Irresistible Amor

Los días pasaron también para Sofía y aunque ella no podía olvidar aquella sofocante noche de placer, nunca intentó volver a acercarse, solo por miedo y también respeto a quien era su jefe.

—Pronto llegará mi pedido, espero tener tan buenos clientes como la primera vez.

—Hija, no me dijiste que pasó con tu trabajo, te veías muy feliz y cómoda en tu puesto. Hasta llegué a pensar que era el trabajo de tu sueño.

—Recorte de personal madre —respondió junto a un gran suspiro. —Pero en un mes he podido hacer mi negocio y seguir adelante, ¡Estaremos bien! ¡Lo prometo!

—La cena está lista, ahora iré a mi trabajo. Necesito que te alimentes hija, haz un esfuerzo para no dejarla igual que anoche, no tenemos para votar y desperdiciar.

—¡Sí madre! Solo es un dolor de estómago un poco incómodo.

—¿Te sientes mal? Hace días noto tu rostro cansado y tienes ojeras.

—Debe ser debido al estrés que me ha provocado el despido repentino de mi trabajo, pero por lo demás estoy bien madre, puedes estar tranquila e ir a tu trabajo.

Su madre le dio un beso para marcharse a su trabajo y ella continuó en la casa organizando y haciendo las fotos de la nueva mercancía que acababa de recibir. Se quedó pensando que su espacio ya queda pequeño y debe ir pensando en un lugar para organizar la tienda y hacerla una tienda real.

¡Ring! ¡Ring! ¡Ring!

—¡Hello, buenas noches! —Escuchó esa voz y sus piernas se aflojaron, todo su cuerpo se estremeció. ¡Era él! Su amor imposible, su galán.

—¡Buenas noches!

—¿Puedo verte?

Ella quedó boba ante aquella propuesta, ¿era cierto? ¿Había pedido verla una segunda vez?

—No, no, no… Debo actuar diferente a la primera vez, quizás solo me extraña en el trabajo o me necesita para algo laboral —los pensamientos jugaban a enloquecerla.

—¡Hola! ¿Estás ahí?

—Sí.

—Espero una respuesta Sofía ¿Estás disponible para mí?

—Sí, ahora me arreglo para que puedas recogerme.

—¡Bien! Te recojo en una hora. —él no dijo nada más y terminó la llamada dejándola con un gran nudo de inseguridad y nervios atorados en la garganta. Tampoco le había dejado mucho tiempo, y él, sí sabía ser puntual.

Se arregló a toda prisa. Algo cómodo, pero elegante. Si alguien lo conocía bien, era Sofía, así que vistió un ajustado vestido al cuerpo y calzados cómodos, pero elegantes.

No sabía si se trataba de una cena de negocio, él siempre avisaba a destiempo, así que ya estaba acostumbrada a ese tiempo corto y adivinanzas locas.

—¿Y si no es una cena de negocios? —pensó mientras se ponía un poco de maquillaje, entonces colocó accesorios sensuales por si la llevaba a la cama, pues con John Philips nunca se sabe nada.

Solo un minuto de tardanza y se escuchó aquella bocina frente a su casa. Ella salió caminando y cuando logró reconocer el auto se aseguró que era él. El hombre que por años había robado sus suspiros.

—¡Buenas noches, Sr. Philips! —se acercó caminando, pero sin hacer contacto visual, ya que aún sentía vergüenza.

—¡Hola Sofía!

Solo dijo esa palabra y en cuanto entró al carro él empezó a conducir. Ella no se atrevía hacer preguntas, sabía que después de la estupidez que había cometido, él no le daría muchas opciones, así que decidió permanecer en silencio durante todo el camino.

Un rato después observó que el auto entró a su mansión, sabía dónde estaba porque para su cumpleaños número 40 estuvo ahí para la celebración. Se quedó impactada al llegar a ese lugar.

—¿No piensas bajar del auto? —él hace que salte del susto cuando le habla. Ella de inmediato reaccionó y tomó su mano, ya que la había tendido.

—Lo siento, estaba un poco distraída.

Su mirada era perversa, así que rápido le dio a entender lo que tenía planeado para esa noche.

—¡Bienvenida a mi casa!

Cuando entró, él caminó de prisa, muy pronto se perdió en el enorme pasillo y ella comenzó a ordenar sus pastillas y unos documentos que tenía sobre la mesa de la sala, luego tomó asiento admirando el buen gusto que siempre había tenido ese hombre.

