La plaza del pueblo estaba tan ruidosa como un mercado hace un segundo, pero ahora estaba tan silenciosa que se podía oír caer un alfiler.
Todos los curiosos estaban demasiado asombrados para hablar. No podían creer que el hombre mal vestido que tenían delante fuera en realidad rico.
"¿Están actuando una película?". Alguien rompió el silencio.
Lo que estaba pasando parecía una escena de película, pero enseguida descartó esa idea.
Cada uno de los autos del convoy valía unos diez millones de dólares.
Además, se habían pasado los semáforos en rojo durante todo el trayecto hasta aquí. Eso era una infracción. La gente corriente no se atrevía a hacerlo por miedo a ser detenida por la policía.
Era bastante obvio que a estas personas les importaba un comino las señales de tráfico o el castigo por ignorarlas.
Todo esto apuntaba a una cosa: este joven debía de ser muy importante y rico. El curioso ató cabos.
Las personas que se burlaron de Horacio hace un momento dieron un paso atrás con la cabeza gacha. Temían que los castigara.
Sin que ellos lo supieran, sus chismes no estaban en la lista de cosas que le preocupaban a Horacio. Además, tenía el cuero duro.
Ahora, estaba un poco preocupado y tímido.
Pensó que Raúl vendría de forma discreta, no esperaba que trajera este gran convoy.
El gran homenaje lo inquietó mucho, pues estaba acostumbrado a llevar una vida normal.
Raúl no tardó en darse cuenta de su inquietud. "Señor Warren, por favor, subamos al auto y hablemos", sugirió en voz baja.
"De acuerdo", aceptó Horacio de buena gana. Subió a uno de los Rolls-Royce con él.
En cuanto se cerró la puerta, quedaron aislados del mundo exterior, y Horacio se sintió aliviado.
"¡Dios mío! ¿Cómo se las arreglan los famosos y los ricos? Es tan agotador ser el centro de atención. Es la primera vez que experimento algo así, pero ya sé que no es para mí. ¡No, no!", pensó para sus adentros.
"Señor Warren, tuvimos que venir corriendo para que no tuviera que esperar demasiado. Les pedí a los demás directores que fueran al Pabellón del Mar", explicó Raúl.
La Familia Warren tenía muchas propiedades repartidas por la ciudad, y algunos de los directores estaban lejos de la plaza, por lo que les dijo que fueran al Pabellón del Mar y los esperaran allí a él y a Horacio.
El muchacho asintió con la cabeza, con un enredo de pensamientos en la cabeza. Toda esta información era demasiado para que su cerebro la procesara de una vez. Solo era un joven que acababa de graduarse de la escuela secundaria hoy. Le llevaría un tiempo asimilarlo todo.
Mientras intentaba ordenar la información, se le ocurrió algo: aún no le había preguntado a su madre enferma sobre todo el asunto.
Enseguida la llamó.
Hablando a mil por hora, le narró lo que le había ocurrido hoy. Después, preguntó:"Mamá, ¿es verdad lo que dice ese hombre? ¿Es cierto que soy heredero de una familia tan poderosa?".
Al principio no hubo respuesta al otro lado de la línea. Tras suspirar hondo, Caylee Potter respondió:"Sí, todo es cierto. Tu madre biológica es Shari Larson y tu padre es Randall Warren. Yo no soy tu verdadera madre. Solo era una criada de la señorita Larson. Siento haberte ocultado esto. Entenderé si me odias por ello".
La madre biológica de Horacio fue quien le puso el nombre."
No, mamá. Por favor, no hables así. Nunca podré odiarte. ¡Eres mi madre siempre y para siempre!".
"Horacio...". Caylee se ahogó en sollozos.
"Mamá, no tienes que decir nada. Nada podrá cambiar nunca mi amor por ti. Soy tu hijo y siempre lo seré"."
Está bien, hijo mío. Eres tan comprensivo… ¡Aunque muriera ahora, no me arrepentiría!", dijo Caylee entre lágrimas.
