué hacer tampoco, los cerebros de los tres parecieron dejar de funcionar.
Entonces llegó Erik.
Él se había despertado tarde, pero nunca esperó ver a Olivia en ese estado.
Apenas Olivia le pidió que la matara porque ya no podía soportar el dolor, Erik miró con odio a los trillizos.
Si bien estos tenían los ojos aguados, Lucas era el que se veía peor porque él era de hecho el más violento con Olivia.
Tras mandar a Alice al calabozo, Erik no olvidó hablarle con disgusto a Lucas.
Mientras los seguían, los hermanos escucharon a Olivia decir: "Allá voy, papá...".
Y sus corazones se encogieron de miedo.
La culpa los estaba devorando.
¿Y si le pasaba algo a Olivia? Lo cierto era que nunca podrían perdonarse si algo le sucedía.
Fuera de la habitación del hospital, la escucharon gritar, y la desesperación comenzó a invadirlos.
Lucas quería entrar, pero Alex le agarró por la muñeca.
"No lo hagas. Erik cuidará de ella", le dijo.
Desde donde estaban, podían escuchar casi a la perfección todo lo que decía Olivia.
Ante eso, Alex no pudo contener sus lágrimas.
Por su parte, Lucas sí consiguió controlarse, pero parecía que Benjamin también estaba a punto de dejarse llevar por el llanto.
En el momento en el que Erik le gritó a la chica, los tres se enojaron.
¿Pero quiénes eran ellos para indignarse o decir nada? Ellos eran los que trataban a la pobre Olivia peor que nadie.
"Los extraño, Erik. Los amo tanto. Si estuvieran aquí, nunca habrían dejado que nadie me lastimara. Además, ni Lucas, ni Alex, ni Benjamin me odiarían. Extraño a los trillizos de antes". Al oír lo que ella dijo en esas últimas líneas, ninguno de los tres pudo reprimir más sus lágrimas.
Aunque era cierto que sus padres los habrían odiado por tratar así a Olivia, el propio padre de la chica era el motivo de los sufrimientos por los que ella estaba pasando.
Olivia estaba pagando por las acciones de su padre.
"Contrólense, muchachos. No podemos ser débiles", expuso Lucas, secándose las lágrimas.
"Ella no se merece esto", comentó Alex, mirando al suelo.
"Sí se lo merece. No olvides lo que hizo su padre", replicó Benjamin, cuya expresión se había transformado drásticamente en pura frialdad.
Alex estaba a punto de decir algo cuando se volvió a oír la voz de Olivia.
"Prometieron protegerme, Erik".
Entonces el semblante duro y frío como una piedra de Benjamin desapareció al recordar la promesa que le habían hecho.
"Dijeron que nunca dejarían que nadie me pusiera un dedo encima".
Al escucharla, Lucas suspiró.
"¿Es así como todos cumplen su promesa?".
Alex se enojó consigo mismo por no cumplir su palabra, y por todas esas veces en las que ignoró las torturas que Olivia había recibido.
"No puedo soportar más esto, Erik. Ya no puedo. Ellos me prometieron...", dijo Olivia hasta que su voz se detuvo con una fuerte exhalación.
Los trillizos se quedaron sin aliento de repente.
"Olivia, despierta. ¡Olivia!", exclamó Erik en pánico.
Sin pensarlo dos veces, Alex abrió la puerta y se apresuró a entrar, seguido por sus hermanos.
Lo que los recibió fue el cuerpo inconsciente de Olivia en los brazos de Erik.
"¿Está respirando?", preguntó Benjamin, presa del pánico.
"Sería mejor para ella que no lo estuviera", escupió Erik.
"¿Cómo te atreves a decir eso?", gritó Lucas.
"Pues es mejor morir que soportar todas esas torturas, ¿no crees?", espetó de nuevo el otro.
Los trillizos se quedaron sin palabras.
Erik era también su mejor amigo, y él siempre había tratado de evitar que se portaran mal con Olivia.
Sin embargo, nunca les había dicho algo como eso, y el desprecio por ellos en sus ojos era algo que jamás habían visto.
"Erik... Es que... Tú no entiend...", balbuceó Lucas, pero fue interrumpido
"¡¿Qué es lo que tengo que entender?! Nunca le he dicho nada a ninguno de ustedes porque es mi deber obedecer la decisión del Alfa, pero esto ya es pasarse de la raya", exclamó Erik al tiempo que señalaba los vendajes de Olivia.
"Su padre era un traidor", intervino Benjamin.
"Pero ella no lo es", espetó Erik.
"No puedes estar seguro de eso", replicó Benjamin.
