La Amante del CEO.

Jasper no podía creer que la chica frente a él de verdad se tratara de Erin, la chica a la cual le había tenido tanto cariño desde siempre en su corazón que era simplemente inexplicable.

Como siempre era alguien que no podía ser controlada por nadie de manera que le ofreció un trago, este se negó rotundamente y dijo que él era el que le iba a brindar.

Por supuesto que se necesite ando pero no fue precisada de atención. Primera dama viendo dos copas de Ginebra mientras que los demás solamente podían observar las comen ojos de atención bastante salidas de sus órbitas como si en realidad fueron los más importantes de aquella reunión aunque eso no tuviera nada que ver con la realidad.

No eran las más importantes por supuesto pero sí eran las que más se llamaba la atención sobre todo porque el hombre estaba casado y nadie conocía muy bien a la chica que estaba aquí acompañándolo.

Los chismes no serían a esperar ni por un solo segundo de manera que todo lo que podían hacer era decir cualquier cosa que se le viniera a la mente mientras tuviera que ver con ellos, quienes no debían estar haciendo tal cosa porque la moral era más importante que nada.

Muchos ahí hablaban de moral, cuando en realidad no tenían nada parecido a esto en sus cuerpos y en sus vida en general.

Sobre todo las mujeres eran quiénes comenzaban a criticarla como si no tuvieran otra cosa que hacer, pero ella no les prestaba mucha atención de todas maneras ya que solamente estaba ahí por una cosa y esa era conseguir un inversor para su proyecto.

Mientras ella pudiera salir del estado en el que se encontraba que no era muy bonito tampoco estar desempleado y en una nueva ciudad la cual no conocía del todo era peor todavía y al estar en un hotel al cual solamente le quedaban tres noches para estar no debía de ser para nada cómodo.

Por supuesto no era alguien que se quedará en su sitio sin hacer nada pero a pesar de las vueltas que había dado por la ciudad eso no quería decir que encontraría rápidamente un empleo y la verdadera que no se moría por tener un horario de ocho horas de trabajo o incluso más.

Nada en la vida de un empleado normal era cosa que le emocionara bajo ningún concepto sobre todo porque su padre al tener un local también tenía el poder de hacer que sus empleados se quedarán horas extras y quería detalles como esos.

Solamente por ser jefe se creía con el derecho de hacer algo como eso de enviar a las personas a un destino que no querían aunque fuera algo tan simple como solamente cumplir con el trabajo.

Aunque su padre no era un tirano sabía que múltiples veces había explotado a sus empleados, solo porque estaban cortos de dinero y porque las personas en ciertas temporadas del año no acudían al local como deberían.

Cómo sea ella no quería ser de ese tipo de personas que se mantenían atadas a un empleo solo porque este les daba los ingresos básicos para subsistir ya que quería forjarse su propio futuro en base a ideas propias y que los demás fueron los que opinaron sobre sus proyectos solo que fueran personas que supieran del tema.

Ser conformista no era algo que quisiera hacer, ya que estaba por completo, ahora toda de que todo el mundo le dijera que eso era lo único que podía hacer con su vida teniendo en cuenta el hoyo de dónde venía.

Muchas culpas necesite de nacimiento por no poder surgir pero ella no creía que se fuera para nada cierto cuando cada persona podía forjarse su propio futuro como quisiera si tan solo se esforzaba en creer en sí mismo y en la idea que tuviera.

Cada persona era un mundo y así como esos mundos podían ser diferentes también eran extensos y solo basta con echar una mirada para saber que debían de ser bastante ricos en todo tipo de áreas que solo basta con estudiar más a fondo.

Allá nunca la creían cuando decía que iba a lograr ser una persona que reconociera a los medios de comunicación más allá de solo ser hermosa, pero lo demostraría de que estaba hecha, muchas cosas y experiencias que la habían hecho crecer hasta el punto en el que se encontraba en esos momentos.

A ese punto de su vida pensaba que la única persona que no tenía ganas de vivir, era este chico al que se había encontrado de nuevo después de tantos años, y si eso no era una señal entonces no podía entender qué lo era.

La sonrisa que hasta tenía los labios le hacía recordar tantos tiempos en su niñez que habían estado repletos de felicidad solamente por estar corriendo por las calles de aquel hoy, o cómo le llamaban en el que encontró refugio en la mayor parte de su vida hasta que le queda demasiado pequeño.

Una de las razones principales por las que se le había quedado demasiado pequeño era porque nadie tenía sueño más allá de solo convertirse en grandes hacendados, o posiblemente daños de algún local famoso al que todos tuvieran que acudir, solo porque si, todos los días una vez por semana, o incluso más de dos veces al mes.