"¡Mamá, deja de decir tonterías! Vivirás hasta una buena vejez. Asistirás a mi boda y jugarás con mis hijos. No vuelvas a hablar de la muerte. Solo descansa bien. ¡Te quiero!".
Horacio terminó la llamada en buenos términos. Luego volvió a meter el celular en el bolsillo y respiró hondo. Miró el paisaje exterior en silencio.
Raúl leyó su semblante y supo que no estaba de humor para hablar, así que guardó silencio.
El auto siguió avanzando con paso firme por la carretera.
Poco después, llegaron al Pabellón del Mar. El edificio era el más magnífico de la zona.
Las farolas y la brillante luz del Pabellón del Mar iluminaban todo el entorno.
Aquí en Rinas estaba a punto de reunirse con los demás directores de su familia.
El trayecto duró unos treinta minutos.
Durante el viaje, Raúl reveló que el Pabellón del Mar era una de las propiedades de la Familia Warren. Y ahora, era de Horacio.
Esto le hizo darse cuenta de que su familia era más rica de lo que había imaginado. Le quedó claro por qué su familia era uno de los principales actores que controlaban la economía mundial: tenían activos rentables aquí y allá.
La magnificencia del lugar dejó sin aliento a Horacio. Estaba ansioso por ver cómo sería el interior. Pero en cuanto salió del auto, oyó una voz disgustada desde atrás. "Horacio, deja de ser una molestia. No saldría contigo ni aunque fueras el último hombre de la Tierra. Ya te dejé claro antes que te quedo muy grande. ¿Por qué me sigues?".
Horacio se volvió rápidamente para mirar la fuente de la voz. Para su sorpresa, era su supuesta exnovia, Amaia.
Antes de que pudiera decir nada, Amaia continuó:"Oye, ¿intentas verme la cara? Sé que eres de una familia muy pobre. ¿De verdad crees que puedes engañarme alquilando un auto? ¡Perdedor patético, deja de fastidiarme la vida! Si no paras, solo conseguirás que te odie más. Créeme, ¡te arrepentirás de haber nacido si me haces estallar!"."
Señor Warren". La cara de Raúl se encendió de rabia cuando oyó cómo Amaia hablaba groseramente a Horacio. No pudo evitar llamarle la atención en voz baja.
Aunque tenía muchas ganas de darle una lección a Amaia en ese mismo momento, sería una falta de respeto actuar por impulso, así que decidió pedir permiso primero.
Al percibir la ira de Raúl, Horacio soltó una risita. "Gracias por tu preocupación, tío Raúl. No te preocupes. Si un perro te ladra, ¿tienes que ladrarle tú también? ¡Vamos!".
Horacio estaba a punto de darse la vuelta cuando oyó la voz de Amaia acompañada de una palmada.
"¡Bravo! Eres un excelente actor, Horacio. No solo alquilaste un auto, sino que también contrataste a un chofer, que es igualmente un gran actor. Ambos merecen los Óscar. ¡Estoy impresionada!".
Amaia se llevó la mano al pecho y fingió estar conmovida. Pero al segundo siguiente, una expresión desdeñosa apareció en su rostro, y rugió:" ¡Eres tan patético! Sé que nada de esto te pertenece. Estás viviendo una vida falsa. ¡Pero mi Addy sí los tiene!".
Cuando Amaia terminó de hablar, abrazó a Addy y lo acarició con intimidad.
A los ojos de Horacio, ella era irreconocible. No era la chica a la que una vez amó con todo su corazón. Suspiró y pronunció:" Amaia, crees que me estás haciendo daño, pero lamento decirte que te estás rebajando".
"¿Eh? ¿Que me estoy rebajando? Mi mayor arrepentimiento es haberme rebajado tanto a tu nivel al complacerte cuando estábamos en el instituto. Ahora que estoy con un hombre que puede satisfacer mis necesidades, estoy más que feliz. ¡Debes de ser estúpido para pensar que salir con un chico guapo y rico es rebajarse!".
