Infiel

Me acosté a dormir con la esperanza de que el sueño disolviera todos mis problemas, no se hasta qué hora lo hice, sólo sé que desperté ante el constante llamado del timbre de la puerta principal. Aun somnolienta abrí dándole paso a la única amiga que tenía, Rebeca Baker.

—¡Hola! —entró con una bolsa perdiéndose en la cocina, cerré la puerta y la seguí, estaba sacando comida de la bolsa, la reparé de arriba abajo analizándola. Estaba algo extraña

—¿De qué me perdí? —inquirí recostándome sobre el marco de la puerta, se volteó a mi y negó con la cabeza, alcé las cejas cuando reparé el anillo que hasta hace una semana no traía —Te...

—¡Si! —No me dejó terminar —¡George al fin me propuso matrimonio!

Sonreí acercándome a ella para abrazarla y dejarle saber lo feliz que me hacía, llevaba tantos años esperando que al fin le propusieran matrimonio.

—Al fin pondremos en marcha las planificaciones que venimos haciendo desde hace años —reí, mi amiga había hecho tantos planes de cómo sería su boda con su novio George, con quien tenían una relación desde que estaban en la preparatoria.

—Si, es genial. Pero temo que no utilizaremos ninguno de ellos, todo es tan viejo y no encaja con las nuevas tendencias.

—Bueno, si.

—Y tú cómo mi dama de honor tienes que ayudarme a preparar esto, ¡Dios! No tengo ni la más mínima idea de por dónde empezar.

—¿Aún no fijan fecha?

—Tenemos una idea, dentro de cinco meses es nuestro aniversario y queremos casarnos ese día.

—Pero eso es muy poco tiempo —la miré sorprendida

—No lo será, contrataremos al personal necesario para ello. Tu tranquila y sólo ayúdame a mantenerme serena.

Sonreí asintiendo.

—Esa será mi misión en este mundo.

Río e hizo un movimiento con la cabeza señalando lo que había traído, comimos mientras le contaba lo ocurrido ayer, su cara se volvió roja y comenzó a despotricar cuanta maldición se le cruzaba por la cabeza en contra de Alexis.

—Creo que Aidan vendrá en estos días —cambié de tema

—Oh, ¿sabes qué amerita eso? —ni siquiera me dejó responder —¡Día de compras y spa! Necesitas mucha lencería y una depilación, llevas tanto tiempo en abstinencia que ni me imagino como andarás con los bellos.

Reí mientras negaba con la cabeza, siempre mantenía mi cuerpo libre de bello, después de tantas semanas en abstinencia muchas veces no soportaba el desespero y...

—Iré a prepararme —contesté cuando terminé de comer la tarta de frambuesa que trajo de postre.

Pese a la desesperación no he podido estar con otro hombre que no sea Aidan, una vez estuve a punto de hacerlo y me arrepentí al último momento.

Volví con mi amiga luego de media hora y salimos por todo el día, compré lencería, exfolié mi cuerpo y me di un relajante masaje, también compré velas y un buen vino, cortesía de Rebecca.

—Hablaré con mi padre para que nos ayude con tu empleo —dijo deteniéndose frente a casa

—No es necesario... —me interrumpió poniendo la palma de su mano sobre mi boca

—¡Claro que lo es! Esa perra no bromeaba al decir que te cerraría todas las puertas y es por eso que es necesario recurrir a alguien que tenga más influencias que ella.

Lamí la palma de su mano haciéndola que la apartara de inmediato y pusiera cara de asco.

—¡Ahg! —sacudió su mano y la pasó por la tela de mi pantalón para limpiarla —que asco, quien sabe dónde ha estado esa lengua y tú tocándome con ella.

Reí ante su dramatismo, me despedí con un beso en la mejilla y tomando mis bolsas salí del auto un poco más aliviada, ya había pensado en decirle al señor Baker que me ayudara pues era consiente de que sin ayuda no encontraría ningún empleo con un salario que me diera a basto con los gastos.

Esa noche no pude comunicarme con Aidan, lo llamé dos veces pero no contestó y no quise seguir insistiendo, quizá estaba ocupado o descansando, quien sabe.

Desperté agitada ante la magnitud del sueño húmedo que acaba de tener, todo comenzaba a pasarme factura, mi cabeza dolía y mi cuerpo estaba tenso a pesar del masaje que recibí ayer.

Me preparé un café mientras recibía una llamada de mamá y escuchaba el mismo sermón de siempre, insistiendo en que fuera a casa y resolviéramos los problemas como las personas adultas que éramos. Por el mismo motivo evitaba contestar sus llamadas y me comunicaba sólo una vez al mes, dos cuanto mucho.

—Tu hermano se comprometerá el próximo mes y queremos que estés aquí. Te llegará una invitación al correo, no faltes.

No contesté y cambié de tema pregúntale por la salud de papá, no volvió a remover el tema y se lo agradecí en mis adentros. Divagué todo el día por la casa, hacía mucho que no tenía tiempo para mi, estaba tan dedicada a mi trabajo y me parecía totalmente injusto haberlo perdido solo por los caprichos de aquella mujer. Me indicó indignaba porque en ningún momento tuve acercamiento con mi jefe más allá de lo laboral, el señor Marshall era atractivo, si, pero nunca lo vi más allá de ser mi jefe. Aidan ronda en mi mente 24/7 lo que me hace incapaz de estar con alguien que no sea él.

Comprendería los celos de la mujer si en algún momento hubiese coqueteado con él, pero no, los argumentos con los que se hizo la historia fueron porque acompañaba al señor Marshall a otras ciudades inclusive fuera del país, lo llamaba a cada instante y ni eso fue suficiente para que su marido le fuera fiel, no conmigo, pero si con otras mujeres. Nunca dije nada porque esas eran cosas privadas de él y mi ética profesional que me regía me impedía hablar de ello.

Pasaron alrededor de cuatro días y Rebecca aún no me tenía buenas noticias, había enviado solicitudes a varias empresas pero aún no había resultado. Aidan avisó que llegaría hoy, por lo que me encontraba emocionada arreglando todo para su llegada, su comida favorita y mi amiga se encontraba ayudándome a ubicar todas las velas que decorarían la habitación, también los pétalos de rosas.

—¡Listo! —bajó sentándose en un taburete de la barra —¿a qué hora te dijo que llegaría?

Miré el reloj de mi muñeca.

—En dos horas

—¿Qué estas esperando para ir a arreglarte? —tomó un panecillo dándole un mordisco —deja respiro un poco y comenzaré a encender cada maldita vela que se te ocurrió poner.

Sonreí quitándome el delantal y lanzarle un beso.

—Eres la mejor

—Lo sé —me guiñó un ojo dándole otra mordida al panecillo.

Subí las escaleras desvistiéndome en mi habitación para entrar a la ducha justo cuando mi móvil vibró con una llamada de él, ensanché mi sonrisa contestándole con entusiasmo.

—Cariño, al fin contestas, llevo horas marcándote

—Lo siento, no lo escuché —mordí mi labio inferior sintiéndome nerviosa y con mi corazón agitado.

—En fin, no importa. Sólo quería avisarte que no podré llegar, surgió un evento de último momento en el que debo estar. Lo lamento, bebé, tenía tantas ganas de verte como tú a mi 

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