Se supone que para ellos tener un loro era simplemente acerca de las demás nos verán sin mirar ni un solo segundo al trasfondo de ellos, ya que de todos modos no les importaba mientras que pudieran generar dinero.

Erin no podía creer hasta ese momento los límites de las personas en cuanto a la prosperidad de que eran capaces de andar hasta la propia madre por tener la vida resuelta o solo pensaba que la familia daría la respuesta a todo.

Ella sabía que todo esfuerzo lleva su recompensa pero no porque se llegara a algún punto cumbre, no debía dejar de trabajar ni un solo día de su vida, porque entonces andaría solamente en quiebra y otro tipo de malas rachas que nadie debería enfrentar en su vida.

El chico frente así solamente pudo objetar que en serio lucía diferente.

—Te recordaba un poco más robusta ¿Estás bien?— quiso saber Jasper, con una mirada curiosa que solo quería asegurarse de que ella estaba como debería y no pasando trabajo.

Tampoco ahora que se viera como si estuviese pasando trabajo pero era una chica que merecía estar siempre bien cómo demostrar la mayor parte del tiempo.

En serio quería ayudar a los demás y con los demás también quería ayudarse a sí mismo por lo que merecía lo mismo

Mientras ambos habían de lo que habían pedido nadie dejaba de mirarlo así que lo que pensaron fue en una solución mucho mejor que era retirarse un poco del bullicio y solo salir por la puerta de aquel establecimiento, aunque en el último momento a ella se le ocurrió la genial idea de ir a su habitación, ya que estaban en el hotel o al cual ellos miraba sobre todo por tener paredes que contuvieron el sonido.

Cada vez que habían o hacían fiestas en el lobby, no se escuchaba absolutamente nada arriba en las habitaciones Y eso debía reconocer que era muy genial.

Quiénes eran parte de aquella organización siempre pensaban en los clientes antes de en sus propias necesidades o sus propios deseos y también es por esta razón que siempre preguntan la reseña de cada uno para saber que estaban haciendo las cosas bien.

Todas aquellas reseñas siempre eran necesarias para cualquier tipo de ocasión, sobre todo para las que eran tan vitales como en ese momento. Ambos querían que la tranquilidad con la cual hablaron fuera incomparable a cualquier otra de manera que cuando subieron en el ascensor hasta el piso en el cual quedaba la habitación de ella lo único que había era silencio y tranquilidad aparte de la música que emanaba aquel aparato.

Era bastante relajante el simple hecho de poder estar alejado de aquellas fiesta aunque fuera un evento social muy importante pero el hecho de que se estuvieran encontrando en ese lugar también quería decir que había alguna señal a la que debían prestarle atención, y es atención solamente podía verse reflejada en un lugar más privado, no porque fueran hacer algo prohibido, pero tenía la intención de conversar un poco más a fondo.

Quizá hubiera alguno que otro sentimiento enmascarado en aquella conversación pero a más nadie le importaba si no solo a ellos.

—Me parece en cambio que tú estás más fornido que antes ¿O me equivoco?— dijo ella mientras soltaba una pequeña risa.

—No te confundes, han pasado años desde la última vez que nos vimos—.

—Lo recuerdo muy bien, créeme—.

—Yo también ¿Cómo está tu madre? ¿Cómo le va a tu padre con el local?—.

—Vaya, son preguntas algo difíciles de contestar... Mi madre falleció hace un par de años... Mi papá sigue luchando en contra de la corriente, y como puedes apreciar, yo he seguido su ejemplo— habló ella mientras bebía un sorbo de su trago mirando al suelo, eran temas sensibles que solo le comentaría a él porque le tenía confianza.

—De verdad lamento mucho eso, a veces soy muy imprudente— dijo él apenado.

—Sí, eso también lo recuerdo— contestó ella mientras se echaba a reír y salía del elevador.

Una vez que se encontraba fuera, se dirigió por el pasillo hasta la habitación que le tocaba. saca de su bolso de mano la tarjeta que le permitirá el acceso a dicha habitación así que la deslizó por el lector y solo así la puerta se abrió.

Le sonrío al hombre y entonces la hizo señas de que pasara con ella y también hay que tomar asiento una vez que estaban dentro.

Él no quería tomarse tantas confianzas pero a la vez sabía que tenían tantas cosas que hablar no había manera en el mundo en que se fuera de ese lugar en ese momento.

La chica sentada de lado con las piernas cruzadas haciendo que el vestido que llevaba puesto se le subiera hasta la unión con su ropa interior. Por supuesto que al contrario de no fue ajeno esto Pero en ningún momento se acercó solo se queda en su lugar mirando al rastro de ella como si fuera lo único que estuviera disponible en la habitación.

Las chicas, por el contrario solamente se concentran en su trabajo, como si el mundo no importara y luego de la confesión que le había hecho.

