La Chica Del Profesor

Punto de vista de Emma:

Asentí con la cabeza instintivamente.

Él sonrió ante mi respuesta. Sin darme la oportunidad de cambiar de opinión, tiró de mi mano con fuerza y salimos por la puerta trasera.

"Mierda", murmuró de repente.

"¿Qué ocurre?", le pregunté mientras entrábamos en un callejón oscuro.

"No puedo esperar", respondió con la respiración entrecortada.

Entonces, me miró con los ojos entrecerrados, como un halcón acechando a su presa. No dije nada, no pude. Todavía estaba tratando de recuperar el aliento.

Él se acercó a mí, yo retrocedí hasta que me choqué con la pared. Me tomó las manos y las colocó por encima de mi cabeza, inmovilizándome contra los ladrillos rojos. Después me miró con sus ojos oscuros y me dijo: "Tengo que poseerte ahora".

Tragué saliva. Mi cabeza daba vueltas. Ya no distinguía la izquierda de la derecha. Lo único que sabía era que la temperatura de mi cuerpo estaba subiendo; sentía una presión en la parte inferior del estómago que ansiaba ser liberada.

"Vale", logré decir finalmente.

Él no perdió el tiempo. Acortó la distancia entre nosotros y sus labios aterrizaron en los míos una vez más. Me besó posesiva y apasionadamente. Nadie me había besado así antes, ni siquiera Zach. Le devolví el beso, mordiendo su labio inferior y haciéndolo gruñir.

Sin despegarse de mis labios, soltó mis manos, agarró mis piernas y las unió a su cintura. Todo mi peso caía sobre él. En cada movimiento que hacía demostraba su fuerza. Mis manos se agarraron a sus hombros, sintiendo su cuerpo robusto bajo la fina tela.

Su mano viajó desde mi muslo hasta el dobladillo de mi vestido. Deslizó el pulgar por debajo de este mientras su mano seguía subiendo. La sensación de sus dedos tocando mi piel desnuda avivó un fuego dentro de mí. Su pulgar se detuvo al llegar al elástico de mis bragas. Mi corazón se había rendido por completo cuando sentí sus dedos acariciando mi zona húmeda. Dejé escapar, involuntariamente, un gemido lento.

"Nena, estás muy mojada", me susurró al oído.

¿Nena...? ¡Eso me puso aún más cachonda!

Sus labios recorrieron la parte inferior de mi oreja, bajaron por mi mejilla y aterrizaron en mi cuello. Me daba besos suaves y húmedos en la curva de mi cuello, y mi cabeza reaccionó yéndose hacia atrás, dándole más acceso.

Nunca había experimentado esa sensación. Su cuerpo estaba contra mi pecho. Sus besos me hacían sentir un hormigueo por todo el cuerpo. Antes de que pudiera procesar todo, él puso un dedo sobre mis bragas, haciéndome jadear.

Luego empezó a acariciar mi clítoris, y yo gemía. Mi espalda se arqueó para entregarme más a él. No dejó de besar y chupar mi cuello en todo el tiempo. Yo gemía palabras ininteligibles.

"¿Todo bien?". Él se rio entre dientes, le causaban gracia mis reacciones.

"Mmm... tú sigue", murmuré.

"Sí, señorita".

Con eso, introdujo su dedo dentro de mí; yo casi no podía respirar. Su pulgar acariciaba mi clítoris mientras el otro dedo entraba y salía de mí muy lentamente. Se sentía jodidamente bien.

Zach intentó meterme los dedos. Fue extraño e incómodo. De hecho, no me gustó, y por eso paramos.

Pero esto era diferente. Este tipo sabía muy bien lo que hacía y cómo controlar mi cuerpo. No tardó en introducirme otro dedo, mientras yo perdía hasta la noción de todo. Metía y sacaba los dos dedos; sentía un dolor agridulce.

"Joder, estás muy tensa", dijo él con los dientes apretados.

No sabía qué quería decir. ¿No se suponía que eso era bueno?

Mi cuerpo estaba tenso y él también lo sentía. Entonces, comenzó a mover los dedos suave y lentamente.

"Relájate", ordenó.

Mi cuerpo obedeció de inmediato. Luego, sus dos dedos empezaron a hacer un movimiento de tijera, separando mi entrada cada vez más. Su pulgar no dejó de masajear mi ahora hinchado clítoris.

¿Qué truco era ese?

"Ahh", no pude evitar gemir mientras le clavaba las uñas en los hombros.

"Hace tiempo que no follas, ¿eh?", preguntó. Yo decidí no responder.

Las cosas iban muy bien y no quería arruinarlo diciendo que era virgen. Nunca había sentido algo así y por nada en el mundo quería que se detuviera. La presión en mi estómago se estaba volviendo cada vez más intensa.

Él lo sabía, por eso comenzó a mover los dedos más rápido. Justo cuando pensaba que no podía ir a mejor, algo explotó en mí y mi cuerpo convulsionó.

Dejé escapar un grito mientras mi vagina apretaba sus dedos y me corría en su mano. Toda la tensión que acumulé se evaporó. Mi visión se volvió negra y no sentí nada más que una cálida y tranquila felicidad.

"Joder, eres increíblemente hermosa", siseó mientras se apartaba.