—¿Piensas quedarte ahí? —se dirigió a ella una vez estuvo de vuelta.

—No me has dicho que necesitas de mí. —lo miró temblando completamente.

Él se acercó despacio, mirándola a los ojos mientras mordía sus labios, y después de una sonrisa atractiva respondió

—Te necesito a ti en mi cama desnuda y saltando sobre mí.

Sus ojos automáticamente se abrieron como faroles en la oscuridad, pero él no le dejó tiempo a responder, tomó sus labios en un beso feroz, fue un beso largo y placentero ¡Muy placentero! Sentir su respiración tan cerca la hacía vibrar, él tenía ese poder de hacerla temblar con solo, tocar su cuerpo y su aroma la hacía tocar el cielo.

Entre besos y caricias él quitó su vestido y con la lengua por todo su cuerpo la hizo estremecer. Fue tanto el placer que sentía en ese momento, que solo se dejó llevar de esa corriente desmedida que transitaba por su cuerpo, ella sentía la necesidad de estallar y llenó su rostro y toda la cama llegando a las estrellas.

Él en ese momento se volvió más salvaje y entró suavemente mientras la miraba a los ojos. No podía mantener la mirada por miedo a perderse en sus sentimientos, pero él sí lo hizo y en su mirada encontró una dulzura que no conocía.

Cada vez sus movimientos eran más rápidos. Verlo excitado despertó el deseo nuevamente, cada movimiento y roses quería que fueran para siempre.

—Me gustas. —susurró a su oído mientras aceleró los movimientos de su cadera.

—¿Sí? —solo salió de sus labios en automático, pero escuchar su voz entrecortada por la sensación de placer que sentía en sus movimientos, encendió su hombría.

—Sí, mi Sofía, te sientes apretada, ese espacio es tan adictivo.

A ese punto se había perdido la cordura, ella comenzó a tocarlo y seducirlo, él era alto e imponente y en ese momento se veía y se sentía tan vulnerable e indefenso. Ya su mirada se veía perdida, así que ella se sujetó a su cuello y lo apretó fuerte con sus piernas. En ese momento lo pudo mirar a los ojos tratando de no ocultar todo lo que sentía.

Sus ojos se conectaron y mientras la miraba, sentía desvanecer su cuerpo ante sus manos. Él se acercó a la pared y la besó aumentando el ritmo y llegando a un delicioso orgasmo.

Ella se acomodó sintiéndose agitada y cuando recordó donde estaba salió casi corriendo de la enorme cama y quedó sentada solo en la orilla esperando que él la despidiera para ir a casa.

—¿A dónde vas?

—Iré a casa, señor.

—No me digas, señor, soy Philips o John, como sueles llamarme ¿Tienes algo importante para hacer en casa?

—Solo dormir.

—¿De verdad te quieres ir a dormir?

—Yo... he... Debo descansar.

—¿Y no podrías hacerlo en esta cama? ¿Conmigo?

—Yo no lo quiero molestar.

—Quédate conmigo esta noche, no será una molestia, todo lo contrario.

—¿Dónde está el baño?

—En el fondo a la derecha.

Se colocó de pie y caminó admirando el buen gusto de ese hombre, para ser un hombre soltero todo estaba decorado a la vanguardia y se veía muy organizado.

Cuando encontró el baño entró en la ducha y con un jabón de hombre estaba lavando su piel y sintiendo el agua tibia, pero de pronto se sintió sometida contra la pared. Él estaba ahí dentro mordiendo el lóbulo de su oreja sensualmente mientras la embestía una segunda vez en aquella enorme ducha. Sus movimientos y el agua caliente que caía en sus cuerpos los envolvió en pasión y fuego ardiente y así pasaron la noche.

Esa noche parecía infinita, pero no podía negar sentir felicidad porque su mirada había cambiado y eso la hacía vivir.

—Está amaneciendo, es hora de partir —insistió Sofía.

—No quiero que te vayas Sofía. —él le respondió mientras dio pequeños toques a la cama, invitándola a que se acostara a su lado.

—¿Y si me quedo dormida muy profundo?

—No importa nada hermosa, esta noche serás mi invitada, así que te puedo escuchar, incluso roncar y te será permitido.

Él tenía claro que debía quedarse, así que ella solo apartó la toalla que la cubría y se acercó hasta él. Se sorprendió cuando la acomodó en sus brazos, pero debido al cansancio por la noche ardiente, pronto se quedó dormida en los brazos de su amor.

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