No he podido decir que tenía algún tipo de trauma relacionado a la muerte de su madre pero el hecho de que la abandonaron a su suerte sin haberle visto cumplir sus sueños era algo que nunca podría superar y que la mantenía triste la mayor parte del tiempo solo pensando en que habría pasado si ella en este momento siguiera viva, y qué cosas le diría para que saliera adelante con cualquier idea que se le ocurriera.

Por supuesto que a la mujer operada bastante era bondadosa y cada cosa que le decía era como un poema para ella, así que siempre he buscado la forma de hacerle caso aunque tuviera que renunciar a cosas importantes, pero sabía que si su madre no decía era por algo.

para siempre fue una mujer intuitiva que cada cosa que decía se daba y cada cosa que deseaba también se cumple incluyendo al local de su esposo al cual ayudó a edificar lo incluso con el diseño porque estaba totalmente enamorada de la idea de tener algo que fuera de la familia a lo que pudiera hacerlos crecer en grupo.

Ella tenía ideas demasiado liberales en cuanto a los negocios a pesar de nunca haber estudiado una carrera relacionada con ellos pero incluso tenía campañas exquisitas en cuanto a publicidad y diseño que solo la dejaban deseando un poco más de su sabiduría.

Había tomado como ejemplo a su madre porque desde siempre había sido alguien que sabía lo que quería hacer con su vida y cada cosa que pensaba era justamente lo que se le daba porque en eso va a ser a todas sus intenciones y también le había enseñado bastante de cómo hacía las cosas por lo que haría que estuviera orgullosa también.

Mientras Erin pensaba en ello todo lo que se le pudo ocurrir fue relacionado con algunas cosas qué quería mencionarle al chico, y que por alguna razón no lo había hecho desde que habían subido en el elevador.

—Sé que quizá parezca que no estoy valorando esto, pero créeme que me interesa mucho ¿Cuáles son tus planes ahora que estás en la ciudad?—.

—Lo primero que quiero hacer es encontrar un buen empleo... Lo segundo, encontrar a un inversor que esté dispuesto a seguir mis ideas—.

—No quieres casi nada— comentó él con cierta picardía.

—Bueno, siempre me enseñaron a soñar en grande ¿Qué puedo decir?—.

—Nada, por supuesto, eso es bastante válido, y te admiro mucho por tener siempre el coraje necesario para enfrentar cualquier situación—.

—Es lo que mejor sé hacer, pero cuéntame ¿Qué tal va tu vida?—.

—Por mi parte no tengo mucho qué acotar, sino que solo he estado un poco estancado en mi matrimonio—.

—Vale ¿Te casaste? Eso es sorpresivo— preguntó la rubia con genuina expresión de desencanto.

—Sí... También tengo una buena exportadora de vinos ¿No es eso genial? Nunca pensé llegar a tener tanto, pero heme aquí—.

—¡Pero es que tu vida parece haber sido arreglada por algún director de cine o un buen escritor!— soltó ella mientras que tocaba el hombro de su compañero —Dame la receta del éxito, no seas egoísta—.

—No soy para nada egoísta, pero en mi caso encontré a una inversora, de hecho es mi esposa—.

—Ahora todo tiene sentido, pero aún así es mucha casualidad—.

—No demasiada, de hecho todo eso fue arreglado— comentó desinteresado el hombre.

—Y sigue siendo más y más sorpresivo con cada segundo que te escucho hablar, suena a que no me aburriré si seguimos en contacto—.

—¿Te gustaría seguir en contacto?—.

—Por supuesto, me encantaría—.

Tras aquella conversación lo único que pudo saber el chico es que ella de verdad estaba dispuesta a hacer cualquier cosa mientras estuvieran en su grandiosa compañía.

No había demasiadas opciones en cuanto a lo que pudieran hacer después de eso pero decidieron volver a la fiesta y seguir conversando de algún qué otro tema, bueno pero sabían que dentro de ellos estaban formando algo mucho más grande y a lo cual muchas personas le tendrían temor.

Se suponía que la infidelidad siempre debía de ser satanizada algo que no estaba bien pero mientras que las circunstancias fueron como las que ellos estaban viviendo podría ocurrir algún tipo de excepción.

De todos modos el matrimonio sólo había sido arreglado de la manera legal, y ante los ojos de algún Dios que pudiera juzgarlos no estaban y tampoco es que la mujer tuviera alguna intención de casarse por la iglesia porque no le gustaba ningún tipo de religión.

Era una persona también bastante decidida pero con un carácter sencillamente imposible de lidiar solo sé si a lo que ella quería cuando ella quería y como ella quería y si no era de ese modo entonces nadie podía estar alrededor de ella que fuera algún empleado que despidieron ya fuera alguien a quien le terminaron o incluso si no le gustaba la comida voy a despedir a quién la preparada.

