Ex esposo paralítico

Briana.

No puedo creerlo. Me acerco a él, sin poder comprender sus palabras. Sostengo su barbilla y veo que, efectivamente, sus ojos no me están viendo.

"¿De qué me estás hablando?", le pregunto confundida, sin querer aceptar sus palabras.

"No… puedo verte", repite.

En ese instante, mi corazón se encoge.

"Amor, no puede ser cierto", murmuro mientras comienzo a llorar.

"No puedo ver", comenta, y enseguida escucho a alguien decir "ambulancia".

Supongo que es para él, pero todo a mi alrededor se desvanece y solo quiero concentrarme en una cosa: Eduardo.

Era algo que no podía creer en ese instante. Pensé que era solo una fantasía de mi mente, pero no, era auténtico. ¿Cómo no escuchaba mis palabras, Eduardo?

"Tienes que escucharme", murmuro en voz baja, pero él no responde.

Simplemente siento que se ha desvanecido en la silla de ruedas. Se ha convertido en algo catastrófico. Pronto la ambulancia llega y lo llevan entre dos personas. En ese momento, no puedo ver otra cosa más que el dolor de ver a Eduardo sufrir.

Pronto llegamos y lo llevan en una camilla. Está inconsciente, lo observo con preocupación, sin poder imaginar qué destino nos espera.

"¿Amor?", pregunto en voz alta, pero él sigue inconsciente.

Nos derivaron a una habitación donde lo examinan.

"¿Qué ha ocurrido?", me pregunta el doctor.

"Nos estábamos por casar y él dijo que no podía verme", comento entre lágrimas.

"Tiene que calmarse, es parte de su enfermedad", responde el doctor, intentando tranquilizarme.

Pero me siento muy triste por él. Sé que está sufriendo y no puedo hacer nada para ayudar.

"Tranquila, lo revisaremos y te estaremos informando cualquier noticia", dice el médico.

Me pongo de pie y espero en el pasillo. Alguien que caminaba frente a mí se detiene y levanta la vista. Era Agustín.

"¿Agustín?", pregunto confundida.

"Briana", responde asombrado. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos.

"¿Cómo has estado?", me pregunta Agustín.

"He estado bien", respondo.

"Bueno, estabas bien", agrego con voz seca.

"¿Y qué ocurrió? Oh estás vestida de novia", comenta Agustín.

"Pensé que dirías eso antes de preguntarme cómo estaba", murmuro con voz seca.

"¿Y qué ocurrió?", insiste.

"Él dijo que no podía verme", respondo.

"Lo lamento mucho", comenta Agustín.

"Y no sé qué me dirán , pero no creo que sea algo bueno", murmuro, llena de miedo.

"Tienes que confiar, quizás solo sea algo temporal y no sea nada grave", dice Agustín, intentando consolarme."Así que tranquila, sabes que aún puedes contar conmigo", murmura.

"Estoy comprometida con él", respondo.

"No hablo de eso, sino que puedes contar conmigo como un amigo, y lo sabes", aclara Agustín.

"Gracias", digo.

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