Juro por Dios que esta humillación, me las vas a pagar, maldita zorra.
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12 del media día y se dirigía a la universidad Golden Gate, una de las mejores universidades de todo San Francisco y de pocos poder entrar. Caminaba junto a varias de sus amigas mientras que la voz chillona de su mejor amiga Jisoo, divertida les contaba lo que hizo el fin de semana en la casa de unos amigos junto a sus padres. Reían todas ante algunas anécdotas que la castaña les contada que pasaron ese fin de semana, cuando antes de colocar pie dentro de la universidad, ha de tropezar de frente con alguien causando que caigan al suelo algunos de sus pesados libros, estaba a segundos de soltar una grosería pero, al ver de quien se trataba ,solo pensó que un insulto no sería suficiente.
— Discúlpame, no te vi venir.- Dijo él en un tono más que sarcástico mientras veía ella como las hojas que se encontraban entre los libros, salían al aire con rapidez - Hola Katherina..- Saludó mostrando aquella sonrisa patentada que solo causaba el efecto contrario al resto.
¿Les ha pasado qué a ciertas personas la voz de X les parece de las más desagradables, asquerosas, poco deseosas del mundo? Bien. Algo así le sucede a Katherina, la cual se perdió por varios minutos ante la voz del hombre frente a ella idealizando mil maneras de cómo romperle aquella cara que a todas las chicas excepto ella, creen angelical. Lo miró directo a los ojos de la peor manera mientras que Stefany, otra de sus amigas junto a Jisoo le hacían el favor de recoger las hojas del suelo.
— Hola,Tom.- Le dijo la chica de mirada oscura, Jisoo, toscamente mientras recogía los papeles.- Pensé qué faltarías a clases como lo has hecho, toda la bendita semana.- Su tono fue sarcástico y cínico, tengo que agregar que no soporta tan siquiera la presencia de Mikaelson, piensa que se cree lo último y lo último no es. Eso lo tenía claro.
TOM MIKAELSON HONSON:
23 años de edad, perteneciente a las afueras de Londres. Chico que otros han de ver como el chico que quisieran ser, otros simplemente verle bajo tierra y entre esos está Jisoo, Stefany, Belinda y la misma Katherina. Para el resto, era el chico divertido, egocéntrico, atractivo que toda mujer quería llevar entre sus... En fin. Idolatrado por media universidad y ni contar que algunas profesoras han de estar igual, igual para buscar la manera de sacarlo del instituto.
Para la chica de tez morena, de aspecto rudo y de un gran temperamento era y será aquel reverendo imbécil que se creía el súper dios, o como lo cataloga Belinda:- otra amiga de la morena- el súper puto come ofrecidas de la universidad que creía que tenía a todas a sus pies. No lo soportaba y tenía justificación para ello.
Odiaba ver hasta su rostro, aquel rostro que todas las chicas de su aula describen una y otra vez sin falta. Su cabello ondulado que por momentos variaba en ello, pero en este momento, yacía ondulado de color negro- castaño, sus bellos ojos cafés con toques avellana, que según ellas les hacía derretir.
< Par de estúpidas>
Les decía al verlas en aquel estado hipnótico ilógico por un idiota que no le ve la gran cosa. Belinda notó como Katherina tensaba la mandíbula, sabía perfectamente que su mejor amiga estaba a segundos de lanzarse encima de Tom...
—Eres un...- Decía la morena y Belinda le interrumpió.- Quítate.- Le dijo prácticamente empujándolo chocando él con uno de los chicos del corredor.- Pedazo de idiota, ¿ acaso tienes los ojos en el culo o qué?
—Supongo, ¿ los ves?- Se volteó y quedó la retaguardia de él frente al rostro de Katherina quien se había agachado para terminar de recoger sus libros.
—Muy gracioso.- Dijo ella entre una sonrisa que sus amigas dieron por maléfica.- No, pensándolo bien ahí no están.
—¿Entonces?- Se cruzó de brazos dándole el frente nuevamente, fingiendo importarle todo esto, tenía aquel rostro de gracia que solo hacía enojar aún más a la morena.
—Katherina...- Le llamó bajo Jisoo.- No le prestes atención, no es la primera vez.
Claro que no lo era, las otras veces a la misma hora siempre le hacía caer fuese lo que llevará en sus manos, desde su café mañanero hasta sus trabajos de arte. En cada una de ellas, lo insultaba hasta darle un gran golpe y parar en dirección y a Tom le daba igual y gracia todo esto. Katherina dio una sonrisa sin mostrar sus dientes y habló:
—¿ En serio quieres saber dónde están?- Le preguntó en un tono coqueto acercándose a Tom más de lo debido. Sus amigas se miraron extrañadas por aquello.- Aquí pedazo de idiota.- Acto seguido la rodilla de la morena dio un duro golpe entre la entrepierna del pelinegro causando que soltara un gemido de dolor y se retorciera cayendo de rodillas al piso. Nadie esperaba eso y menos el mismísimo Tom.- Me vuelves a joder y te juro por tu asquerosa cara que la próxima vez, tus bolas serán decoración al árbol del instituto.-Le dijo cerca a su oído derecho para seguido, de darle otro golpe y solo retomar su caminar.





