Esa noche, Leanna regresó cansada a casa. Inmediatamente vio a Nate en el sofá, trabajando absorto en la computadora.
"Los hombres serios son los más atractivos". Leanna lo creía de todo corazón. A pesar de que se sentía herida por lo sucedido hoy, su corazón aún latía con solo pensar en él.
Pero su rostro volvió a palidecer cuando vio su ropa de casa negra.
La humillante escena permanecía en sus pensamientos y no podía dejar de pensar en la identidad de la mujer involucrada.
De repente, reconoció el rostro como familiar.
Era Jillian Murray, la famosa actriz y cantante.
Leanna la había admirado antes de los acontecimientos de ese día.
Hacía poco, Jillian había compartido unas fotos en Twitter, vestida informalmente con ropa de casa de la misma marca.
Oh, su ídola y el hombre que amaba...
No vivían juntos, pero compartían el mismo estilo de ropa de casa, como si sus corazones estuvieran alineados y trascendieran la distancia.
Leanna no podía creer que su tío prefiriera a mujeres más maduras.
Pero tampoco podía negarse que Jillian era cautivadora y llamaba la atención de muchos hombres.
Leanna se vio a sí misma. Con su piel perfecta y sus delicados rasgos, la consideraban hermosa en la universidad, pero carecía de cierto atractivo. Su belleza y la de Jillian eran completamente diferentes.
Pensando en eso, la joven sintió un dolor en el corazón.
No era el tipo de Nate, ni siquiera en apariencia.
Este escuchó un ruido y alzó la mirada, aparentemente ajeno a su malestar. Luego, señaló el sofá frente a él. "Ven aquí".
Leanna se acercó tranquilamente y tomó asiento.
"¿Por qué no firmas?", preguntó él, dándole una carpeta.
La otra agarró el bolígrafo, pero no pudo resistirse a preguntar: "¿Jillian es tu novia? ¿Estás considerando casarte con ella?".
Nate se reclinó y esbozó una sonrisa. "¿Por qué te enojaste tanto? Debes haber visto escenas íntimas en la televisión. ¿Cuántos años tienes? No creo que seas tan ingenua, ¿verdad?".
La sonrisa de Nate se veía burlona, por lo que tocó una fibra sensible en ella. Su agarre sobre el bolígrafo se volvió más fuerte.
La facilidad con la que él hablaba de su vida sexual le confirmaba que solo la veía como su sobrina.
Tal vez ni siquiera la veía como una mujer.
El tono de Nate se suavizaba cuando hablaba de Jillian, evidenciando su profundo afecto por ella.
Su cariño era tan intenso que no podía esperar para tener sexo con Jillian, incluso cuando había la posibilidad de que Leanna estuviera en casa.
Era probable que el matrimonio estuviera en el horizonte...
"¿No te emociona tener una tía?", insistió Nate al verla en silencio.
Una vez más, había golpeado un punto sensible con asombrosa precisión.
Tía... Esa palabra le parecía extraña a Leanna. Solo había soñado con ser su pareja, nunca había pensado que aparecería una "tía".
No tuvo más remedio que inclinar la cabeza para ocultar la amargura de su mirada y rápidamente garabateó su firma en el papel.
Quería abandonar el país lo antes posible y no regresar nunca más.
Nate agarró el documento firmado. "En dos meses te irás al extranjero para estudiar. Mañana tómate un tiempo para visitar la casa familiar".
Leanna dio un leve asentimiento y se retiró a su habitación, temiendo no poder reprimir las lágrimas.
Nate, por su parte, observó cómo ella entraba en la habitación antes de apartar la mirada, quitarse los anteojos y masajearse la frente, sintiéndola dolorida.
A pesar de su cansancio, Leanna permaneció despierta en la cama. No podía dormir, ya que unos pensamientos inquietantes rondaban por su mente.
De repente, se incorporó.
Sus ojos se volvieron hacia el armario, brillando con una idea repentina.
Recordaba haber ido de compras con Maisie, quien eligió un vestido de lencería muy atractivo que de alguna forma terminó en sus manos.
¿Realmente no le gustaba a Nate en absoluto?
Dado que se iría pronto, ¿por qué no intentarlo? ¿Cómo podía dejarlo escapar sin siquiera realizar un intento?





