La esposa fugitiva del CEO

Aturdida, Jenessa levantó la vista y se encontró con la mirada severa del hombre que tenía al frente.

¿Acaso estaba imaginando cosas? ¿Qué hacía Ryan ahí? Maisie acababa de regresar del extranjero, ¿no debería estar pasando tiempo con la mujer que amaba?

Al no recibir respuesta de ella, él no pudo evitar fruncir el ceño.

Jenessa, empapada por la lluvia, se veía desastrosa. Con su pelo largo y oscuro pegado a sus pálidas mejillas, y el agua goteando sin cesar de las puntas, parecía tan indefensa y lamentable.

"¿Qué demonios te pasó?", preguntó Ryan, con un tono un poco más duro de lo que pretendía.

Ante eso, ella recordó lo amable y cariñoso que había sido este hombre con Maisie en el hotel, haciendo que le doliera el corazón.

Estaba más que claro que la actitud de Ryan hacia la mujer que amaba y la que tenía hacia ella eran muy distintas.

Entonces, intentando con todas sus fuerzas tragarse esa verdad tan amarga, la joven forzó una sonrisa y explicó suavemente: "Empezó a llover cuando volvía a casa y no tenía paraguas, así que me mojé...".

Mientras hablaba, de repente le picó insoportablemente la nariz y no pudo evitar estornudar con fuerza.

Pero, en lugar de compadecerse de ella, Ryan solo frunció aún más el ceño.

"Ya no eres una niña. Si empieza a llover, lo primero que debes hacer al llegar a casa es secarte y cambiarte de ropa. ¿De verdad tengo que explicártelo todo?".

Al oír eso, la sonrisa de Jenessa se endureció. "Lo siento...".

"Ve a cambiarte rápido, o te va a dar un resfriado". Ryan parecía tan impaciente con ella que, sin decir nada más, le pasó por delante y entró a la casa.

¿Un resfriado? Fue en ese momento que Jenessa recordó que estaba embarazada, tenía que tener cuidado para no poner al bebé en peligro.

Con eso en mente, se apresuró a ir a su habitación, se dio una ducha caliente y dejó que el agua tibia ahuyentara el frío.

Envuelta en una toalla, salió del baño lleno de vapor y se encontró con Ryan.

Sorprendida, ella soltó un grito e instintivamente se apretó más la toalla contra el pecho.

Él la miró fijamente y, al darse cuenta de su reacción, le preguntó con indiferencia: "¿Por qué te pones tan nerviosa? Ni que nunca te hubiera visto".

Jenessa se puso roja al recordar sus apasionadas e íntimas noches juntos.

Sin esperar respuesta, él le tendió una pastilla para el resfriado y un vaso de agua. "Ten, tómate esto".

Vacilante, ella miró la medicina que él tenía en la mano, preocupada de que ese medicamento pudiera hacerle daño a su bebé. "Tranquilo, creo que no la necesito. Después de todo, solo estuve un rato bajo la lluvia".

Pero, inesperadamente, él se negó. "¿Ya te viste en el espejo? Estás pálida como un fantasma. Mañana vamos a visitar a la abuela, así que será mejor que no te enfermes, ¿me oyes?".

Pero Jenessa, preocupada por el bebé, se resistió obstinadamente. "Solo necesito tomar algo caliente, eso es todo. Estoy bien, de verdad".

Ya impaciente, Ryan se metió la pastilla en la boca y bebió un poco de agua del vaso.

"Oye, ¿qué estás...? ¡Agh!". Antes de que ella pudiera pronunciar otra palabra, él se inclinó más cerca, su alto cuerpo se cernía sobre ella, y le agarró la delicada barbilla con fuerza. Luego, obligándola a levantar la cabeza, apretó los labios con firmeza contra los suyos.

La pastilla y el agua fluyeron hacia su boca, y él no aflojó el agarre hasta asegurarse de que ella se la había tragado.

El repentino beso hizo que Jenessa se mareara y no pudiera resistirse más.

Al ver que ella ya no se resistía, a Ryan se le despertaron los deseos y la llevó hasta la cama.

Se separó de ella durante unos breves instantes para desatarse la corbata, con los ojos encendidos por el deseo.

Cuando la joven se encontró con su intensa mirada, volvió en sí y gritó: "¡No!".

Temblorosa, alargó la mano y empujó el fuerte pecho de su esposo, intentando impedirlo.

"¿Qué?". Él se detuvo en seco, confundido.

Luego intentó besarla de nuevo, pero ella apartó la cabeza con decisión, evitando sus ojos.

"Ryan, yo...".

La chica tragó saliva y continuó con dificultad: "Quiero el divorcio".

Sus palabras apagaron los deseos del joven al instante.

Molesto, le agarró la barbilla con frialdad y la obligó a mirarlo, con sus profundos ojos clavados en los suyos. "¿Dilo otra vez?".

A Jenessa le dio un vuelco el corazón. Aun así, consiguió reprimir las turbulentas emociones y se enfrentó valientemente a la intensa mirada del hombre que tenía al frente. "Dije que quiero el divorcio".

Una emoción ilegible brilló en los ojos de Ryan. "¿Por qué?".

Jenessa quedó desconcertada al oír esa pregunta.

¿Cómo así que por qué? Pues para cumplir su deseo de casarse con su amada Maisie, por supuesto.

"Porque...". Su voz se quebró débilmente, incapaz de decir lo obvio.

"¿Otra vez tu familia tiene problemas económicos? ¿Se trata de dinero?". Ryan la miró con frialdad. "Jenessa, ¿acaso se te olvida cuál es tu papel? Si necesitas algo, dilo. No juegues a estos jueguitos conmigo, yo no tengo paciencia para estas estupideces".

Ella cerró los puños en silencio y apretó los dientes.

¿De verdad él creía que su petición de divorcio no era más que uno de sus jueguitos, un intento de aprovechar la situación en su beneficio?

Ella sonrió con amargura, pero sus ojos mostraban una determinación inusualmente feroz. "No te preocupes. Solo quiero el divorcio. Ryan, íbamos a divorciarnos tarde o temprano, así que, ¿qué más da?".

Pero él no respondió inmediatamente, solo se limitó a mirarla fijamente con una inusual seriedad en los ojos.

Su silencio sumió a Jenessa en un estado inexplicable de ansiedad y esperanza que echaba raíces en su corazón. "¿O...? ¿No quieres el divorcio?".

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