La Esclava Más Odiada Del Rey

Al fin, los ojos fríos del hombre se encontraron con los de ella. "Mira, Danika, puede que no seas satisfecha, pero ya lo verás. Ahora, quítate tu ropa interior".

Los oídos de Danika aún resonaban ante todo lo que escuchaba. Además, sus ojos estaban llenos de lágrimas. ¿Por qué su padre tenía que haber hecho todo eso? ¿Por qué tenía que ser un adicto al poder?

Sus manos temblaban mientras se quitaba su ropa interior, dejándola, al fin, desnuda por completo.

Esa noche ella perdería su virginidad de la forma más cruel, y en manos del hombre más frío que hubiera conocido.

Sin embargo, estaba dispuesta a soportarlo con dignidad. Ella ya no era una princesa, pero al menos, lo fue en el pasado. La joven nació en la realeza, entrenada para comportarse con orgullo y ser una dama dignada.

No obstante, ese era su destino ahora, uno del que no podía escaparse. Ella levantó la barbilla para esperar su próxima orden.

"Sube a la cama, y ponte boca abajo. Abre bien las piernas". Mientras hablaba no había expresión alguna en sus ojos, solo odio puro.

Enseguida, él se subió a la cama, le presionó la cara contra la almohada y procedió a abrirle las piernas. Mientras sus brazos temblaban, ella cerró los ojos y esperó lo inevitable.

Siendo optimista, trató de concentrarse en el hecho de que esa era la primera cama blanda en la que se acostaba, en mucho tiempo. La mujer dejó que la comodidad del lecho la hiciera olvidar lo que estaba pasando.

De repente, ella escuchó cómo la ropa caía, y el sonido de una cremallera al abrirse. Instantes después, sintió que él se acercaba detrás de ella.

El rey la agarró por las caderas, al tiempo que sus dedos mordían su carne y su miembro forzaba su apertura. Enseguida, los ojos de la joven se abrieron ante la sensación del pene en su cuerpo.

Danika no era ajena a la anatomía de un hombre, había visto muchos esclavos desnudos antes, pese a eso, nunca pensó que uno pudiera ser tan grande como el que estaba presionando en su cuerpo.

El hombre parecía haber encontrado lo que buscaba, pues gruñó de aprobación.

Mientras él ajustaba las rodillas en la cama, el pequeño placer que ella sentía desapareció cuando él se retiró y comenzó a empujar más profundo.

La mujer aspiró sobresaltada cuando sus breves embestidas cada vez dolían más, entonces, ella contuvo la respiración, esperando que todo acabara.

Ya cansado, él la sostuvo por las caderas y cuando se echó hacia atrás y luego empujó hacia adelante con más fuerza, sintió tocar el fondo dentro de ella.

Ella gritaba de dolor agonizante, y estaba apretando los dientes con tanta fuerza que su mandíbula se entumeció.

Por su parte, el rey se quedó por completo inmóvil, mientras ella dejaba escapar un gemido incontrolable cargado de lágrimas. El encuentro íntimo le había dolido más de lo esperado. De hecho, muchísimo más.

Para desgracia de Danika, el hombre no se detuvo. Él tomó fuerzas para seguir sumergiéndose en ella con fiereza.

Mientras tanto, ella giró la cabeza, al tiempo que hundía el rostro en la cama para gritar, tratando de apartar su cuerpo tembloroso de la brutal posesión del hombre.

Sin previo aviso, las manos fuertes del rey la enjaularon, manteniendo su cuerpo inmóvil. Él la cubrió con su cuerpo y se sumergió en ella una y otra vez, por su parte, ella apenas podía aguantar la fuerza de sus embestidas presionándola implacablemente en la cama.

Solo los gritos de dolor de la joven se escuchaban en la habitación dorada, mientras que él estaba sereno. De hecho, no había soltado ni siquiera un gruñido.

Aunque él la tomó con fiereza como si fuera un animal, Danika habría jurado que el hombre se estaba conteniendo, pues de no ser así, la rompería en dos.

Los feroces empujes continuaron sin parar. Un largo rato después y de repente, él se apartó. Luego, se levantó de la cama y se subió la cremallera.

Danika se quedó quieta acostada, incapaz de mover su cuerpo, entonces, sollozó silenciosamente en la cama.

"Sal de aquí ya", el rey ordenó, alejándose sin mirar atrás. Ella escuchó la puerta abrirse y cerrarse detrás de él con un golpe.

La joven se dio cuenta de que él no había terminado y se preguntó por qué. El hombre la odiaba, y no sentía ningún tipo de lástima por ella. Entonces, ¿por qué no siguió saciando su cuerpo hasta llegar al clímax?

Ella no tenía la respuesta, pese a eso, se trataba del menor de sus problemas. Ya estando sola, empezó a sollozar sin contenerse.

Por primera vez desde que su reino fue emboscado, su padre fue asesinado y ella, llevada a la esclavitud, sintió una gran pena y dolor vívidamente.