Yo aún me recuperaba del subidón. Ni siquiera me di cuenta de que tenía las manos en mi trasero. Luego escuché el sonido de la tela rasgándose y sentí el aire frío en mis nalgas. Me había roto la ropa interior, y el trozo de tela cayó al suelo.

Estaba a su merced. El frío me estremeció. Entonces, se llevó la mano a su bolsillo trasero y sacó un paquete dorado.

"Ábrelo", ordenó.

Tomé el paquete y lo abrí. Su mano libre tomó su cinturón y se lo desabrochó. Era difícil, pues yo estaba a horcajadas, por eso bajé las piernas.

Tan pronto como mis pies tocaron el suelo, me tambaleé, como si mis rodillas estuvieran débiles. Por suerte, pude apoyarme en la pared. Una vez que terminé de abrir el paquete, miré hacia abajo y vi su erección.

Dios... mío.

Estaba oscuro y no podía ver con claridad, pero era grande. Él me quitó el condón de la mano

y se lo colocó. Tragué saliva al verlo. De repente tuve miedo.

Él se percató, porque se volvió hacia mí y me dijo: "Todo va a estar bien. Te lo prometo".

Dicho eso, volvió a cerrar la distancia entre nosotros y yo no dije una palabra. Me quedé de pie roja como un tomate, pensando que la estúpida pared me protegería. Con una hermosa sonrisa, él agarró mi muslo izquierdo y lo levantó. Una vez más, estaba expuesta a él.

Colocó mi muslo alrededor de su cintura mientras sus labios volvían a atacar mi cuello. Jadeé, y mis manos alcanzaron su cabello oscuro, pasando mis dedos salvajemente por él.

"¿Lo quieres?", preguntó con voz seductora, mientras yo sentía su pene rozando mi zona húmeda y desnuda.

Quería volver a sentir lo mismo de antes, como cuando sus dedos estaban dentro de mí. Así que arqueé mi espalda y me ruboricé.

"Contéstame", exigió.

Se estaba tomando su tiempo, torturándome a propósito. Yo me contorsionaba mientras trataba de acercarme. Me metió la punta del pene, y la sacó seguidamente. Ahora me retorcía de dolor.

"Por favor", le rogué.

Él no dijo nada, solo sonrió. Me estaba impacientando. Empecé a moverme hacia adelante para encontrarme con él. Estaba tan mojada que prácticamente goteaba.

"¡Detente!", gruñó él de repente, y dejé de moverme.

"Lo quiero ya, por favor", supliqué de nuevo.

"No has llegado todavía. Te va a hacer daño".

¿Qué significaba eso?

"No me importa, hazlo".

Me miró con sus ojos oscuros e hipnóticos. Permaneció en silencio durante un rato, pensando. ¿En qué podría estar pensando en ese momento?

"Fóllame", dije otra vez, causando que él parpadeara sorprendido.

Tan pronto como la palabra salió de mi boca, sus labios me envolvieron una vez más. Yo le devolví el beso con fuerza y deseo. Sus uñas se clavaron en mi piel, y me tiraba del cabello.

Luego, sin previo aviso, se metió dentro de mí. Fue lo más doloroso que mi cuerpo había soportado.

"¡Ah!". Dejé escapar un grito, pero él lo silenció con un beso.

Se detuvo por un momento con su pene dentro de mí, luego lo sacó lentamente. Lo hizo varias veces más, hasta que dejé de gritar.

Era doloroso y placentero, todo a la vez.

No estaba tan tensa como antes y me estaba acostumbrando al dolor. Luego fue más rápido y comenzó a empujar más y más fuerte. Estaba atrapada entre la pared y su cuerpo musculoso. Sus embestidas hacían que mi cuerpo se resbalara contra la pared, y mi único pie apoyado en el suelo estaba prácticamente en el aire.

"Se siente muy bien, nena".

Nuestros ojos estaban fijos el uno en el otro. Estaba a punto de explotar. Sentí que algo se acumulaba dentro de mí y deseaba salir. Él respondía entrando y saliendo de mí vigorosamente. Solo se escuchaba el sonido de su cuerpo chocando contra el mío. Su respiración era pesada.

Yo no podía aguantar más. Eché mi cabeza hacia atrás y mi vagina se tensó.

"Mierda", gruñó él.

Me estaba corriendo. Sentí que el líquido tibio salía de mí, y eso no lo perturbó. Solo hizo que su pene palpitara más fuerte. De hecho, siguió penetrándome rápido y con fuerza.

"Joder", dijo con los dientes apretados.

Sus manos aferradas a mis nalgas, hicieron que me retorciera. Pero también encendió un fuego dentro de mí. Apreté mi pierna alrededor de su cintura, indicándole cuánto deseaba esa liberación que solo él podía darme.

Gimió en voz baja, pero me di cuenta de que le gustó. Porque si antes estaba siendo rudo, ahora lo era más. Sus embestidas eran agresivas, mis paredes vaginales se tensaron alrededor de su pene. Mi cuerpo estaba experimentando tanto dolor y placer que cerré los ojos.

Yo gemía palabras sin sentido al mismo tiempo que él seguía lamiéndome el cuello.

Con eso, ambos nos corrimos casi a la vez. Mientras lo hacía, me penetró una última vez. Se quedó dentro de mí un rato mientras dejaba escapar un profundo suspiro. Cuando finalmente se apartó, me lanzó la sonrisa más radiante y sexy que jamás había visto, sintiéndose complacido.

- - - Continuará. - - -

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