"Si ella fuese una traidora, ya los hubiese podido matar a todos poniéndoles veneno en sus platos porque ella es quien prepara cada comida", argumentó Erik.
"Como su padre envenenó al mío, ¿no?", soltó Benjamin, riendo amargamente.
"Si tantos problemas tienen con ella, mátenla de una vez", sugirió finalmente el joven, lo cual los sorprendió.
"¿Saben qué? Lo haré yo mismo porque ya no puedo verla sufrir tanto dolor", declaró para enseguida colocarla con cuidado en la cama y ponerse de pie.
"No te atrevas", advirtió Lucas.
"¿Por qué, Alfa? Oh, claro... Ya entiendo, quieres matarla con tus propias manos, ¿no es así?".
"¡Erik!", gritó Lucas con su voz alfa.
Erik estaba a punto de decir algo cuando escucharon una voz suave.
"Alex...", murmuró Olivia con los ojos cerrados.
Ella estaba teniendo flashbacks del pasado.
Alex, quien había estado en silencio y mirando a la inconsciente chica durante todo ese rato, corrió hacia ella.
"Olivia", la llamó, y sin dudarlo ni un segundo, la atrajo a sus brazos.
Al hacerlo, pudo notar que su cuerpo se sentía muy frágil.
Esa era la primera vez que él la abrazaba desde aquel día.
"Alex...", volvió a murmurar ella con algunas lágrimas abandonando sus ojos.
"Olivia, aquí estoy. Mírame", dijo Alex, dándole unas ligeras palmaditas en el rostro.
Sin responderle, ella comenzó a jadear aún inconsciente.
"Llama al doctor", gritó Benjamin.
"Dijiste que me protegerías. ¿Por qué no lo detienes entonces?", cuestionó entre sollozos la chica.
La culpa, la cual ya estaba devorando a Alex, estaba por llegar a un límite que él desconocía.
De pronto, las manos le empezaron a temblar.
"O-olivia", balbuceó el joven e intentó secarle las lágrimas, pero de repente ella comenzó a gritar.
"¡Aaay...! ¡Me duele mucho!".
Nada más quejarse, la chica comenzó a tocarse la mano.
"Alex, por favor, detenlo".
Mientras se retorcía, Olivia continuó gritando.
"Lucas, dijiste que siempre me cuidarías".
En ese punto, ella arqueó la espalda como si algo la hubiese golpeado por detrás.
Las lágrimas en los ojos de Lucas empañaron su visión de la chica.
"Benjamin, dijiste que nunca permitirías que nadie me pusiera un dedo encima".
Cuando el mencionado abrió la boca para decir algo, ni siquiera pudo encontrar las palabras.
"¡Aaahh!", gritó ella.
"Todos dijeron que me amaban", se quejó entre sollozos, terminando con un grito ahogado.
Estupefacto, Erik solo podía observar la escena porque las dudas sobre lo que debía hacer lo habían paralizado.
En ese instante, llegó la doctora.
"Por favor, revísela", logró decir pese a su conmoción.
"Necesito que se haga a un lado", expuso la mujer, ante lo cual Alex gruñó.
"Muévete. Déjala chequearla", exclamó Benjamin.
Entonces, Alex acostó a Olivia, quien todavía estaba jadeando y gritando.
"Parece que está teniendo recuerdos vívidos o...". anunció la doctora, pero antes de que pudiera terminar, Benjamin intervino.
"Sí, son sus recuerdos".
Alex y Lucas también recordaron la escena en la que el Gamma le golpeó a Olivia en la espalda con su cinturón.
La médica le puso una inyección a la chica, por lo que esta dejó de gritar pasados unos minutos.
"Con esto estará bien. Ella podrá recuperar el conocimiento en unas horas o tal vez mañana", informó la mujer.
"¿Esto podría volver a sucederle?", consultó Erik.
"No puedo asegurar nada. Se veía muy asustada por la forma en la que se tocaba todo el cuerpo como si estuviera adolorida. Quizás los eventos a los que se enfrentó fueron muy traumáticos", respondió la mujer, y tras una leve reverencia, salió de la habitación.
Los trillizos miraron a la inconsciente Olivia, y luego Benjamin y Lucas se dispusieron a retirarse también.
"Vamos, Alex", le dijo el último.
"Me quedaré con ella", respondió su hermano.
A través de su vínculo mental, Benjamin le dijo: "No podemos ceder, Alex, y lo sabes".
"No me importa", respondió Alex, y miró hacia otro lado.
Incrédulos, sus hermanos lo miraron y se marcharon.