Lágrimas y quejas desgarradoras le lastimaban la garganta. En el pasado, ella siempre había soñado con que estaba rodeada de flores, mientras su marido le hacía el amor bajo la luz de la luna. Se imaginaba perdiendo la virginidad con él, al tiempo que ambos acariciaban sus cuerpos con gran ternura.

Por desgracia, lo que había acabado de vivir no se acercaba en nada a lo que ella pensaba. De hecho, la realidad dolía como tener un cuchillo en el corazón. 'Padre, ¿por qué tuviste que hacerme eso?'.

Ella nunca había conocido un dolor tan grande como el que venía de su propio cuerpo, o el que ahora portaba en su alma.

Meditándolo bien, la aflicción de su cuerpo era temporal, pues lo que le hizo ese tipo le dolió. Sin embargo, el desconsuelo en su corazón podría durar tanto como su nueva y tortuosa vida.

No mucho después, ella se levantó, contenta de que él no estuviera cerca. Ella no sabía qué haría si dejaba que él la viera tratando de salir tambaleándose y llorando derrotada.

Gotas de sangre se estaban derramando de sus muslos, pues estaba herida tras el encuentro íntimo. Una vez llegó a su fría celda, el guardia la abrió.

Enseguida, ella se adentró a su frío confinamiento, caminó hacia el viejo camarote sin colchón, y se acurrucó allí.

De repente, ella sollozó, tratando de controlar sus lágrimas. No deseaba continuar llorando, y no quería verse destruida, pues no lo estaba.

Ella tenía que sobrevivir. Sus nuevas condiciones de vida no la quebrarían.

Aunque ella ahora era una esclava por fuera, en su interior, seguía siendo la princesa Danika. ¡No se dejaría amedrentar! Jamás lo permitiría. De hecho, ella solo se tenía a sí misma.

Mientras meditaba eso, la celda se abrió y entró Baski. La mujer mayor le ofreció una sonrisa cortés. "El Rey me pidió que te sacara".

"¿Qué dices? ¿Otra vez? ¿Por qué?".

"Eso dijo y también...", la mujer mayor comenzó, aunque estaba olvidando lo que quería decir. "¿Qué quiere conmigo ahora? ¿Dime?", Danika espetó enfurecida, mientras se levantaba de la cama.

"Él quiere...", continuó Baski.

"¡Por lo que a mí respecta, él puede irse al infierno! ¡Aléjate de mí! ¡Vete!". La princesa que llevaba dentro gritó, más allá de lo razonable.

Por su parte, Baski frunció los labios con disgusto pese a eso, no fue a ninguna parte. En lugar de eso, la compasión brilló en sus ojos.

"De verdad tienes que dejar de lado esa actitud si de verdad quieres sobrevivir a eso. Eso fue lo que todos hicimos cuando intentábamos salvarnos de tu padre. Esa es la única forma de prevalecer".

"Tu rey es un maldito monstruo", Danika espetó de nuevo.

Enseguida, Baski negó rotundamente con la cabeza. "El rey Lucien está lejos de ese análisis que le das, no tienes idea de lo que ha tenido que pasar. ¡No tienes idea!".

Tras exclamar eso, los ojos de Baski se encontraron con los de ella. "De hecho, él se está conteniendo contigo".

Danika se irritó al escucharla. "¡Cómo te atreves a decir eso! No tienes idea de lo que ese monstruo hizo y...".

"Se está conteniendo, porque si de verdad quisiera devolverte todo lo que tu padre le hizo, empezaría por asar tus partes íntimas", la mujer comentó secamente.

"¿Qué estás diciendo?", Danika inquirió, pues no estaba segura de haber escuchado bien a la mujer.

"Olvídalo". La señora se dio la vuelta y agregó, "Si ya acabaste, escúchame. El rey me pidió que te escoltara a tus aposentos".

Tras escuchar eso, Danika parpadeó dos veces, preguntándose qué les pasaba a sus oídos. "¿En serio?".

"Sí, sígueme". Enseguida, Baski comenzó a alejarse.

'¿Qué está sucediendo?'.

Con una mueca de dolor, Danika se levantó y la siguió. La mujer mayor la acompañó a otro lado del gran palacio donde estaba una habitación. El lugar era pequeño pero bonito y ordenado.

"¿Qué hacemos aquí?", Danika inquirió.

"Esta es tu nueva habitación".

"¿De verdad?", ella interrogó mientras miraba a su alrededor, preguntándose qué podrían estar tramando esas personas.

"Limpia un poco y vete a la cama, el rey hablará contigo mañana". Dicho eso, Baski dio la vuelta y se alejó.

Danika, demasiado cansada y emocionalmente devastada para empezar a pensar en todo eso, se acostó en la cama y quedó dormida de inmediato. De hecho, escapar de la realidad siempre era una buena opción.

Sin embargo, ¿qué quiso decir la señora cuando dijo que él se estaba conteniendo? ¿Y qué diablos quiso decir con lo de asar sus partes íntimas?

Aún había muchas dudas sin resolver.

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