Amaia lo miró con desprecio. Y continuó sin pudor:" Horacio, ¿sabes qué? ¡Si tuvieras plata, me habría sometido a ti! ¿La tienes? Por desgracia, no. Eres tan pobre que incluso vendiste tu casa. Dime, ¿qué tienes a tu nombre ahora? ¡Nada! ¡Solo pobreza extrema! ¡Qué asco! ¡Mantén tu pobreza lejos de mí!".
"¡Señor Warren!", llamó Raúl de nuevo su atención. No podía tolerar más los insultos de Amaia y la risa desdeñosa de Addy. Solo se contenía por Horacio. De lo contrario, los habría acabado, ya que estaban buscando la muerte.
No podía dejar que nadie que insultara al heredero de la Familia Warren saliera impune.
Horacio levantó de repente la mano para impedir que Raúl actuara por impulso. Se hurgó en la oreja con el dedo meñique y comentó:"Amaia, eres una completa engreída. Deja de exagerar tu importancia. No monté un acto solo para conquistarte. Te amaba, ¡pero ese barco ya zarpó!".
"¡Ja, ja! ¿Intentas salvar la cara porque tu plan fracasó?". Amaia soltó una carcajada burlona. Luego puso cara de perrito y añadió:"Oh, Horacio, has cambiado. ¿De repente olvidaste que dijiste que harías todo por mí? ¿No adorabas el suelo que pisaba durante el instituto? ¿Por qué me dices cosas tan crueles ahora? Mírame, ¿de verdad no me quieres?".
Su mirada de perrito era perfecta. Era como si estuviera realmente herida. Si Horacio no la conociera bien, habría caído en su excelente actuación.
"¡Ja, ja!". Addy soltó de repente una carcajada. Abrazó a Amaia y la besó con fuerza. "¡Cariño, hiciste un buen trabajo!", dijo con una sonrisa orgullosa.
"Amaia, ¿no crees que ahora estás siendo demasiado barata? ¿No tienes amor propio? Honestamente, me das pena. Un león te adoraba, pero tú elegiste salir con un perro. ¡Qué vergüenza!", dijo Horacio, y luego chasqueó la lengua y suspiró.
La miró a ella y luego a Addy. "¿Crees que puede hacerte feliz solo porque es rico?".
"¡Que te den, Horacio! ¿Quién demonios te crees que eres? ¿Cómo te atreves a juzgarme? ¿Acabas de llamarte león? ¡Pues yo te digo que eres un perro sarnoso! ¡Ptui!". Addy le escupió con asco." Addy, ¿alguna vez has experimentado la desesperación?". Una sonrisa siniestra se dibujó en el rostro de Horacio." Si no hubieras venido a provocarme esta noche, o hubieras intentado impedir que ella me insultara, habrías seguido disfrutando de tu vida. Pero ahora, he decidido hacerte experimentar el infierno en la tierra. Te gusta pisotear a la gente, ¿verdad? Crees que puedes ser un sinvergüenza porque tu familia es rica, ¿no? ¡Es hora de que aprendas modales sencillos por las malas!".
"¡Tío Raúl!". Horacio ya no se mostraba reacio a aceptar su nueva identidad. Sentía que no era mala idea tener su propio poder para poder poner a este tipo de gente en su sitio.
"¡Sí, señor Warren!". La paciencia de Raúl ya se estaba agotando antes de que Horacio lo llamara, así que estaba cargado de energía y listo para hacer lo que se le ordenara.
"¡Quiero que lo pierda todo!", ordenó Horacio, señalando a Addy.
"¿Que lo pierda todo? Señor Warren, es usted demasiado blando. El castigo es demasiado leve. ¿Qué tal si simplemente lo mato?", sugirió Raúl, pasándose el pulgar por el cuello.