A qué dejaron las ventajas de tener dinero que no siempre eran buenas sino que se llevaban bastantes decepciones cuando no podían tener lo que querían en el momento en el que lo deseaban.

En más de una ocasión tuvo que cambiar tres veces de personal que labora en su casa porque de verdad no le agrada el trato que le daba, aunque era bastante bueno ya que no le gustaba que se metieran en su vida y aquellas personas eran demasiado para ella.

No le gustaba que le preguntarán absolutamente nada ni que se dijeran los planes que tenía en mente hacer así que solamente se enteraban los pocos que tenían que ver con aquello, por lo que los chismes no eran algo que pudieran venderse en aquella casa.

Esa construcción se la pasaba en un silencio sepulcral si no era porque ella quería poner algún tipo de música referente a la yoga para poder practicar las fuera de su casa, porque tampoco le gustaba ir a ningún centro en el cual pudieran exigir cosas que ya no quería hacer, porque si le gustaba la lloverá simplemente porque ella quería mandar sobre cada cosa que hacía incluyendo las posturas que ni siquiera estaban disponibles para su nivel.

Sylvia en serio era insufrible, y eso era todo lo que le comentaba este hombre a la nueva compañera que se había encontrado en la fiesta.

A pesar de que era una persona demasiado incomprensible, tampoco era que pudieran dejar de hacer las cosas que le gustaba solo porque quiénes eran sus empleados dependientemente de ellos y más allá de eso incluso su esposo dependía de ella, de manera que ni siquiera este podía abandonarla sin abandonar también sus sueños.

Solo tenía en mente que una vez que lograra todas sus metas planteadas lo que haría sería abandonarla por la manera más decente que tuviera a la mano.

Por supuesto que no tenía idea de cómo se tomaría ella eso pero teniendo en cuenta que en realidad ni siquiera le prestaba atención del todo podía pensar que ni siquiera quería estar a su lado, ya que jamás había tenido algún signo de cercanía con él ni porque fuera estrictamente necesario y cuando estaba enferma solamente quería que él no estuviera siquiera en su misma habitación y esas eran barreras que se había creado solo porque no quería que nadie viera lo que estaba dentro de ella aunque nadie supiera a ciencia cierta qué era lo que escondía.

No era que Jasper quisiera saber tampoco qué era lo que escondía, porque no le interesa en lo más mínimo lo que ocurriera con su vida, mientras que a ella tampoco le interesaba en absoluto lo que hiciera con sueño o con cualquier cosa que tuvieras, porque al estar juntos él mediatamente podía disponer de la mitad de los bienes y solamente era porque ella había querido que así fuera.

De todos modos alambrar no se podía quejar de absolutamente nada que tuviera ahora viviendo en aquella casa de diseñador que nunca pensó en su vida pisar siquiera y aunque no hubiera conocido a la mujer sino hasta el día mismo de su voz todo lo que habían hecho hasta ese momento era solo seguir con su vida, como si en realidad siempre se hubiesen conocido pero no era más que simples extraños.

Se suponía que ninguna persona que pudiera conocer lo pensaría en qué le gustaría tener siquiera su tipo de ropa que ella quería que usará por la fuerza, y que si no lo iba a hacer entonces podía renunciar a cualquier cosa que quisiera en cuanto a beneficios.

Por eso era que siempre tenía que lucir como si fuera un ridículo muñeco de los que decoraban los pasteles.

Tampoco era que su estilo fuera muy diferente, pero en cuanto colores y diseños estampados y todo tipo de cosas que tuvieran que ver con la ropa en general, era algo que la mujer le gustaba de una manera completamente distinta a la que él.

Allá le gustaban las cosas estridentes llenas de patrones extraños y sobretodo texturas que no le gustaban para nada pero era eso simplemente no tener nada de lo que quisiera en su vida así que quejarse no podía hacerlo mucho.

Las únicas oportunidades en las que se podía permitir así mismo ser feliz era cuando podía escoger la ropa y solo era porque los trajes eran tan simples de verdad tenían elegancia así que no había mucho que hacer en cuanto a un esmoquin y eso era lo que siempre estaba por usar en las ocasiones especiales para no tener que estar lidiando con diferentes tipos de atuendos que no les generan ningún impacto.

No le ha generado ningún tipo de sensación más que repelús en todo su esplendor así que mientras estuviera de gala estaba feliz cacique eligiendo estar entras de todos los días sólo por eso.

Quizás era la razón por la cual decían que era demasiado elegante para la vida, pero no le importaba realmente porque los demás no eran quiénes tenían que sufrir aquel infierno.

Ahora que se ve encontrado con esta chica podía sentirse incluso más libre que antes usando la ropa que usara porque sabía que no lo iba a juzgar.

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