"¿Buena? ¿La llamas buena?".
Ashley soltó una risa corta y seca, llena de incredulidad.
Se adelantó sin dudar y le arrancó la manta a Caroline de un solo tirón.
Debajo no solo había un estuche de maquillaje completo, sino también una caja abierta de pasteles de la que ya se había comido la mitad.
"Nicolás, mira bien por una vez".
Ella señaló directamente los pasteles mientras alzaba la voz. "¿Esta es la persona que decías que estaba al borde de la muerte? ¿La misma por la que estabas dispuesto a quitarme un riñón? ¿Su vida lo vale todo, pero la mía ni siquiera importa? ¿Puedes simplemente desechar la mía cuando te convenga?".
La mirada del hombre se posó en los pasteles y su expresión cambió una y otra vez, mientras la vergüenza y la irritación se reflejaban en su rostro.
Sintiendo que perdía el control de la situación, Caroline lo agarró de la manga y se echó a llorar. "Nicolás, yo no sabía... De verdad no entendía por qué el doctor lo hizo sonar tan grave. Quizás los resultados de los análisis estaban mal. O tal vez alguien le pagó al doctor para tenderme una trampa, solo para hacerte creer que estaba mintiendo...".
Cualquiera con un poco de sentido común podría notar lo forzada que era su actuación.
Aun así, Nicolás solo dudó un instante antes de decidir creerle.
Él miró a Ashley con el ceño fruncido. "Si solo fue un malentendido, entonces la cirugía no se hará. Dejémoslo así".
"¿Dejarlo así?". Ashley soltó una risa incrédula. "Nicolás, si no hubiera escapado a tiempo, ya me habrían quitado el riñón. ¿Y crees que eso es algo que simplemente podemos olvidar?".
"Pero en realidad no te pasó nada, ¿verdad? Solo fue un malentendido. ¿Por qué sigues haciendo tanto escándalo por esto?".
Su expresión se endureció aún más y la irritación en sus ojos se hizo más evidente.
"Estás alargando esto porque quieres una compensación, ¿no? Bien. Pondré la villa de las afueras a tu nombre y te daré cincuenta millones además. Con eso debería bastar".
Ashley dejó escapar una risa débil y fría. "¿Crees que con eso se arregla todo?".
En el momento en que dijo eso, Nicolás sintió una oleada de fastidio. Para él, estaba claro que ella pedía más.
"Entonces dilo. ¿Qué es lo que quieres en realidad?".
Ella respondió sin titubeos: "Lo que quiero es simple. Quiero el divorcio. Ahora mismo".
"¿El divorcio?".
Nicolás la miró fijamente como si hubiera dicho algo absurdo.
Durante sus tres años de matrimonio, todos a su alrededor sabían una cosa. Ashley siempre había estado profundamente apegada a él.
Por eso, él creía que la hostilidad de ella hacia Caroline provenía de los celos que sintió tras su regreso.
Entonces, ¿cómo podía querer dejarlo de repente?
Un pensamiento cruzó su mente y su mirada se tornó burlona.
"Ashley, qué manera tan patética de llamar mi atención, ¿eh? ¿No estás cansada de esto? Desde que Caroline regresó, no has hecho más que causar problemas. ¿Y ahora también sacas el tema del divorcio? Es ridículo. Te daré una última oportunidad. Retira lo que dijiste y haré como si nada hubiera pasado".
Ashley lo miró, vio la confianza en sus ojos de que ella nunca se marcharía y sintió una oleada de asco.
"Nicolás, ¿de verdad no entiendes lo que estoy diciendo?".
Ella enderezó la espalda y lo miró directamente a los ojos.
Pronunció cada palabra con total claridad: "Quiero el divorcio".
Su respuesta solo hizo que la expresión de él se ensombreciera. "¿Y cuál es tu razón para esto?".
"¿Razón?". El tono de Ashley se volvió aún más gélido. "Porque te niegas a ver la verdad. Porque prefieres sacrificar a tu propia esposa solo para proteger a una mujer que no tiene vergüenza. Un hombre como tú no tiene derecho a ser mi esposo. No te soporto".





