El Rey Dakota era conocido como "El Rey Alfa Superior de las siete montañas y los seis aquelarres". Las montañas albergaban siete manadas diferentes, mientras que los aquelarres pertenecían a los vampiros. Cada manada tenía su propio Alfa, y cada aquelarre tenía su Rey Vampiro, pero pese a eso, el Rey Dakota era el máximo gobernante, el líder superior de cada Alfa y Rey Vampiro.
Muchos años atrás, los hombres lobo, también conocidos como "Los leones de las montañas", los vampiros y las brujas no mantenían una muy buena relación, pues estaban en constantes batallas, además de tener muchas restricciones.
La guerra duró un largo tiempo hasta que los lobos y los vampiros decidieron que ya era hora de ponerles fin a sus conflictos, así que decidieron crear un tratado para poder estar bajo un único gobierno. Sin embargo, solo podía haber un líder, por lo que decidieron organizar una batalla entre un representante de cada grupo para decidir quién tomaría ese puesto. Por otro lado, mientras se llevaban a cabo tales preparativos, las brujas prometieron no ser parte del asunto.
Un representante de los lobos y uno de los vampiros dieron un paso adelante para participar en el duelo, y finalmente, los lobos salieron victoriosos. De esta manera, el gran ganador obtuvo el título de "El líder superior", quien era nada más y nada menos que el abuelo del Rey Dakota.
De forma colectiva, los lobos y vampiros elaboraron nuevas reglas para sus respectivas legiones.
Todos querían paz e igualdad, y desde entonces y hasta la fecha, no existió ninguna disputa entre los grupos. No obstante, ya que las brujas se habían negado a participar en el tratado, fueron desterradas; todas ellas juraron jamás tener nada que ver con los leones de las montañas o los chupadores de sangre.
Tras eso, las cosas se mantuvieron así durante muchos años.
El liderazgo había permanecido en manos de los lobos por generaciones, pasando por el abuelo de Dakota, luego su padre, para al fin llegar al Rey actual.
En toda la historia de liderazgo hasta el momento, este último parecía ser diferente, más poderoso y brutal que sus antepasados.
Sin duda, todos le temían por la forma en que luchaba contra los pícaros y toda clase de enemigos, puesto que era un hombre tan brutal y poderoso que había logrado ganarse tanto el miedo como el respeto de todos.
No obstante, el Gran Rey Dakota contaba con un problema. En realidad, tenía varios, pero uno especialmente crítico.
Por desgracia, y sin importar cuánto lo intentara, no lograba conseguir a un hijo varón: un heredero que se le sucediera cuando llegara su fin.
No cabía duda de que ese inconveniente parecía una terrible maldición; una causada por la Diosa de la Luna.
Actualmente, el rey ya estaba casado con tres mujeres con las cuales tuvo cuatro hijas, pero ningún varón.
Sin duda, el hombre estaba maldito, pero no podía entender por qué.
No mucho después, el Rey llegó a su aposento para instalarse, sentándose en la cama con la cabeza entre las palmas. '¿Por qué me pasa esto a mí? No puedo entenderlo', pensó.
De repente, alguien entró al lugar e interrumpió sus pensamientos.
"No quiero que me molesten, Pishan", Dakota expuso con la cabeza y las manos en la misma posición de antes.
Sin siquiera echar un vistazo, él sabía de quién se trataba, dado que estaba acostumbrado a la esencia de las personas de su entorno.
Su bien llamado gamma, Pishan, se detuvo junto a la puerta. De hecho, él era el único que conocía al Rey lo suficiente como para saber con exactitud lo que estaba pasando por su mente.
"Perdóneme por interrumpir, Mi Rey, pero solo deseo confirmar la orden para mañana", anunció, mientras el otro hombre alzaba su cabeza para contemplarlo.
"La orden sigue en pie", el Rey gruñó.
"No desearía que nadie estuviera cerca cuando suceda, así que quien sea que salga mañana y rompa las reglas, será ejecutado".





