En la familia de Mateo, ser una de sus "compañías" es como ser una concubina en la antigüedad, y yo, Sofía, era una de las doce.
Doña Carmen, la abuela de Mateo, la matriarca de la familia, nos reunió a todas.
"Quien quede embarazada primero se casará con Mateo y se convertirá en la señora de la finca."
Sus palabras resonaron en la sala, encendiendo la codicia en los ojos de las otras once mujeres.
Pero para mí, fue como escuchar mi propia sentencia de muerte.
En mi vida anterior, fui la primera en quedar embarazada. Pero no recibí la gloria que Doña Carmen prometió, sino un infierno sin fin.
Isabella, la exnovia de Mateo, su "amor verdadero", fingió un suicidio por mi embarazo. Mateo, cegado por el dolor, me torturó hasta que perdí a mi hijo.
Después de dar a luz a un niño muerto, me encerró en el sótano, donde morí lentamente, mientras él destruía todo lo que mi familia me había dejado: las partituras de flamenco de mi abuela y su guitarra más preciada.
Esta vez, no cometeré el mismo error.
En el chequeo médico mensual de la familia, fui la última en entrar. Aproveché un momento de distracción de la enfermera y cambié mi muestra de orina, que ya sabía que era positiva, por la de Isabella.
Quiero que ella tenga el "honor" de ser la primera.
Quiero que ella experimente la alegría de estar en la cima, solo para caer en el abismo más profundo.
Quiero que Mateo vea con sus propios ojos cómo su amada Isabella lo engaña.
Y yo, finalmente, podré escapar de esta jaula dorada.





